Se confirma el mal momento del terror español con La niña de la comunión, un despropósito ochentero que intenta emular a Paco Plaza y no logra ni asustar ni interesar.

No nos cuesta nada reconocer que el cine español vive horas bajas. El thriller neonoir que tanto despuntó en la década de los 2010s ha quedado relegado a un pastiche desdibujado con actores de primer nivel repitiendo los mismos papeles una y otra vez. La comedia intenta repetir el éxito de Ocho apellidos vascos con insulsas historias de amor con tintes de humor rancio. Y el terror… el terror no levanta cabeza.

El único estandarte del horror español que cuando se lanza de lleno rompe el panorama es Paco Plaza. Uno de los que intenta romper esta tendencia es Víctor García, director barcelonés que se ha prodigado, principalmente, en Hollywood. Tras varios largometrajes en tierras norteamericanas, García vuelve a España para contar la misma historia de siempre con La niña de la comunión.

Finales de los años 80. España es el país de las recreativas, la música mákina y las drogas de diseño. La sobreprotección de los padres frustra a unos hijos deseosos de devorar la vida. El ecosistema es complejo, ya sea por el poso que ha dejado el franquismo o el miedo al modernismo que va a vivir España a finales de siglo. En medio de este panorama, una leyenda urbana atemoriza una localidad indeterminada. 

La niña de la comunión, aviso, no consigue aterrorizar. Es más, es innecesaria. Pretende ser una especie de Annabelle en tierras españolas, pero carece de interés, ingenio y frescura. Los personajes y escenarios son arquetípicos, evocan constantemente otras películas. No consigue nunca dar la sensación de traer algo novedoso al género, ni en forma ni en contenido. Su premisa resulta tan trillada que vende a la primera de cambio su capacidad de innovar. 

Ya vimos la España de finales de los 80s perfectamente retratada en Verónica de Paco Plaza. Regresar a la misma época con una cinta tan similar atenta contra el producto en sí. Es difícil de entender por qué no han querido abarcar otra década teniendo en cuenta lo poco que se ha explorado el pasado de nuestro país. Incluso es fallida a la hora de retratar esa época, ya que, al margen de contados detalles, no consigue sumergirnos en unos años que empiezan a antojarse muy lejanos. 

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La niña de la comunión también tiene alguna virtud. El ritmo es correcto y no resulta soporífera. Como producto de entretenimiento no fracasa, pero en el cine hay que exigir un mínimo ajeno al mero pasatiempo. La justa duración de la cinta ayuda a que no sea una pérdida de tiempo, y alguna de las actuaciones es correcta (la mayoría dejan mucho que desear). No es una película que vaya a pasar a la historia (si consideramos que la historia sea el día después de verla).

Reseña
‘La niña de la comunión’
3
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la-nina-de-la-comunion-critica-sitges-2022Finales de los 80, en un pueblo no determinado. Sara acaba de llegar al pueblo y no encuentra su lugar en ese espacio cerrado. Su mejor amiga es Rebe, mucho más extrovertida. Una noche van a una discoteca, toman drogas y durante el trayecto a casa encontrarán una muñeca vestida de comunión. A partir de ese momento, comenzará la pesadilla.