musarañas

En Musarañas cobran vida las sombras del pasado franquista. Unas sombras que permanecen en el tiempo, que persiguen a la conciencia de Montse (Macarena Gómez) y provocan que lleve a cabo una serie de actuaciones sangrientas con quienes se introducen en su madriguera.

SINOPSIS:

Montse se presenta como hermana de la protagonista en esta historia (Nadia de Santiago), que acaba de cumplir sus 18 años, pero es considerada y tratada por aquella todavía como una niña. Ambas conviven en esta madriguera de la que resulta complejo salir ileso. Porque en su interior, la hermana mayor, quien padece agorafobia, somete a su compañera de sangre y de convivencia a una serie de humillaciones y de golpes, cuando se desvía del camino por el cual la intenta guiar. Un camino de oraciones y de rosarios. Sin embargo, juntas se enfrentan por conseguir un mismo objetivo, aquello que cada una considera como metáfora de la libertad.

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En este caso el conflicto viene determinado por el amor que comienzan a sentir por el vecino (Hugo Silva), quien se introduce en su vivienda para buscar socorro como consecuencia de un accidente. Efectivamente este vecino representa una liberación para ambas, ansiada pero pretendida a través de la repetición de las mismas acciones como son la violencia y el abandono. Una libertad fragmentada, apaleada y utilizada a merced de dos bandos representados por dos hermanas que luchan entre sí.

ANÁLISIS:

Esta estructura compuesta por dos sujetos que luchan por un mismo objetivo y que terminan llevando a cabo las mismas actuaciones, es compartida también por otras producciones españolas enmarcadas en este mismo contexto histórico: como el caso de Balada  triste  de  trompeta  (Álex  de  la  Iglesia,  2010),  donde  la  fotografía  también comparte conexiones.

En relación a esto, conviene recordar que las relaciones entre cine y fotografía se encuentran en la base de la teoría de la transtextualidad propuesta por Gérard Genette en su Palimpsestos: la literatura en segundo grado (1989). Además en otras películas, tanto la imagen fija como quien pulsa el botón para inmortalizar un momento, adquieren un papel relevante, como sucede en Memento (Christopher Nolan, 2000), La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954) o Blow up (Michelangelo Antonioni, 1966).

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Desde luego, la fotografía reaviva la memoria de los desaparecidos, y en este sentido se aprecia que Montse contempla el retrato de sus padres, en una escena que los directores de la película presentan a través de un plano desde su espalda, mientras dirige su mirada hacia la imagen que se encuentra colgada en la pared.

Un pasado que también viene determinado por la figura de su padre en la instantánea, que reaviva su memoria y se materializa a través de sus apariciones imaginarias, en las cuales hablan de cuestiones del pasado y del presente. Este duelo también es reflejado con la indumentaria de color negro de Montse, que representa el luto que en estos años del franquismo estaban forzadas a llevar las figuras femeninas ante la muerte de un familiar, y que parece llevar portando durante 18 años, la edad de su hermana, ya que expresa que la figura materna fallece tras el nacimiento de la segunda.

No obstante, encontramos un detalle, tal vez insignificante, pero que podríamos tomar en consideración en esta fase de duelo. Y es que Montse no ha sentido transcurrir esos 18 años, sino 1, como se puede ver evidenciado con la presencia de una sola vela encima de la tarta, no 18, edad. O bien que, como consecuencia de su agorafobia, no haya podido salir de su vivienda para comprar más velas. Y en este caso se puede interpretar su debilidad o dificultad para superar el trauma del fallecimiento de sus padres.

En este punto, si recopilamos un poco: el número de las velas sobre la tarta, el luto durante 18 años, las fotografías de su padre que toman vida en su imaginación, reflejan la no asimilación de Montse de su pasado. Así como su necesidad de medicación y la imposibilidad de comenzar una nueva etapa. Indicios que hacen evidente su estancamiento, que intenta romper confesando su verdad, que no puede con el uso de la palabra por el dolor interior que le suscita. Así que hace cumplir el antiguo proverbio chino “una imagen vale más que mil palabras” y expresa a su hermana la presencia de una fotografía escondida tras la mesa, en la que podrá observar a su verdadera madre.

 

Una imagen que la joven encuentra junto a los restos óseos de su padre y demuestra que tanto la persona que pensaba que era su madre, como la que creía su hermana, realmente no lo son. De manera que ha estado viviendo en una mentira.

Así que, a través de esta imagen, la joven (hermana/hija) intentará reconstruir su historia, deformada por la persona con la que ha cohabitado durante 18 años. Pues resultan evidente las huellas de la distorsión psicológica del propio contexto socio-histórico de la dictadura franquista y de la aberración de ciertos valores que se salen de la moralidad y la integridad humana.

En definitiva, dolor, trauma, confusión, trastorno, patologías, pérdida de identidad, fragmentación familiar y vestigios de una sociedad tullida psicológicamente se reflejan en esta película a través de un discurso audiovisual de estilo postmoderno, rodeado de sangre y mutilaciones.

 Musarañas es sin lugar a dudas, un paralelismo que muestra una clara metáfora y reinterpretación de nuestro propio país.

 

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Malagueña, Doctora en comunicación en la especialidad de cine español. Mis líneas de investigación giran en torno al cine español, la memoria histórica y la alfabetización audiovisual. Miembro investigador de grupo Paidi SEJ 390 (Plan Andaluz I+D+I).