Vértigo

Tal y como hicimos en nuestro anterior volumen de Grandes Trabajos Ignorados En Los Oscars, regresamos una vez más para repasar a aquellas grandes olvidadas dentro de la dirección de fotografía. ¡Comencemos!

Rango (Roger Deakins)

 Esto más que una injusticia en particular, se trata de reivindicar el trato igualitario hacia el cine de animación. Para el mundo académico, los dibujos animados son la hermana pequeña del cine. Y demasiado que no es la hermana tonta. Incluso cuando se han acordado de ella, la han tratado con cierta condescendencia. Hasta tal punto que aún con media docena de nominaciones a La bella y la Bestia la estaban mirando por encima del hombro. Seis menciones puedes parecer una barbaridad y no digo que no lo sea. Máxime para una película de animación, cosa inimaginable hasta hoy en día. Pero, ¿de qué candidaturas estamos hablando? La mitad se otorgó por sus canciones. Nada que objetar, puesto que La bella y la bestia podría haber copado toda la categoría y a nadie le hubiera parecido exagerado. De todos modos, de las seis nominaciones, automáticamente ya se descartaba que pudiera dos de ellos. También fue nominada su partitura y el sonido. Este último cayó por su propio peso, porque tras cuatro nominaciones musicales, está claro que les había gustado cómo sonaba la película. Y ahora llegamos al quid de la cuestión. Mejor película, si. Todo un hito que sólo se repetirá dos veces más, pero ya cuando puedan optar diez nominaciones. Película si, pero director no. Parece como si la película fuera el resultado de las decisiones de dibujantes y animadores sin una dirección por encima. Por esta razón, difícilmente será nominado el montaje. Tampoco el guión adaptado fue considerado por la academia. Alguna película de animación ha llegado a las cinco finalistas en guión original, pero en Hollywood la verdadera competencia se encuentra en la categoría de adaptación. Hay premios a los que una película de animación no va a acceder. Esos son sólo para las películas «de verdad» Así que nos toca reivindicar un cine que no debería necesitar la ayuda de nadie. Y llegados a este punto… ¿Por qué Rango? Porque su director de fotografía es uno de los más nominados de toda la historia… y el que nunca lo ha conseguido. Si alguien podría haber conseguido la proeza de tumbar el prejuicio hacia la animación y lograr la primera candidatura, ese era Roger Deakins. Para colmo, llegó justo en el momento exacto: en plena fiebre de las fotografías digitales. En un espacio de cinco años, se premiaron cuatro películas con fotografía a ordenador (Avatar, Hugo, La vida de Pi y Gravity) Se llegó a rumorear que la Academia separaría la categoría en dos: fotografía óptica y fotografía digital.  Precisamente, el año de Rango fue el año en el que La invención de Hugo tumbó a la máxima favorita, El árbol de la vida. Pero no. Ni llegando en el momento adecuado ni con la persona más nominada llegó la mención.

Barrabás (Aldo Tonti)

Barrabás es un peplum muy normalito, como casi todos los peplums (¿peplumes? ¿pepla?) religiosos. Este género nació como cine de aventuras,para contar las hazañas de Hércules, Medusa, Ursus, los centauros y compañía. Y si puede ser de la manera más hortera posible, mejor iba a ser la película y no. Si un tipo de cine pierde al querer inyectarle seriedad y trascendencia… ese es el peplum. Así que no, solamente funcionan si juegan con las mismas reglas: fantasía, espectacularidad, músculos, minifaldas, chicos guapos, chicas guapas, culto a lo hortera… Sólo en  Sodoma y Gomorra entendieron de qué iba la película (y nunca mejor dicho).  Así que Barrabás no destaca más que por estar protagonizado por una estrella como Anthony Queen y tratar de un personaje que apenas ha tenido mayor relevancia en el cine. El título está bastante olvidado, y es probable que nunca hubieras escuchado hablar de él. Todas las películas de época se prestan a desarrollar unas producciones muy llamativas. Grandes escenografías, espectacular vestuario, despliegue de extras (cuando aún eran personas y no píxeles) y fotografía muy cuidada. Tiene todo esto Barrabás. Pues bueno, no está mal, pero es un poco del montón. Entonces te preguntarás que hace citada en este recorrido por las direcciones de fotografía icónicas que no fueron nominadas al Óscar… y te preguntas bien, porque solo por un plano se ha hecho merecedor de figurar aquí.  Pero es que Barrabás es la historia de una osadía, algo que nadie se había ni planteado hacer nunca y que sólo por visionario y atrevido merecía haber sido reconocido. Se rodó la muerte de Cristo bajo la luz de un eclipse de sol. No me refiero a que lo simularon. Sabían que se iba a producir y se arriesgaron a rodar el momento cumbre de la película en el instante en el que la luna ocultaba el sol. Cómo te puedes imaginar, tenía que salir bien a la primera sí o sí. No había posibilidad de repetirlo. Cualquier mínimo error hubiera echado al traste todo el trabajo. La verdad es que ni siquiera sabían cómo iba a quedar. Nunca se “apagado” el set en exterior y luz natural. Por no saber, no sabían si la película física iba a plasmar bien la luz o si, al positivar, iban a echarse las manos a la cabeza. El riesgo era haberse quedado sin el plano principal de toda la película. Funcionó. Quizá no sea todo lo espectacular que tenían en la cabeza. Rodar uno de los episodios históricos clave de la historia occidental bajo un eclipse de sol real puede que sonara muy goloso como idea. El resultado, sin ser Avatar, queda como mínimo curioso. Es imposible no arquear la ceja cuando la grandeza del cine une talento y valentía. Y seamos francos, el mismísimo James Cameron hubiera matado por haber sido él quien lo rodara.

Vértigo (Robert Burks)

Vértigo ha pasado a la historia por innumerables razones. Ha llegado a encabezar alguna lista “oficial” sobre las mejores películas de la historia. A nivel visual, seguramente sea la película más apabullante de toda la filmografía del genio inglés. Solo su uso del color la haría merecedora de aparecer en esta lista. Pero Vértigo ha pasado a la posteridad por algo que muy pocas cintas han logrado: convertirse en un adjetivo. La influencia de esta obra maestra no la vamos a descubrir ahora, pero nos vamos a centrar en lo más famoso de la película y lo que más relevancia ha tenido: el travelling compensado (o “efecto Vértigo”). Seguramente, el término te suene a chino, pero lo vas a reconocer enseguida. Te has preguntado cómo se consigue que en un plano el personaje esté en su sitio pero de repente todo el fondo se mueve hacia atrás. No solo lo has visto en esta película. Se ha usado en Uno de los nuestros, El señor de los anillos, ET, Postergeist y por encima de todo, Tiburón. Incluso la animación no ha sido ajena a este efecto que hemos visto también en El Rey León. El truco en cuestión se lo inventó el operador de la segunda unidad de Vértigo, ni siquiera el director de fotografía. Pasó a la historia por visionario y nadie recuerda su nombre. El Óscar debió ser para el… y no fue ni nominado. Se llamaba Irmin Roberts y ésta fue su genialidad: A grosso modo hay dos tipos de lentes: los grandes angulares y los teleobjetivos. Ambos dan resultados diferentes, y uno de ellos es la perspectiva que muestran. En un gran angular, el fondo parece estar más cerca del primer término y el el teleobjetivo es justo al contrario. ¿Qué pasa entonces si con un travelling alejamos la cámara pero al mismo tiempo pasamos del teleobjetivo al gran angular? Que el personaje se queda en su sitio pero el fondo cambia de perspectiva “mágicamente”.

Y si solo fuera eso… Vértigo tiene uno de los mejores usos del color de toda la historia. Parece como si el color se hubiera implementado en el cine esperando a que se rodara esta película. ¿Te sorprende que algo así no lo hiciera merecedor de la nominación al Óscar? Pues realmente no debería… ni la película ni el propio director lo fueron. Solo se acordaron del sonido y de los decorados (y ninguno ganó). Vértigo se une a la larga lista de agravios de la Academia hacia Hitchcock.

Señor Alfred Hitchcock. Sé que no me está leyendo, allí donde esté. Los dos sabemos que nunca ganó el Oscar pero logró algo más importante aun: la eternidad.

Suspiria (Luciano Tovoli)

Lo primero que piensa uno ante la obra maestra de Darío Argento es que en manos de otro cineasta, el resultado hubiera sido radicalmente distinto. No solo por la propuesta formal (que también), sino que en otras manos simplemente hubiera sido una mala película. Suspiria tiene una trama resultona, con una conclusión precipitada y algo cogida por los pelos. Los diálogos tampoco es que salven al guión, las cosas como son. El reparto es más que mejorable. Está completamente carente de carisma, es poco creíble y su repertorio interpretativo es más propio de una actuación de fin de curso que de un elenco profesional.

Solo la mitad de todo serviría para tumbar cualquier producción. ¿Importa en el caso de Suspiria? Pues va a ser que no. Sorprendentemente no. Terminas de ver la película y has olvidado el argumento y a los actores. Solo puedes recordar la maravilla visual que Darío Argento te ha regalado. La conjunción entre la puesta en escena de Argento, la cámara de Tovoli y la escenografía de Enrico Fiorentini es de las más afinadas que vas a ver en toda tu vida cinéfila. La compenetración entre los tres es tal que todo parece hecho por una misma persona. Tovoli y Fiorentini entendieron perfectamente lo que Argento quería contar y se lo multiplicaron por mil. Por supuesto que hay grandes películas con maravillosas fotografías y espectaculares diseños de producción. ¿Que tiene Suspiria que la haga especial? Para empezar, ya hemos comentado que cualquier otro director hubiera arruinado esa película. Suspiria es una orgía de luz, color y barroquismo. Suspiria es más que teatral, es operística. Con esta descripción uno espera que hablemos de un musical, una película de animación, fantasía o incluso una comedia alocada. Nada de esto. Suspiria es una película de terror. Tovoli no nos ofrece un juego tenebrista, oscuro, gótico, desaturado… nada de lo que uno esperaría cuando piensa en el cine de miedo. Todo lo contrario: torbellino de colores, como la canción de Lola Flores. Tovoli confió en la propuesta de Argento cuando cualquier otro hubiera pensado que el director era un hortera y un daltónico. Tivoli hizo suya la osadia y el resultado fue entrar en la historia del cine. La lección de que no hay una sola manera de hacer las cosas. Que si eres fiel a ti mismo y sabes expresarte, el lenguaje que uses es lo de menos. Si sabes lo que vas a decir no lo susurres. Gritalo, porque si tú lo tienes tan claro, es que merece la pena ser escuchado.

Hasta aquí nuestro Segundo Volumen de Grandes Trabajos Ignorados En Los Óscars: Dirección de Fotografía. Esperemos que te haya gustado y, sobre todo, que nos dejes en los comentarios todas tus dudas y/o sugerencias. ¡Nos vemos!

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Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com