Sydney Sweeney, omnipresente en el universo sideral de la exposición mediática desde la segunda temporada de Euphoria, protagoniza Cualquiera menos tú: una comedia romántica que no esconde absolutamente nada, ni de lo que es, ni de lo que pretende, pero por lo menos se ríe de si misma. Además sale un koala. ¿Qué más quieren?
Las comedias románticas son un peligro. Cuando uno se endiña alguna de las tropecientas entregas del universo Marvel, DC, Star Wars y demases, no espera salir a la calle y encontrarse con superhéroes que vuelan, espadas láser o criaturas espaciales. Es ficción. Pero cuando uno ve una comedia romántica, ambientadas en hiperbólicas idealizaciones de la realidad, puede salir a la calle y darse un trompazo sideral. Y aunque en Cualquiera menos tú se dan todos los elementos azucarados del género, ya que el target es el target, cuanto menos se ríen de si mismos y encima con genuinas dosis de buen humor.
Si algo podemos reconocer a las comedias románticas es que no engañan a nadie: son una fantasía cuyo andamiaje se basa en exprimir conceptos idealizados no sólo del amor sino, como en este caso, de la realidad urbana. Sydney Sweeney, que además es productora ejecutiva (intuimos eso le ha permitido tener control sobre el personaje), es Bea, una estudiante de derecho cuyo encuentro con Ben (encuentro en el que dos plausibles super modelos, ganadores de la lotería genética, ríen, cocinan, se quedan dormidos… Porque es lo que tiene el género: son dos Lamborghini Aventador pero circulan a 60 km/h) se salda con un doble malentendido. El azar les lleva a coincidir en una boda en Australia, por supuesto en parajes de ensueño, casoplón mediante y otros cuerpos de escándalo. ¿Se imaginan que, pese a odiarse, terminan queriéndose? Impredecible, esto es impredecible.
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Pese a tontear con la demagogia (que una cosa es El apartamento y otra este tipo de propuestas), sin haber incurrido ni en el spoiler (ahí está el trailer), o en la mentira, concedemos que Cualquiera menos tú, aunque lejos de ser nada reseñable, se esfuerza por mantener dosis inofensivas, pero efectivas, de humor en todo el metraje a la par que ataca con ello casi cada momento empalagoso. Casi como si el libreto, director o la propia Sweeney, tuvieran piedad de posibles acompañantes o gente no ducha en tan sutil género. Sí, es lo de siempre, sucede lo de siempre, pero en el proceso te ríes e incluso las coñas destilan cierta habilidad por no resultar cutres.
Nuestra protagonista, interpretando a una chica corriente y moliente del ámbito clásico norteamericano (cásate ya mismo o tus padres en nada llaman a aquel ex que era tan majo pero no te quedes soltera, ¡necesitas a un hombre a tu lado!), muestra ciertas dosis cómicas y, casi que lo mejor, sorprende no cayendo en lo que su fama actual, y su imagen de tsunami cardiaco post Euphoria, sugiere. Y en ello Cualquiera menos tú gana enteros al lograr una comedia romántica resultona, divertida y que no depende ni del subidón azucarado del género ni de la explotación genérica de haber caído en otras manos (y ahí tal vez debemos mirar al mencionado crédito de la Sweeney). Y eso, hoy en día, es todo un mérito.
