Doña Clara

Año: 2016 | Dirección: Kleber Mendoça Filho | Producción: Saïd Ben Saïd, Emilie Lesclaux, Michel Merkt | Guion: Kleber Mendoça Filho | Fotografía: Pedro Sotero, Fabricio Tadeu | Reparto: Sonia Braga, Humberto Carrão, Irandhir Santos | Género: Drama | Duración: 2h 26 min

DOÑA CLARA, POR FUERA DE CUALQUIER CLICHÉ DONDE NORMALMENTE SE ENCASILLA EL CINE DEL OTRO LADO DEL CHARCO, ES UNA APUESTA VALIENTE QUE DEJA BUEN SABOR EN LA BOCA Y VARIAS REFLEXIONES.

Con Doña Clara queda explicado que todo se puede decir. Pero para que el mensaje llegue realmente importa el tono que se use. Importa mucho. Ya lo decía McLuhan “El medio es el mensaje”. Es allí, en el tono, donde lo dicho por Kleber Mendoça Filho, el director , destaca cuando se en los tres actos de su filme resalta componentes importantes de la realidad humana: amistad y familia; amor y sexo; pasión, ambición y trabajo; avasallamiento corporativo y dignidad humana.

Sonia Braga —un nombre mayor en el cine mundial y superlativa en este papel— es la encargada de dar vida a doña Clara, una sexagenaria mujer que disfruta del buen retiro alcanzado después de una larga carrera como comentarista musical. Guapa aún, independiente y dinámica, esta señora vive en Aquarius, un condominio residencial enfrente de alguna hermosa playa en Recife (Brasil). Ella es la única que sigue habitando uno de sus apartamentos mientras que los demás pertenecen a una constructora que busca su demolición para luego erigir el despersonalizado rascacielos tipo Miami. Diego (Humberto Carrão) es su antítesis. El arquetipo del directivo corporativo joven y ambicioso, egresado de una buena facultad y con algún máster en negocios. El hijo de buena familia que hará lo que tenga que hacer para conquistar su primer objetivo empresarial importante. El conflicto está en que doña Clara se irá solo muerta de su casa.

Lo anterior es la buena base que el director brasileño adereza con sutilezas para presentarnos su platillo. Delicioso.

Se degusta el quehacer cinematográfico. La cámara hace también como herramientas de diferenciación de clases y dejan saber dónde estamos parados cuando ubica allí lejos, en tomas abiertas, a los pobres, la servidumbre esa que “nosotros explotamos y ellos nos roban” —como la hermana de doña Clara recuerda—. Y aquí, en los planos americanos, la clase acomodada y dominante. Los primeros planos generan empatía con la protagonista y dan cuenta de los fuertísimos lazos familiares que la unen con sus hijos, hermana y sobrinos.

Se puede entender la mirada del director más que como un enfrentamiento generacional, como el reconocimiento de valores y defectos de cada grupo etario. Así, pues, a la agilidad mental de los jóvenes y su visión centrada en el futuro se contrapone el aletargamiento, terquedad y nostalgia propias que deja el paso de los años. Último hecho que hacen cada vez más necesario los recuerdos. Los flashbacks se apoyan aquí en fotos —Mendoça Filho, delicado, habla de supremacismo—. Además es claro que mientras unos hacen otros miran hacer; sin embargo, el voyerismo refleja necesidades físicas poco expuestas en el cine fanático de las carnes bien tonificadas. Y la abundancia de unos es la escasez en los otros, ¿o será ya cuestión de apetitos? El realizador nacido en Recife, inclina la balanza cuando la variada selección de su banda sonora tiene dejos de la muchas veces instructiva y no menos condescendiente mirada de los viejos.

Con dolor y pena nos vemos en pantalla. En Doña Clara florecen las mil y una formas de: “tú no sabes quién soy yo”. La manida expresión por la cual el pegotón social se da aires cuando intenta solapar su mala acción y salirse con la suya. ¿Y Diego? ¿Qué lo lleva a querer “atacar”, —según su expresión en la película—? Más allá de juicios al personaje, infiero que el director pone una denuncia al sistema donde el bus llamado dinero se pasó más de tres paradas y ahora se hizo objetivo. Y los MBA’s están por la labor. Hemos llegado al punto donde tener es más que ser. Donde el que no tiene es sujeto de burla y llamado perdedor.

Y remato con un ¡larga vida al cine propositivo! Ese que se sale del lugar común. Grande don Kleber Mendoça Filho, y reciba todos los aplausos doña Sonia Braga. Porque Doña Clara es una película refrescante dentro del panorama cinematográfico latinoamericano que llega a nuestras salas donde pareciera que, para ser celebrado mientras se lavan culpas de los receptores, solo queda exponer la violencia mientras vendemos pobreza y miseria.

Reseña Panorama
Doña Clara (2017)
8.5
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Soy un colombiano que entiende el porqué de nuestro top of mind: Shakira y la farlopa. Mas entender no es compartir y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, cinéfilo y lector junto a las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.