Helene 2020

No se puede decir que los países nórdicos no hayan tenido una tradición artística importante, pero desde luego apenas ha salido de sus fronteras. Cuando lo han hecho, peor todavía, porque fue con los vikingos asolando toda Europa. El caso es que pocos pintores hay venidos del frío que hayan causado una huella importante en la cultura occidental. No ha salido ningún estilo ni movimiento que traspasara sus fronteras y quizá, sólo Munch haya conquistado la cultura popular.

Con esas credenciales nos llega esta película, Helene, biografía de la pintora finesa Helene Schjerfbeck (bendito Control+V. Sería incapaz de escribir dos veces igual el apellido). Una pintora muy famosa en Finlandia sin el reconocimiento a nivel “profano” en el resto de Europa. Comenzó con una factura más académica y tratando temas bélicos e históricos, que no se consideraban apropiados para mujeres. De hecho, estuvo comprometida con el movimiento feminista de su país y luchó por ser tratada como el resto de pintores masculinos, cosa que consiguió. Más que eso, nadie en su momento vendió tanto ni tan caro como ella. Su estilo fue evolucionando acorde a las vanguardias y hoy está considerada el mayor artista que ha dado Finlandia.

La película, sin embargo, no se centra tanto en Helene Schjerfbeck como pintora sino en Helene Schjerfbeck como persona, aunque celebro que la muestre pintando. Quiero decir, cuando vemos una pintura, nos parece algo mágico que se haya podido crear. Es como si hubiera aparecido por un conjuro, más que por trabajo manual. Ver a Helene trabajando en el lienzo nos devuelve a la realidad: La pintura es una acción humana, no divina. Pero bueno, para el director Antti Jokinen, Helene Schjerfbeck podría haber sido pintora como cocinera o cirujana plástica. Lo importante es su relación personal con su madre, su marchante, su mejor amiga y, sobretodo, con el escritor Einar Reuter.

Voy a comentarte una anécdota personal que me ocurrió hace tiempo y he entendido perfectamente viendo esta película. Una amiga me comentó hace un tiempo que los tres chicos con los que compartía piso no la veían como mujer, sino que la trataban como si fuera uno más de ellos. Se sentía mal por el hecho de que un hombre le arrebatase su feminidad. Me pareció un poco exagerada, aunque, en el fondo, no le quería reconocer que yo también la veía más como un colega que como una colega.

Pues Helene trata perfectamente esa relación hombre-mujer en la que para él la relación es hombre-hombre y lo destructivo para la autoestima que puede resultar a la fémina de la ecuación. Máxime si ella se está enamorando. Por cierto, señora Helene Schjerfbeck que sé que me estará leyendo allá donde esté. Ya sé que ahora ya da igual, pero en serio… si vas al campo con el chico que te gusta y él se desnuda para bañarse en el río sin darle ninguna importancia a que tú estés allí… es que te ve como a un amigo. Hija mía, no hace falta ser psicólogo para darse cuenta. Pero bueno, ya no se puede hacer nada.

Los tintes sentimentales entre Helene y el escritor Einar no están confirmados, pero tampoco pasa nada porque esto es una película, no un documental ni un juicio a la Historia. El proceso de enamoramiento, algo tan difícil de mostrar en la pantalla, está aquí maravillosamente resuelto. Vemos cómo Helene se va enchochando a cada plano, mientras que Einar… bueno, para Einar ella es un amigo. la destrucción psicológica de ser invisible como mujer ante los ojos de un hombre está perfectamente reflejado. para eso es necesario tener a una actriz como la copa de un pino, que es exactamente lo que es Laura Birn.

Está perfecta mostrando con solo una mirada el inmenso mundo interior de la pintora y la melancolía pre-depresiva que los mediterráneos damos por hecho que tienen todos los nórdicos. De hecho, la frase “Todos los artistas están tristes, incluso los alegres” sale de la boca de Helene Schjerfbeck. Cuando la veas, a ver si estás de acuerdo conmigo con que este papel le hubiera pegado hacerlo en su día a Katherine Herpburn, aunque no tengo queja alguna de la actuación de Birn, porque está impresionante. Seguramente si esta película se hubiera rodado en otro año, sin los festivales cerrados por la pandemia, habría tenido recorrido por Berlín, Cannes y Venecia. Casi seguro que Laura Birn se habría coronado en alguno y ahora estaría en la carrera de los Oscars. Fuck Covid.

A nivel técnico es la típica película de época. Perfecta en su resolución, pero te deja la sensación de dèjá-vu, como si cualquier figurinista, director de arte o cualquier director de fotografía habrían hecho exactamente el mismo trabajo. Me llama la atención especialmente en lo que respecta a la fotografía, puesto que las biografías sobre pintores se prestan a recrear con la luz el mundo pictórico del artista. Hay ejemplos muy notables, como Moulin Rouge (Touolousse-Lautrec), El loco del pelo rojo (Van Gogh) o las más recientes La joven de la perla (Vermeer de Delft), Frida (Frida Khalo) o Mr Turner (J. M. W. Turner). Bueno, han decidido hacer una película “de tacitas” que se ve bien, pero que ya está muy vista.

Crítica de Loving Vincent (2017): Cuando la pintura y el cine conviven

El caso es que es una película muy recomendable no sólo para descubrir a una pintora de un país del que poco sabemos, sino que como película está muy bien resuelta. Te guste o no la pintura, te gustará el cine, digo yo (por algo estás aquí).

Reseña Panorama
Helene
8.5
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