Berlinale 2020: Día 2, tarde pero llegamos

Berlinale 2020

La aterrizada en la Berlinale, un día tarde, fue bastante movida. A mi lado en el avión venía una pareja de alemanes típicos: un rubio de azulada y diáfana mira de cara angulosa y una pelinegra cuyos ojos nunca se cruzaron con los míos. Ambos de presencia física importante. Imponentes, grandes, en el mejor sentido de la palabra, alejados de ese nuevo y agringado significado que la emparenta con la gordura, y de buen ver. Su nerviosismo, venido del movimiento del aparato, se les notaba en el cruce de piernas y en la rigidez de sus posturas. Parecían impertérritos. El mío lo ocultaba leyendo, pero mis manos estaban húmedas. Pocos minutos luego, y agradecido por tener los pies en Tegel —una terminal de buses de antaño adaptada para servir como aeropuerto—, en el nomás bajar del avión ya una oficial de migración atiende a todos los pasajeros que al superarla tienen a tiro de piedra tiene su propia salida.

Hallo

2.50 euros permiten tomar el TXL, el bus que va desde Tegel hasta Alexandreplatz con una de sus paradas en la estación de tren principal de Berlín. Terminada en 2006, Haupbahnhof es un bello y enorme edificio que combina vidrio, acero y hormigón y que resalta por contraste lo vetusta de su terminal aérea. Su lobby hace presente el concepto de centroeuropa donde Este y Oeste se encuentran. Su contemporaneidad choca con lo histórico de la ciudad. Estoy en Alemania, estoy en Berlín, estoy en la Berlinale. De allí en taxi al hotel.

Berlinale 2020 01Encontramos su reservación hecha por la Berlinale, pero no el pago. Tendrá que pagar usted.

La amabilidad alemana, que nunca se puede poner a prueba, se logró superar unos minutos después para descargar la maleta en la habitación e ir por el pase de prensa, la llave a la exuberante muestra de películas de todo calibre y desde cualquier latitud. Corrian las 15:00 de ese sábado y todo diáfano. Tarjeta en mano fui a por el paquete de prensa con sus folletos para empezar a programar la semana. Como resultado, el sábado se ponía corto. Nada que hacer más que meterme a una de las secciones más peligrosas dentro de los festivales. La de Gala Especial, que por ser el lugar donde las distribuidoras cuelan sus no tan buenas, por decirlo con elegancia, producciones, y la Berlinale no puede ser menos. Special, se llama aquí y en ella leía algo sobre un western situado en Australia justo en el periodo entre guerras que, cómo no, revisaba el actuar blanco en ese lugar. Por algo habría que empezar.

High Ground

Travis (Simon Baker) excombatiente francotirador de la Primera Guerra Mundial que dirige como policía una operación en el norte de Australia. Todo se hace caos y masacre con solo dos sobrevivientes, Baywara y Gutjuk (Jacob Junior Nayinggul), que son los pivotes de Travis en la película. El primero, porque ahora es un rebelde buscando vengar a su pueblo; el segundo porque se ha adaptado al blanco y debe ir ayudar en la casería de Baywara, su tío. Un hermoso arranque, dentro de una fotografía propagandística de ese país, para dilatarse tanto como el tiempo que le tomó al director, Stephen Maxwell Johnson, hacerla: 20 años. En ella es fácil resaltar lo que no se debe hacer en una película que mira al pasado.

 

Si aceptamos que ver el pasado es ver un posible futuro que no fue, se debe tener mucho oficio y propuesta para proponer una revisión. Si lo que se quiere es mostrar lo que sucedió, pues el film debería estar alejado de maniqueísmo en tanto que matices en la moral y el comportamiento humano siempre ha habido. Lo que más me chocó y descolocó viéndola es el desperdicio de un potente historia real de mala comunicación, cuando la propuesta del director siguió en la misma línea de no comunicar lo que debió y perder el mensaje fundamental dentro de la caricatura de personajes que no logra desarrollar.

Llegar a casa mascullando lo malo visto y el cansancio que no me dejaba dormir. Seguir jugando al Tetris con la programación para el domingo que trae entre otros a Pinocchio de Matteo Garrone, Siberia de Abel Ferrara o Undine de Christian Petzold.