the mauritanian

Con un globo de oro inesperado para Jodie Foster y cinco nominaciones aún menos esperadas a los Bafta (incluyendo mejor película), llega a la cartelera The Mauritanian. Sobra decir que es la sorpresa de la temporada de premios. Veamos si es para tanto.

Kevin Macdonald lleva a la pantalla el best seller autobiográfico del preso de Guantánamo Mohamedou Ould Slahi: The Mauritanian, centrándose en el proceso judicial en el que se vio envuelto. Si hay algo asépticamente frío en este mundo, eso son las leyes. Aquí no hay lugar para el sentimentalismo sino para la aplicación prácticamente matemática de una serie de normas establecidas. Por eso de lo más llamativo de la propuesta del británico es su apuesta por lo sentimental y, no me malinterpretéis, cierto maniqueísmo.

Por supuestísimo que lo que ha ocurrido, ocurre y seguirá pasando en la cárcel de Guantánamo es una auténtica barbaridad en todos los sentidos, pero por momentos Macdonald es “tramposillo” y, por otras, pelín Mr. Wonderfull (que también tiene su mérito ir de flower power hablando de Guantánamo, las cosas como son). La elección de Tahar Rahim como preso acusado de pertenecer a Al-Qaeda no puede estar más pensada. Lo digo independientemente del papelón que realiza (está impresionante) y su cierto parecido con el personaje real (al que no pierden la oportunidad de mostrar al final)

Lo que pasa es que Rahim es tan guapo, simpático y carismático que es imposible que el espectador no empatice con él. Y mira que te dejan claro que no se trata de si es inocente o no, sino de si el sistema le está aplicando un proceso justo. ¡Como va a ser culpable si hasta le cae bien a los militares que lo custodian y torturan! (y he aquí donde te dije que el director se pone tramposo). ¿Y esa fría, gélida, casi estúpida de lo siesa que es el personaje de Foster… llorando por su defendido…? Si eso no es maniqueísmo… que baje Maniqueo y lo me explique.

A ver, la película merece mucho la pena, no quiero que parezca lo contrario. Sólo digo que, comparada con la otra película de jucios de la temporada, El juicio de los siete de Chicago, a The mauritanian le le ve mucho más las costuras.

Por otra parte, parece que Estados Unidos ya ha pasado el tiempo suficiente de duelo y análisis tras el 11-S para hacer una película así. Hace casi una década, una producción como La noche más oscura trató las heridas del mayor atentado terrorista de la historia de una manera más… no sé si la palabra autocomplaciente se podría aplicar sin caer en la frivolidad. Pero, desde luego, poca autrocrítica había en la actuación norteamericana en la visión de Kathleen Bigelow. En su película, Estados Unidos hizo lo que tenía que hacer. No entra en considerar las consecuencias éticas de la invasión de Irak ni, muchísimo menos, del trato a los presuntos terroristas. Ya han pasado dos décadas y el tiempo ha permitido que Estados Unidos vuelva a mirar los hechos y recapacitar sobre cómo respondió al ataque.

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No es ni mucho menos equiparable, pero no parece que en España se pudiera hacer una película así sin caer en el partidismo o sesgo ideológico. Lo más parecido que recuerdo, GAL, de Melchor Miralles, no es ni por asomo un mea culpa como nación por el terrorismo de estado, sino un arma contra el partido político que lo creó (y, de paso, un homenaje a si mismo, puesto que Miralles fue uno de los periodistas que destapó la trama). En absoluto le interesó hacer un relato de si el estado puede ponerse a la altura de los terroristas para combatir contra ellos. No nos ponía un espejo para reflejarnos el él y tolerar ser, como mínimo, igual de criminal que los terroristas. Gal era… otra cosa.

Por último, y ya que hemos sacado el tema Gal… me voy a salir un poco de lo que es la crítica exclusivamente cinematográfica, pues me gustaría que con este estreno aprovecháramos para reflexionar. Parece que Guantánamo nos pilla muy lejos y que no nos afecta nada de lo que allí pase, que nosotros estamos muy por encima de lo salvaje que son los americanos. Bien, pues no olvidemos que tres españoles fueron presos en Guantánamo sin estar acusados de absolutamente nada. Y es es, exactamente, lo que hizo España por ellos: Nada. Y no me sirve lo malo malísimo que eran los gobiernos cuando lo de la guerra del Golfo a un lado y otro del Atlántico, porque cuando cambió de bando aquí y allí se firmó un acuerdo entre ambos presidentes para lavarse las manos.

El problema es que los seres humanos nos dejamos llevar por las pasiones y reclamamos dos ojos por uno. Quizá si yo hubiera perdido a alguien por terrorismo perdería los estribos y sólo querría venganza. Es muy fácil hablar desde fuera, lo sé, pero precisamente por eso se ha creado un estado de derecho y un sistema legislativo que ampara a todo el mundo. No depende de a quién y de cuál sea la acusación del delito: A todos por igual. Pongo la mano en el fuego con que a los presos de Guantánamo no se les ha hecho ni uno por ciento del dolor que ha provocado Al-Qaeda, pero el terrorismo es abominable en todos los casos y los derechos humanos se han de aplicar siempre.

No hay terrorismo bueno según a quién se le haga ni elusión de los derechos que se pueda justificar. Que me dirás que sí, que vale, pero que eso aquí no pasa… pero sí que pasa. No hace ni un mes que determinados representantes políticos alabaron la figura de un terrorista que acababa de fallecer porque había actuado como terrorista para el estado. Es decir… El Guantánamo en casa.

No, no es justificable en modo alguno. Nunca y bajo ninguna circunstancia. Sobre esto versa The mauritanian y, como ves, el tema es más universal de lo que quisiéramos.

Reseña Panorama
The Mauritanian
8
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Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com