Burnin’ Percebes, Nando Martínez y Juan González nos traen una de las películas más independientes y alocadas del año. El fantástico caso del Golem es una mezcla entre un anuncio minimalista y un intento de Wes Anderson.
Hay veces que no se llega

El fantástico caso del Golem tiene una premisa bien sencilla. Un chaval ve como su mejor amigo se cae de la azotea de un edificio y se rompe en mil pedazos. Así descubre que su amigo era un golem. Luego, la historia intenta evolucionar en algo que no llega a nada. Una mezcla entre el cine de Wes Anderson y un anuncio de tampones. Porque sí, porque mola el uso de un plató, que se sienta que estamos en un escenario en una película que roza el surrealismo y la ciencia ficción, pero solo se queda en eso. Simple, sin vida, con un humor que en lugar de ser gracioso dificulta el avance de la historia. El tono hipster, en su intento de parecerse al ya mencionado director americano, es una prueba de que hacerlo diferente no significa que sea especial, ni único. Una película es única y especial cuando el director orquesta con lo que tiene a su alrededor para que nos metamos en la historia de un desconocido y nos clave un significado. No te lo da un etalonaje especial, ni unas panorámicas maravillosas, no. Es el mensaje conjugado de todo lo que compone una película, lo que importa.
Un mundo demasiado imaginado

Otro de los problemas que no deja entrar al espectador en la película es el hecho de que nos encontremos sumergidos en un mundo completamente nuevo, sin la información necesaria para que comprendamos algunos aspectos que sí son necesarios para entender. Para que me entendáis, en la trama principal nos encontramos con un elemento importante dentro de un plano burocrático que no se explica demasiado bien. Lo que implica que el elemento importante -una posición profesional-, no llega a aclararse ni sabes por donde van los tiros. Esto hizo que me desconectara, que sintiera que me había perdido algo de la película. Y cuando esto ocurre, tu mente se desconecta.
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La mera crítica del hombre positivo

No me gusta desprestigiar el trabajo realizado por Juan González y compañía. Porque yo también dirijo, y seguramente no estén muy de acuerdo con esta crítica. Porque sé lo que hay detrás, pero creo que tal vez se puedan cambiar algunas cosas como esas. O tal vez me equivoque; sin embargo creo que no está mal que alguien os dé una opinión sincera. Y aunque parezca contradictorio lo que estoy a punto de decir, os tengo que confesar que el rollo de Wes Anderson me ha gustado mucho. Porque amo Wes Anderson. Pero Wes Anderson es único, no hay otro. Como los tres directores, esa creo que es la clave de crear una buena historia, fundir vuestras formas de ser y de ver el mundo en unos personajes que van a tener un problema y lo tendrán que solucionar. El resto es humo. Solo humo. Me parece que a muchas personas le van a encantar, pero a lo que respecta a mí, no me ha metido de lleno en la película. Antes de terminar creo que el uso de platós y cromas -entre otras cosas- para que se notase que es todo ficticio es simplemente maravilloso. Es decirle al público que estás jugando a un juego, si entras sabes que todo es falso, pero te lo vas a pasar bien. Por eso, cuando entras ves que es irreal, y por eso te encanta.
