Chocolat

Un momento, un momento… sé lo que estás pensando ¿Chocolat? ¿No estuvo nominada al Oscar? ¡Es imposible que sea mala! Pues sí, no te quito la razón porque la verdad es que mala, lo que se dice mala, tampoco es que sea. Moña, ñoña, absurda, simplona, estúpida puede. Pero mala, mala del todo, tampoco es que sea. ¿Entonces?

Pues nada, que al final todo se resume a una cuestión de perspectivas, de dónde está situada la cinta en cuestión. Y el problema es ese, que fue nominada al Óscar en la categoría estrella. Eso significa nada menos que ser una de las cinco mejores películas del año. Y si objetivamente la cinta de Lasse Hallström no es lo peor, muchísimo menos es una de las mejores producciones del año 2000. Es que ni de coña. Chocolat es como si un equipo de la UEFA (y tampoco de los mejores) de pronto se viera en las semifinales de la Champion. Algo tendrá para acabar ahí… Pero el ridículo que va a hacer jugando contra los grandes (los de verdad) va a ser galáctico.

En otras palabras, Chocolat es al cine lo que un OOPART a la arqueología. Es un “tú no deberías estar aquí”. Un objeto curioso, pero descontextualizado y al que la ciencia no encuentra explicación. Como la pila eléctrica encontrada en Mesopotamia y los jeroglíficos egipcios del país vasco. Además, al final resultaron ser un fraude… Como la nominación de Chocolat a la mejor película del año. Pero sea como sea, en el año 2000 dio la campanada. Vamos a ver por qué.

5 razones que hacen que Chocolat no sea tan ridícula como ahora nos parece a todos.

  1. Es… como el chocolate. Con todo lo bueno y lo malo.

Como el chocolate blanco, para ser más exactos. Suave, edulcorado, empalagoso, lleno de calorías vacías, pero que mientras lo comes te hace sentir bien. Lo malo es que más tarde te arrepientes de habértelo tragado.

2. Es cine inclusivo

A nosotros en España no nos parecerá para tanto, pero Chocolat la protagoniza una actriz francesa con nada menos que treintaiséis años. Vuelvo a decir, eso puede no sonar a mucho, pero a las actrices en Hollywood la edad le cuenta por dos. Así que, traducido al idioma de las productoras estadounidenses, Binoche tenía 72 años cuando rodó Chocolat. Ninguna estrella femenina mediterránea ha sido nunca protagonista absoluta de una película de estudio. Ni Penélope Cruz, ni Mónica Belluci ni Marion Cotillard ni… No… creo que no hay más mediterráneas allende los mares. Pues eso. No sólo la protagoniza una francesa, sino que la dirige un sueco. Chocolat es un mensaje inclusivo que Hollywood lanzaba al mundo: “Venid. Sois bienvenidos y podréis trabajar en la fábrica de sueños. Podréis participar en Chocolat.”

3. Es 100% Miramax

Chocolat se estudiará como ejemplo de lo que ha sido una época y una manera de entender el cine. Aunque ahora Harvey haya caído al cubo de basura de la historia, nadie puede negarle a los hermanos Wenstein que no amen el cine. En eso vamos a ser justos y separemos al autor de su obra. Harvey será un monstruo, pero ama el cine y ha escrito su nombre en él por derecho propio. No todo el cine, eso si. Aunque los hermanos empezaron distribuyendo cine independiente y europeo, la verdad es que lo que les gusta de veras es las películas “Miramax”. Y, ¿cómo son estas películas? Pues exactamente como Chocolat. Melodramas de época repletos de estrellas. Pero el público no quería ese cine. El pueblo quería ver blockbusters y los Wenstein no querían producir blockbusters.

¿Solución? Pues hacer que el público viera el cine que les gustaba a los dos hermanos. Tal cual. ¿Cómo? Pues se les ocurrió algo que algo que parece mentira que nadie lo hubiera pensado y que, a la postre, cambió la industria del cine. Puede que Bob y Harvey no fueran conscientes de que iba a haber un antes y un después de su irrupción en la industria: ¿Qué películas siempre son vistas? Pues las que ganan los Oscars. Pues muy bien, las películas que les gustaba a los Wensteins tendrían estatuillas doradas a cascoporro. ¿Que Transformers cuesta diez veces más que Chocolat? Pues los Wensteins se gastaron diez veces más para promocionar sus películas de cara a los Oscars. La jugada les funcionó y a partir de entonces las campañas publicitarias en la temporada de premios serían de una ferocidad nunca vista.

Sé que es incómodo hablar hoy en día de él y siento como una voz en mi cabeza que me dice que tengo que justificarme por hablar de él. Como que tengo que dejar claro que los 23 años de cárcel que le han caído me parecen pocos para lo que ha hecho. Vale, pero al César, lo que es del César y a Wenstein lo que es de Wenstein.

4. Tiene a uno de los tapadillos más grandes de todo Hollywood

Grande. Grandísimo. Mayúsculo. Titánico. Faraónico. Todo es poco para describir a Alfred Molina. Es uno de los intérpretes con más presencia escénica del cine actual. Su energía llena el plano. Su manera de hablar, de mirar, de moverse… Pocos actores aportan el poso que nos regala este actor británico (Sí, británico. No es latino. Lo de Molina es por ascendencia española) y sin embargo su nombre no pasará a la historia. Solo ha sido nominado a un Bafta y a un globo de oro por Frida. Y eso que se comía a Salma Hayek (que sí fue nominada al Óscar). Este año ha logrado llegar a los Emmy. No es poca cosa, pero Feud ha colocado a seis actores en las nominaciones. Sí, es toda una hazaña colectiva, pero justo por eso, quedó muy deslucido individualmente. Por Chocolat nominaron al Óscar a Binoche y a Dench. A Molina no. Por enésima vez volvieron a olvidarse de lo mejor. Claro que también nominaron la película, así que está claro que aquí no dieron ni una.

5. Es como la novia que ahora no te crees que tuvieras.

Todos hemos tenido un novio o una novia que, echando la vista atrás, no entendemos en qué estábamos pensando. Pues Chocolat es un poco eso. Para ser nominada como la cinta del año, un importante número de académicos pensaron que era la mejor película del 2000. Ahora mismo no sabrán por qué lo hicieron, pero en su momento ninguna otra película les gustó más que Chocolat. Pues justo eso. Es la novia que nos echamos, que a nadie de la pandilla le gustaba especialmente y que todos se alegraron cuando lo dejasteis. No era exactamente tu tipo, no teníais tantas cosas en común, no tienes muchos recuerdos hoy de ella… Pero salisteis juntos. Ella te gustaba. Te gustaba tanto que llegaste a pedirle una cita (lo de que os enrollasteis porque estabais borrachos no cuela. Te gustaba y punto). Ahora no sabes por qué pero así fue. Eso es Chocolat. Ahora ningún académico recuerda ni una sola razón por la que puso su nombre en la papeleta. Es más, nadie confiesa que lo hizo. Según ellos, resulta que todos votaron a Ang Lee. Pero no. Chocolat les gustó y tampoco es tan bochornoso reconocerlo. A mi me daría más vergüenza decir que voté a Iñarritu por El Renacido, qué quieres que te diga.

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Redactor de cinefilosfrustrados.com - Mi blog personal: Cosas buenas de pelis malas : super8an.wordpress.com