Sound of Metal (2019): Terrenos pantanosos

Dirección: Darius Marder | Guión: Darius Marder y Abraham Marder | Fotografía: Daniel Bouquet | Música: Nicholas Becker y Abraham Marder | Reparto: Riz Ahmed, Olivia Cooke, Paul Raci, Lauren Ridloff, Mathieu Amalric y Chelsea Lee | Productora: Caviar y Ward Four

Sound of Metal

El cine puede ser muchas cosas. Entre ellas, una experiencia sensorial, aunque muchos films se queden por el camino cuando pretenden serlo. No es el caso de Sound of Metal. Llamada a ser una de las grandes aspirantes al Oscar, Sound of Metal es, por encima de todo, una gran ventana para Riz Ahmed, uno de los actores más prometedores del panorama actual.

El terreno pantanoso que originan las propuestas con aires lacrimógenos son el mayor enemigo de un tipo de cine que produce cierta sensación de pereza. Son incontables las obras que han pretendido provocar pena o empatía con el espectador y se han convertido en una parodia de sí mismas. Se tropiezan con sus propias pretensiones y acaban siendo fracasos estrepitosos. Y claro, si además involucran discapacidades físicas o intelectuales tienen muchas más papeletas de quedar relegadas a ser productos meramente intrascendentes. Por esto mismo Sound of Metal es tan buena: porque coge este destino y lo dribla con abrumadora solvencia.

Sound of Metal es la historia de un batería que comienza a quedarse sordo. Su ardiente temperamento e inestabilidad vital no ayudan a que esta noticia sea bien recibida por el protagonista, quien tarda en aceptar su destino. El apoyo moral de su novia y una comunidad de personas con discapacidad auditiva.

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La premisa no puede invitar más a pensar que Sound of Metal va a ser el típico producto lacrimógeno barato que solo va a buscar que salgamos de ella pensando en la suerte que tenemos los que no tenemos este tipo de discapacidad, pero nada más alejado de la realidad. El enfoque que Darius Marder, director novel de la obra, da es único y justifica cualquier tipo de defensa a ultranza de Sound of Metal. La fuerza que tiene la película para que empatices con el protagonista y no caigas en el tópico de “qué pena me da” es la mayor virtud de su narración. El terreno pantanoso que Sound of Metal y su protagonista recorren invita a que en cualquier momento haya un tropiezo que eche por la borda toda la tensión dramática que ha acumulado el espectador, pero en ningún momento da pie a que esto suceda.

Sound of Metal tiene muchísimas virtudes, pero hay tres sobre todo que refuerzan la idea principal del film (empatizar con el protagonista): la actuación de Riz Ahmed, el diseño de sonido y el guión. Estos tres elementos son la razón de ser de un film que no manipula al espectador y que le deja total libertad para que este sienta lo que su cuerpo le pida.

Riz Ahmed está infravalorado. El actor británico con ascendencia pakistaní nos ha acostumbrado a ser uno de esos secundarios que se comen la pantalla cada vez que aparecen en escena. Lo comprobamos en Nightcrawler, The Sisters Brother y Rogue One: A Star Wars Story, entre otras, pero es ahora cuando ha dado un verdadero golpe en la mesa. Su actuación en Sound of Metal es brutal, descorazonadora y magistral. Cualquier alabanza se queda corta y ojalá logre alzarse con el Oscar. Sería un gran triunfo, tanto para él como para una industria que parece haberse olvidado de premiar papeles originales.

El diseño de sonido de Sound of Metal es realmente agobiante. La mezcla de sonido entre aquello que escucha el espectador y lo (poco y mal) que escucha el protagonista es un gran arma en la lucha que mantiene el film con caer en la lágrima fácil. Sound of Metal te permite sentirte exactamente como se siente el protagonista, y no lo hace a través de escenas forzadas o fáciles, sino de aspectos técnicos usados con la sensibilidad idónea.

Y por último, el guión. Qué frustrante es ver que una buena historia queda excesivamente remarcada por la reiteración de su guión. Aquellas escenas en las que las palabras sobran y el guionista es consciente de ello son el motor dramático de Sound of Metal. Las conversaciones entre Riz Ahmed y Olivia Cooke (también fantástica) son el momento en el que la lágrima reprimida hace acto de presencia con un placer nada culpable.

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Los Oscars de este año se antojan ciertamente únicos. La poca presencia que han tenido los cines en 2020 obligan a que muchos productos lanzados directamente a las plataformas de streaming cuenten con unas posibilidades que, por otro lado, iban creciendo año tras año. Sound of Metal es uno de los ejemplos de esta tendencia, pero no por ello merece menos aplausos o reconocimiento. Espero y deseo que la Academia haga justicia y le dé el Oscar a un actor que eleva lo que ya de por sí es una gran obra a otro nivel.