Crítica de Destroyer (2018): Mujer Al Borde De… ¿Un Ataque De Nervios?

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Este viernes llega a los cines españoles Destroyer, la nueva película de Karyn Kusama; en Cinéfilos Frustrados hemos podido hincarle el diente y te contamos en las siguientes líneas lo que puedes esperar cuando las luces se apaguen en la sala.

Supongo que llega el momento en toda carrera creativa en que el artista cree haber aportado lo que tenía; el instante en que eso ocurre, aquel joven que llegaba queriendo cambiar todo, muere. Nicole Kidman aún intenta alcanzar esa abstracta idea de perfección en su arte, no cree haber dado aquello que trajo consigo. El personaje que nos entrega en Destroyer es un intento de charla entre esas dos personas, la joven que llegaba y la madura que resiste. Una mujer en lucha con su pasado que intenta reconciliarse con aquella ingenua que tomó la decisión equivocada y la hizo ser quien es.

Karyn Kusama entraba en nuestras vidas hace 19 años, con Girlfight, su debut; y llegaba, como un invitado a casa, con el premio a la dirección en Sundance bajo el brazo y el premio de la juventud del Festival de Cannes. Irrumpió como un elefante en una cacharrería. Cuando alguien aparece así en la fiesta, rápidamente llama la atención de todos; Hollywood llama a su puerta; Aeon Flux y Jennifer’s Body sobrevuelan la cabeza del verdugo, dispuesto hachazo mediante a devolver a Kusama al sitio del que salió.

Por azares del destino el enmascarado falla y la deja con vida, en 2015 nos llega La Invitación, película que gana el premio a la mejor película en el Festival de Sitges; un thriller psicológico nos trae del abismo a Karyn Kusama de nuevo; alcanzamos 2018/2019 y el abismo nos devuelve la mirada con Destroyer.

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Relato sencillo, que no simple, contado en dos tiempos; una joven policia toma una decisión equivocada en su primer caso importante, consecuencias fatales, trauma; 15 años después es una sombra, una mujer sin camino ni destino, ni esposa ni madre, solo una alcohólica anclada en ese parpadeo en que todo cambió, en ese momento que murió la joven que ansiaba cambiar las cosas.

Neo-noir puro, ejercicio de estilo por tanto; el guion no innova, nos cuenta lo mil veces visto, pero cuando sabes qué hacer con un personaje, y qué hacer con la cámara, se produce la magia. Todo aquello que crees haber visto no son más que ecos de relatos como este, cuentos que rezumen verdad ya no se cuentan por miles, escenas planificadas con impacto visual y emocional tampoco, y actrices como Nicole, pocas. Cuando metes todo eso en una coctelera, quizá creas que lo has visto, y así es; pero al salir de la sala recuerdas por qué has entrado en ella, por qué llevas la vida haciéndolo, y por qué amas el cine.

El ejercicio de estilo se evidencia en los primeros minutos de Destroyer, donde todo está en su sitio, y un poco más allá; atención al tiroteo, escena cumbre en el género en 2018. Rodada y montada como en tiempos pretéritos, sin artificios ni grandilocuencia; no será una secuencia grande, pero sí una gran secuencia; ahí está el cine. En buscar en los rincones adecuados. Y aquí mi defensa de ese guion que no innova; amigos, el guion es ante todo estructura, andamiaje, y, si bien es cierto que en términos estrictamente literarios estamos ante la obra de un autor correcto, es en la complejidad estructural donda la película tiene su baza temática; en la que los propios demonios de tiempos pasados suponen un macguffin perfecto a nivel narrativo, puesto que la narrativa del relato no es más que el ataud en el que se mete el personaje con aquella errática decisión. De algún modo, la cinta a nivel narrativo va dando cuenta a través de Erin Bell en sus dos tiempos de la temática que trata; apoyada también en un uso perfecto de la música, nos encontramos con una de las cintas que más gustaron al aquí escribiente de todo 2018.

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Reseña Panorama
Destroyer
8
Soy un tipo optimista, aunque todo pueda salir mal, que lo hará, nunca pierdo el optimismo. Si tengo que decir las tres cosas que más me definen; primero y más importante, las hamburguesas me gustan sin pepinillo; segundo, los palillos redondos, nunca planos; y tercero, mi madre dice que soy el hijo perdido de Jack Burton... y que nací en Ciudad Esmeralda.