La Tortuga Roja es una película de animación dirigida por Michael Dudok de Wit, quién ha creado una auténtica maravilla en la que sobran las palabras.

Antes de empezar tengo que decir que no leí nada sobre esta película antes de verla, así que no tenía ni idea de que iba o la sorpresa que esconde la película. El que estuviera implicado el Studio Ghibli en la producción me daba la certeza de que no me iba a defraudar.

Lo que sorprende de esta película es que sus protagonistas no hablan. Ni una sola palabra en sus ochenta minutos, pero eso no afecta al ritmo de la película. Con un dibujo muy sútil, sencillo, pero con unos planos hermosos nos adentramos en la historia de un náufrago que trata de huir de una isla desierta, cosa que no consigue por una tortuga que desbarata sus planes una y otra vez. A partir de ahí se forma una historia donde se mezclan el amor, la sensibilidad y cierto aire de melancolía.

Cada escena es un hermoso retrato en el que se pueden diferenciar momentos de nuestra vida, donde la lucha por encontrar su sitio, el establecer una forma de convivir con el entorno y formar una familia están en sus delicados dibujos. Sin alardes, únicamente acompañado de los sonidos de la naturaleza y una música que penetra la fibra sensible del espectador.

Los personajes muestran en sus expresiones faciales y corporales sus emociones, con solo eso consiguen transmitir lo que quieren decir, quitándole así el valor a la palabra como medio de expresar emociones. Es el cuerpo el mensaje universal que más transmite en esta historia, idioma más reflexivo y que muestra más cercanía y emoción, además del contacto humano en forma de caricias.

La Tortuga Roja es una apuesta muy sencilla y arriesgada, alejada de toda la estridencia al que el cine de animación nos tiene acostumbrados en estos tiempos. Una historia feliz y triste al mismo tiempo, que nos muestra las etapas de la vida por las que el ser humano atraviesa a través de vida.

En conclusión, una historia reflexiva y minimalista no apta para las personas que busquen algo rápido que consumir, con chistes y demás. Porque esta obra no es eso, es para dejarse llevar por lo que nos muestra y explorar en sus imágenes nuestros propios sueños y miedos que tenemos en nuestras vidas.

 

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