Esto no es Berlín
Esto no es Berlín

Los discursos sociales, a veces mencionados como una moda en las tendencias cinematográficas, son en realidad una consecuencia de la realidad actual. Algunos directores prefieren no ser apreciados políticamente, como varios de los participantes en esta edición del Festival de Morelia, han dejado claro. Otros, como Kleber Mendoça o Karim Aïnouz, se entregan a la denuncia. Y alguno, como Hari Sama con Esto No Es Berlín, prefiere la complacencia que da la nostalgia.

 

Competencia: Esto no es Berlín

El veterano director Hari Sama hace de su largo transitar por los caminos del arte, el tema de su película Esto no es Berlín. Fue ganadora del Premio Cinépolis Distribución 2018, lo que le permitió ser presentada en Sundance, con positivo recibimiento. Se trata de una película que contra su pretensión, es poco arriesgada. Aunque momentáneamente deslumbra con su psicodelia y ataca convenciones conservadoras con sexo y uso de drogas, opera al servicio de una comodidad prácticamente comercial, que es la nostalgia.

Se desarrolla en 1986 en la ciudad de México, a través de los ojos de Carlos, un adolescente de clase media-alta. Entre azares y orientaciones de un tío «buena onda», se sumerge en la escena musical-artística underground-clandestina. «Esto no es Berlín» es una frase dicha para regañar a un grupo de artistas conceptuales que no logran construir su propio discurso político. La búsqueda de una identidad, y con ello, de una voz artística, hacen de esta una historia semi-autobiográfica. Pero Sama busca más satisfacer al público y a sí mismo, que desarrollar una idea original. Mucho menos hay un suvbersión que vaya en línea con la supuesta anarquía representada en los personajes. Destaca sin embargo su gran factura aunada a una excelente orquestación de música y diseño de producción, un trabajo sólido un poco inusual en cine mexicano. Claramente esto no es Berlín.

Xabiani Ponce De León Esto no es berlín
Esto no es Berlín

Estrenos: Bacurau

Siguiendo con la comprometida línea ideológica de otros varios realizadores de habla portuguesa, Kleber Mendonça Filho entrega una cinta con un marcado tinte político. Pero a diferencia de su anterior Aquarius, que sedujo con su impasible sutileza, en esta ocasión busca al gran público para taclearlo sin reservas. La cinta consiste en un futuro cercano posible, tendiendo a la distopía, en un tono que va desde la comedia costumbrista hasta la sátira de horror. Una historia que involucra a Estados Unidos y su enferma fascinación por la violencia y a su racismo, deja un claro mensaje: hay un problema sistémico que trasciende a un país.

Trata de un pueblo de la provincia brasileña atormentado cuando un grupo de mercenarios llega con la consigna de hacer limpieza étnica. Las consecuencias dan una lectura de severa acusación a los gobiernos y a su olvido (o incluso, su abierta aversión) hacia las razas menos acordes al ideal occidental. Resalta la evolución de la narración, que en la primera media hora construye culturalmente a un pueblo miserable pero unido; después, a un despiadado colectivo dispuesto a la revolución. Es además descrito con una agilidad, un naturalismo y una viveza que podrían hacer de Mendonça un idóneo adaptador de 100 años de Soledad. Posteriormente vemos detalles más sutiles como la libertad del cuerpo usado como arma contra la imposición conservadora. Se trata de una cinta que reivindica a todo un sector poblacional, y anuncia lo que -quizá con menos sangre y carnicería- podría ser muy pronto la realidad.

Esto no es berlín
Bacurau

 

La vida invisible de Eurídice Gusmão

Si alguien no cree que Brasil viene con todo desde hace unos buenos años, solo hace falta escuchar algún discurso de su presidente. No es difícil suponer que el arte debe estar teniendo una fuerte reacción. Y así lo es. Karim Aïnouz vuelve con un drama ganador del premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes, que trata sobre el extravío que provoca la separación. Es además sobre la opresión femenina, que se ejerce como medio de control.

Trata sobre las hermanas Guida y Eurídice, que en su juventud toman caminos separados; una al huir con un novio extranjero, la otra al casarse, probablemente con previa anuencia de sus padres. Ambas mujeres encuentran infortunio y sus vidas se ven reducidas a funcionar en virtud del hombre al que pertenecen. Pero irónicamente, aquella más desafortunada encuentra en la soledad el empoderamiento, y en el sexo, la libre determinación que extiende a su vida. Mietras tanto la maternidad se problematiza con gran tacto.

El tema de la separación remite a la previa Paraia do Futuro, pero ahora logra una veracidad mucho más nítida. Consigue así una fotografía más interesada por los personajes y sus pequeños encierros, que en explotar el espacio. Y aunque no hay verdaderos riesgos formales, más allá de algunos interesantes jump-cuts, la narrativa consigue con sus saltos de tiempo y su cauteloso acercamiento a los personajes, hacer que el angustioso devenir de las protagonistas progrese hasta un desgarrador final. Probablemente se trate de la mejor cinta presentada en esta edición del FICM.

Julia Stockler esto no es Berlín
La vida invisible de Eurídice Gusmão

 

No One Left Behind

Mediometraje de Guillermo Arriaga, más conocido por su papel como guionista en cintas como Amores Perros, presenta en el festival una historia de encuentro y diálogo. Dos partes que hoy parecen más enemistadas que en mucho tiempo: los mexicanos y los estadounidenses, son aquí puestos a dialogar con profunda sensibilidad y humanismo. El funeral de un soldado norteamericano con nacionalidad mexicana, lleva a sus compañeros a un remoto pueblo coahuilense. Ahí, tienen no solo una despedida, sino un auténtico conocimiento de ese otro lado, el mexicano, borrando nacionalidades e igualando dolores. Un trabajo que a decir de su director, ha de ser visto por los votantes de Donald Trump.

Danny Huston
No one left Behind
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Viviendo de cine y conocimiento. El arte siempre es político. Sé que moriré solo.