Crítica de Degas, pasión por la perfección (2018): Mucho más que un pintor de bailarinas

A la cartelera nos llega un nuevo documental sobre otro maestro de la pintura. Esta vez le toca el turno a Degas: Un autor impresionista. El retratista de las bailarinas. Si eso es lo que sabes del pintor parisino… el cineasta David Bickerstaff te va a enseñar lo equivocado que estás.

Degas: Pasión por la perfección no busca tanto profundizar en la obra del artista sino en el autor. Qué significó para él estar a caballo entre su formación académica y la revolución artística que se estaba iniciando en Francia y cambiaría el arte occidental para siempre. Cómo vivió no encajar del todo ni en el mundo de la pintura oficial ni en la vanguardia artística. Qué le supuso saber que se iba a quedar ciego. Pero, por encima de todo, a David Bickerstaff le interesa mostrarnos que Degas no fue el pintor de bailarinas. O, al menos, no sólo eso.

Degas fue una “rara avis” dentro del grupo de los impresionistas. Ni siquiera le gustaba esa etiqueta y el vínculo que le unía al resto de pintores era más afectivo que estilístico. Es más, casi ninguna de las características del impresionismo la encontramos en Degas más allá de lo moderno de su pintura.

El pintor provenía de una familia burguesa y se crió en la alta sociedad parisina. Se formó en la escuela de pintura más exclusiva del país (y seguramente del mundo) y llegó a conocer al mismísimo Ingres. Degas fue un reputado retratista y un consumado dibujante, dos facetas que no asociaríamos a los impresionistas, precisamente.

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Nunca rompió con la historia de la pintura y se miraba en la tradición francesa (mientras que el resto de impresionistas lo hizo con la japonesa y española). Pintó bailarinas, en efecto, pero esa fue sólo una parte mínima de su obra. En otras palabras: El verdadero Degas es prácticamente un desconocido para todos nosotros. Eso es lo que pretende solucionar el documentalista David Bickerstaff.

Para profundizar en todos estos asuntos, se hace valer de tres pilares. En primer lugar, Degas visto por historiadores del arte. En segundo, Degas a través de un pintor y en tercero, Degas visto por un museo. Y no cualquiera, sino el Museo Fitzwilliam de la Universidad de Cambrige, que posee la mayor colección de obras de Degas del mundo.

¿Museo? ¿Cambridge?… ¿Eso no está en Inglaterra? En efecto, pero por una sola vez y sin que sirva de precedente, los cuadros de Degas se obtuvieron por donaciones y no del saqueo y la rapiña. El resto del museo sí, por supuesto, si no no sería inglés, pero al menos los Degas no se lo han robado a nadie.

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David Bickerstaff es un cineasta multidisciplinar. Resume mejor que nadie que en este mundillo hay que saber hacer de todo. Y cuando digo todo, es todo. Ha sido escritor, productor, director de fotografía, compositor, operador de cámara y hasta narrador. Vamos, que sólo le ha faltado pintarle las bailarinas al susodicho que hoy nos ocupa. Por eso sabe enfocar el tema que trata desde diferentes ángulos, visiones y disciplinas.

Me gustaría terminar la crítica con las primeras palabras de Degas en el documental, la mayor lección de arte (y vida) que nadie te dará jamás: «No se se puede ser artista sin corazón».

Sinopsis

A veces frustrado por sus propios fracasos y nunca plenamente satisfecho con sus progresos, Degas se fue consumiendo por sus obsesiones, costándole incluso la vista, pero su determinación en capturar la vida cotidiana es evidente al observar cada una de las pinceladas que componen sus cuadros. En una ocasión, Degas creó un gran número de estatuillas, pero nunca las dejó ir más allá de una mera pieza en cera o barro, explicando que, no podía dejar nada que le sobreviviera porque el bronce, es un metal para la eternidad. En 1917 y tras su muerte, más de 150 piezas de escultura fueron encontradas en su estudio, hechas de cera, arcilla y plastilina. De las que pudieron sobrevivir en buenas condiciones, se llevaron al Museo de Fitzwilliam que es el único en el Reino Unido que puede conservar estas raras y extremadamente frágiles obras de arte.
Eitán
Eitán
En verdad soy de Santander, pero tengo esta gracia hablando

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