Las biografías sobre pintores son un género en sí mismas. Generalmente tratan de reproducir la estética de sus cuadros con lenguaje cinematográfico. Los últimos ejemplos que puede que te vengan a la mesa son La joven de la Perla (Vermeer de Veelt), Mr. Turner (J. M. W. Turner), Goya en Burdeos (Francisco de Goya) o Frida (Frida Khalo), pero se lleva haciendo desde los comienzos del cine.

En estas películas, el protagonista no es tanto el pintor como el director de arte y, por encima de todo, el de fotografía. Pintar por medio de la luz igual que los artistas lo hacían sobre el lienzo es una perita en dulce para cualquier dire de foto. ¿Y el director? Pues yo tengo la teoría de que cuando a un director le interesa la obra de un pintor no es por admiración, sino porque se considera un igual a él. Nunca lo van a reconocer, pero hay más vanidad que “fandom” en estas películas.

Si algún pintor está pidiendo a gritos que lleven su pintura en imágenes, ese es Van Gogh. Pocas estéticas artísticas son más reconocibles que la suya y pocos pintores han llevado una vida más interesante que él. Minelli, Altman y Kurosawa lo hicieron en su día, y ahora le toca el turno a Julian Schnabel. ¿Cuál es la diferencia entre los tres? Que Schnabel es pintor, y eso lo cambia todo.

Ha visto en vida cómo su obra está expuesta en los dos Guggenhein, el Metropolitan, el Reina Sofía, el MOMA y el Pompidou. Sus escasas incursiones en el cine las ha resuelto con idéntico éxito. Ha sido uno de los escasos directores nominados al Oscar como director por una película en lengua no inglesa. Sólo tres directores han logrado el Globo de Oro sin rodar en la lengua de Shakespeare: Cuarón, Ang Lee y él. La proeza no es poca, puesto que lo logró el año de los Cohen y su No es país para viejos.

Dejando bien claro entonces que su breve recorrido como cineasta ha sido más que reconocido, ¿Por qué decimos que se enfrenta a Van Gogh, a las puertas de la eternidad como pintor y no como director? Para empezar, porque a Schnabel le interesa más el proceso de pintar el cuadro que la obra terminada. En la plástica contemporánea, ya sea conceptual, postmoderno o con cualquier otra etiqueta rimbombante, el proceso artístico reside más en el proceso que en la obra final. Esto hubiera sido algo inconcebible para un pintor decimonónico como Van Gogh pero, ay amigos… he aquí el quid de la cuestión. Julian Schabel no ha rodado una película sobre el genio holandés. La ha rodado sobre sí mismo.

Van Gogh, a las puertas de la eternidad es una reflexión/justificación/”estoy encantado de haberme conocido” del arte de Julian Schnabel. Su película es un continuo alegato contra el arte tradicional en pro de la modernidad artística (sea lo que sea eso de la modernidad, término que cada uno interpreta según le conviene).

Señor Schabel, una cosilla le quería comentar que sé que me está leyendo. Le compro toda la poética de su lenguaje narrativo, por más que en ocasiones parezca un Celebrity de Muchachada Nui. Vale, eso perfecto. Pero, si me mantienes un lenguaje lírico, abstracto… la metáfora de Van Gogh y Gaugin meando en la naturaleza insultando a los pintores que representan la realidad… sutil y poética no es que te haya quedado precisamente. Que sí, Julian, que sé lo que me vas a decir, que cuando a mí me nominen al Oscar que te de lecciones de dirección. Tienes razón, pero me tienes que reconocer que ahí te pasaste de frenada.

Crítica de Van Gogh de los Campos de Trigo bajo Cielos Nublados(2018): Amor al arte

El uso de la cámara subjetiva para darnos lecciones de vida y de arte (¿Acaso no son lo mismo?) para meternos en la cabeza de Vincent es otro de los recursos con los que Schnabel nos dice que es él quien está en su cabeza. No es el pintor post-impresionista holandés quien piensa y responde. Lo hace el pintor contemporáneo neoyorkino. Incluso el uso de la enfermedad mental está tratada a su manera. No es el artista el loco, sino el resto de la humanidad, quien no es capaz de ver la realidad como la ven los genios. Interesante visión (y bastante pegado de sí mismo, todo hay que decirlo)

Aún no he tratado el trabajo de Willem Dafoe, porque quería terminar con él. Su trabajo es portentoso. En una propuesta tan intelectual como la de Schnabel, aporta una sensibilidad, una ternura, una humanidad a su personaje que es el contrapunto necesario ante el frío tratamiento del lenguaje de la película. Si me preguntáis, en esta edición de los Oscars, es el intérprete que más me ha atrapado. Mi papeleta hubiera sido para él sin dudarlo. (Que sí, Julian, que ya lo sé. Que el académico lo eres tú y yo no lo voy a ser nunca. Pero te estoy diciendo que yo habría votado por Dafoe por encima de Malek, Bale o Cooper)

¿Es Van Gogh, a las puertas de la eternidad una película sobre Van Gogh? No. Es un tratado acerca del arte contemporáneo. Puede frustrarte si esperas ver su vida y obra, eso te lo advierto. Pero sabiendo que no vas a ver la biografía del pintor sino una película intelectual, una reflexión sobre pintura encarnada que utiliza a Van Gogh como instrumento y no como finalidad, es una película que puedes disfrutar enormemente.

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Reseña Panorama
Van Gogh, a las puertas de la eternidad
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Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com