Hemos tenido la oportunidad de hablar con los hermanos Dardenne en su visita a Madrid para la presentación de El Joven Ahmed. Vienen de ganar el premio al mejor director en el pasado festival de Cannes, que se suma al tórrido romance que siente este evento francés por los hermanos belgas: Dos palmas de oro, un Gran premio del jurado y otro al mejor guion. En definitiva: hemos tenido el honor de estar delante de historia viva del cine.

CINÉFILOS FRUSTRADOS: ¿Cuándo alguien tiene una carrera como la suya, tan extensa y sobretodo tan valorada… se convierte uno en esclavo de su propio estilo? “De los hermanos Dardenne” se ha convertido en una marca, así que a la hora de plantear una narrativa quería saber si se han preguntado: ¿Es esto lo suficientemente Dardenne? ¿Es lo que demanda nuestro público? ¿Les frena a la hora de innovar?

LUC DARDENNE: Sí, siempre es una inquietud y siempre preocupa. Aquí, en este caso, mucho más. En seguida nos dimos cuenta cuando tuvimos el guión que no podíamos cambiar El joven Ahmed antes de encontrar otro personaje como solemos hacer. Nos dimos cuenta de que su fanatismo es tan grande y tan profundo que va solo. Los demás, los que le rodean no lo ven, no están. En cierto modo él está absorbido por su fanatismo. Por eso encontramos el final, pero en otras películas se construye con otros personajes, pero aquí para nada. La chica no le consigue cambiar. Esa era nuestra principal inquietud.

CINÉFILOS FRUSTRADOS: En los tiempos que vivimos de sobresaturación de imágenes a ordenador, montajes frenéticos, despliegues visuales apabullantes… Hoy lo verdaderamente trasgresor es el minimalismo formal y narrativo de El joven Ahmed.

Crítica de El joven Ahmed (2019): Los jóvenes Dardenne

LUC DARDENNE: “Realismo de proximidad” Queríamos un barrio en el que la mezquita estuviese aquí, las personas también… todo estaba en un mismo barrio, todo cercano, una cosa muy local. Es hacerle sentir al espectador lo que siente ese chico. Entendemos que está en contacto con Internet, lo dice incluso. El imán también, se lo enseña. También hemos pretendido banalizarlos, hacerlos como nosotros, gente común para que al final el impacto del fanatismo sea más fuerte aún. El chico es enigmático. No entras en su cabeza, por eso es tan extraño que sea tan cercano. Porque al final un fanático quiere el bien. Tu bien, nuestro bien y él tiene la impresión de estar haciendo este bien incluso matando porque quiere que todo sea como él. No entiende que no seamos como él. La prohibición de matar es para él algo secundario. Nosotros pensamos que si colocábamos a ese personaje en un entorno banal, cercano a nosotros, el impacto sería más potente, oscuro, enigmático e incomprensible.

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