Llega a Netflix la nueva película de Jota Linares, Las niñas de cristal, un seguimiento en dos actos de las presiones de una primera bailarina de ballet en los prolegómenos del estreno de Giselle.

Recomendar una película como esta, Las niñas de cristal, sólo a los aficionados del ballet sería hacerle un flaco favor a esta disciplina. Y muy probablemente a los responsables de esta creación. La danza y todo el sacrificio que acompaña a una bailarina profesional son el eje visual, sonoro e innegablemente cautivador (hay pasajes casi oníricos de enorme belleza) de Las niñas de cristal. Pero anida en ello una película que conexiona la temática con cualquier espectador: sus dos protagonistas, la amistad, las emociones y demás temas universales que elevan cualquier temática disciplinar al disfrute emotivo de los que permanecen en la memoria.

Las niñas de cristal (01)

Irene (María Pedraza) es elegida como primera bailarina del Ballet Clásico Nacional a tiempo para el próximo estreno de Giselle. En su duro (muy duro) proceso de ensayos y aceptación de su liderazgo, entabla amistad con Aurora (Paula Losada), también bailarina y provista de una técnica muy especial para bailar sin temor a nada. Atendiendo al título de esta crítica, completamente robado de la propia presentación de Las niñas de cristal, la película de Linares está dividida en dos actos y por ende el segundo ataca con fuerza la estabilidad de lo descrito en el primero.

Las niñas de cristal (02)

Las niñas de cristal tiene, además, un proceder narrativo repartido en todo su metraje. Por un lado el proceso de ensayos y estreno de Giselle; por otro una trama de pasado oscuro que afecta a la directora del centro y a la que fue la bailarina original; y finalmente la historia entre Irene y Aurora, unidas de un modo que, si ni ellas mismas saben explicarlo, que vamos a decir nosotros. Pero es precioso e imprevisiblemente atado al ballet como arte.

Las niñas de cristal (03)

Jota Linares (¿A quién te llevarías a una isla desierta?, 2019), autor del guión junto a Jorge Naranjo, atenúa esa sensación que da leer que una película dura dos horas y veinte minutos. Pero es que María Pedraza y Paula Losada directamente lo tornan en algo casi liviano. Se te hace corta. Sus escenas son lo mejor, de largo, de un film ya notable. En determinado momento, en la mejor escena de la película, bailan ajenas a todo lo que las rodea y decides que con Las niñas de cristal vale darle al play de tu televisor. Eso y, si me lo permiten, casi cada escena de los diálogos en los que participa Paula Losada. Ya verán el porqué.

Las niñas de cristal (04)

En ese punto es donde debemos, pese a lo dicho, advertir que el ballet sobrevuela casi cada escena de Las niñas de cristal. Sea en lo literal, con los ensayos, en lo onírico, con escenas maravillosas entre Irene y Aurora, o en lo figurado, con la triste historia de Giselle metaforizada en el devenir y tortura (física y mental) de Aurora por retener su corona. Más que eso aunque, creemos, queda ya claro el trasunto de esta película con Giselle y lo que cuenta. No es que este film no sea sólo ballet sino que este forma parte de un todo dramático que se nos antoja como una plausible representación en si misma. Eso es: ver Las niñas de cristal no es ver una película de ballet, sino un ballet. Y si es la primera vez que ven uno: no se van a arrepentir.

Las niñas de cristal se estrena en Netflix el viernes 8 de abril.

Reseña
Puntuación general
7.5
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critica-de-las-ninas-de-cristal-netflixCuando la presión amenaza a una bailarina en un nuevo papel principal, ella y un bailarín marginado crean su propio mundo, libre de las expectativas de los demás.