Macbeth es la nueva obra de arte de A24, una película entre el cine y el teatro

Es indudable la consanguinidad que existe entre el cine y el teatro, dos artes que comparten muchos aspectos pero que a su vez tienen un lenguaje distinto, ligado principalmente a las ataduras que el medio impone. Si bien, estas artes son distintas, su conexión es posible, tal y como demuestra la última producción de A24, Macbeth, y que aterriza el 14 de enero en Apple TV+.

Esta película es la primera aventura en solitario de Joel Coen, quien en esta ocasión se ha independizado de su hermano, Ethan Coen, para dirigir de forma magistral una de las obras más famosas de William Shakespeare, publicada allá por el siglo XVII, y que no resumiré en estas líneas.

Macbeth

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Macbeth entra dentro del género drama —es pura tragedia tal y como indica su título en inglés— pero con un aroma sombrío, pesadillesco y que incluso evoca los terrores más profundos del hombre. Para conseguirlo, Joel usa los elementos mínimos, apostando por una fotografía más expresiva que el mismo diálogo, un diálogo fiel al original y con escasas necesidades adaptativas al lenguaje moderno.

Rodada en blanco y negro y con un aspect ratio de 4:3 recuerda a otra película de la misma productora, The Lighthouse de Robert Eggers, aunque eso sí, con una fotografía mucho más limpia. En esta ocasión no tenemos un faro como escenario, sino múltiples decorados puramente teatrales y que emulan desde campos de batalla hasta lúgubres castillos habitados por la locura. Además, el contraste entre fondo, iluminación y color permite darle una total naturalidad a la acción teatralizada.

Macbeth

Muchas son las adaptaciones que se han hecho sobre la obra de Shakespeare, pasando por la de Orson Welles, la de Polanski o por la más reciente Macbeth (2015) de Justin Kurzel, pero sin duda alguna estamos ante una de las adaptaciones más especiales y que probablemente quede grabada en el epitafio de las mejores adaptaciones cinematográficas de esta obra teatral. Y qué decir, por nombrar más alusiones a grandes nombres, que las referencias o similitudes a directores pasados están vivamente presentes, tal que parece que el mismo Bergman haya aportado su granito de arena por la proximidad con su Séptimo Sello, o elementos similares al Trono de Sangre de Kurosawa y sus sombras de enramados nudosos en medio de un bosque.

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Y ya por cerrar referencias y enlazar con otro gran punto fuerte de Macbeth, es inevitable recordar a Dreyer y sus primerísimos planos de Maria Falconetti en La Pasión de Juana de Arco, un elemento ampliamente usado a lo largo de toda la obra de Joel para transmitir con fiereza la expresividad de actores titánicos como son Denzel Washington y Frances McDormand, quienes están soberbios en su interpretación de unos ya curtidos Macbeth y Lady Macbeth.

Pero estos dos no son los únicos protagonistas, sino que la cinta también cuenta con elementos narrativos fundamentales para el entendimiento de una obra que en su origen es extensa y que ha sido adaptada a una duración menor, pero sin perder un ápice de la esencia de la obra teatral. Uno de esos elementos es ni mas ni menos que las luces y sombras que ocultan y muestran a partes iguales todo aquello que el espectador debe y no debe ver a hurtadillas. Por otro lado tenemos el uso de un sonido naturalista, sumado al aporte sencillo y acertado de la partitura del compositor Carter Burwell —un clásico de los Coen—, que nos acerca todavía más a la locura, desesperación y horror que esta tragedia envuelve.

Macbeth

Macbeth es una película única en su especie, una experiencia audiovisual de la que si eres de los pocos afortunados —debido a su escasa distribución en cines— de deleitarla en una sala, no tendrás remordimiento alguno de haber pagado su costo. De no ser uno de estos pocos afortunados, igualmente podrás disfrutar de ella en la pequeña pantalla. Una firme candidata para los próximos Oscars de 2022, y un trabajo esplendido de su director; tal vez no les vaya tan mal a los hermanos Coen trabajando por separado…

Reseña
Macbeth (2021)
9
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Visión a 24 fotogramas por segundo, amante del cine fantástico y de ojos rasgados. Tengo en propiedad Xanadu, así como también tengo Manderley. Además de ser un ferviente seguidor de las escrituras del Libro Rojo de la Frontera del Oeste.