Crítica de Zatoichi (2003): Sangre, katanas y Kitano

zatoichi

Zatoichi es uno de los nuevos chambaras que ha ayudado a revitalizar el género en el siglo XXI. De la mano del polifacético autor, Takeshi “Beat” Kitano, disfrutaremos de una película llena de sangre, katanas y venganza.

Pocos directores tienen la personalidad suficiente como para ponerse al frente de una saga con más de 25 películas y más de 100 capítulos de televisión a sus espaldas. Todas las ficciones de esta saga han sido siempre protagonizadas por el mismo actor, Sintra Katsu. Por ello, darse el papel protagonista, renovarla y salir triunfante es ya suficiente mérito. Takeshi Kitano aceptó el proyecto con las únicas condiciones de que la película fuera de corte “histórico” y el protagonista fuera un masajista ciego. Con esta libertad, Kitano consiguió hacer un Zatoichi personal. Donde no falta el humor, la violencia sin mesura, un estilo narrativo visual muy personal y una banda sonora muy muy original. Con todo ello consiguió que por primera vez una película del género chambara consiguiera el León de plata a la mejor dirección y el premio del público en su estreno en el festival de Venecia.

Zatoichi nos sitúa en el Japón del siglo XIX. Nos presenta a un nómada, masajista ciego que se gana la vida apostando. Pronto nos mostrará como dentro de su bastón nos esconde una afilada katana que sabe utilizar mejor que cualquier bandido o samurái que se cruce en su camino. Veremos cómo nuestro protagonista llega a un solitario pueblo controlado y sometido por el clan de Ginzo (Ittoku Kishibe), al cual pertenece el hábil samurái Hattori (Tadanobu Asano). Zatoichi (Takeshi Kitano) forjará una estrecha amistad con Shinchiki (Taka Guadalcanal), protagonista de muchos de los alivios cómicos que tiene la película. Pareja a la que más tarde se unirán dos Geishas en busca del asesino de su familia para vengarse. Uno de los muchos méritos de la película es conseguir de hilar las diferentes historias de todos los personajes y hacerlas converger, manteniendo el interés en todo momento.

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La fotografía y el diseño de producción están muy conseguidos. El vestuario se ve gastado, consigue diferenciar los grupos y consigue situarnos el estatus social al que pertenece cada persona. Destacable el trabajo en postproducción quitando colores para darle un aspecto de cine clásico. Los decorados de la ciudad e interiores se ven auténticos y ayudan a la inmersión en la historia.

Uno de los apartados que más me han sorprendido y a la vez más me ha gustado es el musical. Tenemos una mezcla de sonidos tradicionales y música electrónica, que sobre el papel lo hubiera rechazado para una película de este género. Pero otra vez Kitano nos demuestra que lo establecido no es la única forma de hacer bien las cosas. Y no solo es está combinación de clásico con moderno lo que hace especial a la banda sonora. En la película participa un pequeño grupo de artistas japoneses que son capaces de crear música con cualquier objeto, así conseguirán construir melodías saltando sobre charcos o trabajando en el campo a golpe de azadón. Y sin querer desvelar más, preparaos para un número musical final de los que quedan grabados en la retina.

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En el apartado marcial, no se pueda decir que falle, porque realmente funciona. No me ha parecido a la altura del resto de la película. Es bastante reconocible el estilo Zatoichi a mano cambiada e impacta el hecho de que nuestro protagonista no lucha, no cruza acero, simplemente asesina. Junto a un montaje con muchos cortes nos reafirma la infalibilidad del espadachín ciego. No solo Zatoichi no protagoniza unas coreografías muy largas, esto es algo más bien general. Pero la única impresión negativa que he percibido viene dada por los poquísimos efectos digitales, que únicamente utiliza para llenar la pantalla de sangre con cada movimiento de katana. Estos efectos se notan demasiado y me hicieron perder la atención de lo importante, las luchas. Siendo algo que no veo porque no podrían haber solucionado con efectos físicos.

Sin duda, estamos ante una de las películas más comerciales de Kitano, pero eso no quita que tengamos delante un chambara de autor. Que a la vez que no se separa del canon del género ni de la propia saga. En esta película hacen su aparición ronins, samuráis, geishas, ninjas, teatro kabuki y los supuestos antepasados de los yakuzas. Incluso me ha parecido localizar un par de homenajes al maestro Kurosawa. En un duelo final bajo la lluvia y en el chico que corre medio desnudo con la lanza alrededor de la casa donde se hospeda nuestro héroe. Una gran película con la que el autor ha conseguido el difícil equilibrio de contentar tanto a fanáticos del género, amantes de la cultura oriental como a al espectador más casual o fan del cine más autoral, tal y como demuestra su éxito en crítica y público.

Reseña Panorama
Zatoichi
9
Practicante de artes marciales y cinéfilo cuando me lo permiten.