Paso 1) acuérdate de Superdetective en Hollywood; Paso 2) imagina que le quitas toda la gracia y te la llevas a la Miami actual; Paso 3) hazte un ovillo y ponte a llorar fuertemente.

En la década de los ochenta el género de las buddy movies se mezcló con el de acción dando como resultado una moda de notable impacto que resultó en films -y a la postre sagas- como Límite 48 horas, la mencionada Superdetective en Hollywood, Arma Letal…  La premisa y el trailer de Infiltrado en Miami invitaba a pensar en una suerte de remake del film protagonizado por Eddie Murphy. Y no es así. No es un remake, es una mala imitación.

La sinopsis nos lleva a a ese equívoco que, pese a la pereza de la premisa, podía por lo menos ser digno de un film divertido, entregado a una fórmula que con unos mínimos puede funcionar. Tenemos a ‘Baaba’ Bouchard (Omar Sy), un policía de un barrio de París, metido en una misión especial en Miami para esclarecer la muerte de su mejor amigo en lo que parece una trama de narcotráfico entre África, París y Miami. Por supuesto, la ciudad de Miami, con todos sus tópicos, recibe al cachondo Baaba, conoce a su nuevo compañero Ricardo (Luís Guzman) y no tarda en meterse en problemas con todo el mundo.

Regresando al film de Martin Brest, aquella Superdetective en Hollywood, emergía como un film casi notable merced a que lo que debía hacer, más allá de su premisa, lo hacia bien: era divertida, jugaba con los tópicos, tenía buenas dosis de acción y un inspirado Eddie Murphy hacía el resto. Pero en Infiltrado en Miami se suceden los fracasos uno detrás de otro: no consigue ser divertida (y es sonrojante comprobar cuanto lo intentan), los tópicos resultan forzados y la acción es inexistente. Redondeamos con unos diálogos sin chispa y el desaprovechamiento de un Omar Sy que parece metido en un concurso de imitadores de Axel Foley.

En el guión de Bouchareb se percibe la nada disimulada intencionalidad de recrear varios de esos ingredientes de los clásicos del género (algunos de ellos mencionados por Baaba y Ricardo, inclusive una camiseta de Miami Vice) así como la irritante incapacidad ejecutoria de los mismos. Una escena en una discoteca resulta particularmente dolorosa.

El principal problema de Infiltrado en Miami no es tanto el pastiche referencial que hemos descrito sino que este era fácilmente mejorable. Y no se trata de juzgar desde la barra de bar del cinéfilo frustrado:  con un poquito de buen humor, y algo de acción, bastaba.

Reseña Panorama
Puntuación general
4
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