Balada Triste de Trompeta es una película dirigida por Álex de la Iglesia y protagonizada por Carlos Areces, Antonio de la Torre y Carolina Bang.

Todo comienza en un circo. Payasos, niños sonriendo y de pronto entra un ejército en escena. Es así, en líneas generales, como comienza Balada Triste de Trompeta, una cinta que gusta o no pero que no suele dejar indiferente a nadie. La genialidad de la historia reside en una simbología que ya iré desgranando a medida que avance.

Balada Triste de Trompeta comienza en el año 1936, año maldito para la historia de España por inicio de la Guerra Civil, y nos encontramos en la carpa de un circo que recorre pueblos. Mientras los payasos están actuando, un grupo del ejército republicano (el que en ese entonces era el ejército español oficial que tenía que luchar contra los rebeldes sublevados) irrumpe en la carpa y recluta a todos los trabajadores de ese circo.

Uno de ellos es el payaso Tonto (Santiago Segura), quien tiene un hijo llamado Javier (interpretado de mayor por Carlos Areces) que seguirá, ya en los últimos años de la dictadura, la tradición familiar. Aunque no será payaso Tonto, sino que se convertirá en el payaso triste. Es ahí cuando entra a trabajar en un circo y disputarse el amor de una mujer (Carolina Bang) con otro payaso, interpretado por Antonio de la Torre.

Los créditos de apertura son uno de los más bellos y directos que he visto en mucho tiempo.

La película comienza con un hecho fundamental para su desarrollo: el reclutamiento del padre de Javier en el bando republicano. Es ahí cuando el niño pasa de serlo, a pesar de su corta edad, para transformarse en un hombre, aunque sea demasiado precoz y tenga sus consecuencias en su etapa adulta. Luego de esta primera escena de apertura aparecen los créditos. Creo que son los créditos de apertura más directos y bellos que he visto en mucho tiempo. Con un quejido grave y una música casi de semana santa (con giros violentos en su interpretación), mete al espectador de lleno en lo que es la España de la dictadura y la cultura de ese tiempo. Es ahí cuando se empieza a ver ese resentimiento de las dos españas escondidos bajo la alcoba.

El desarrollo de la primera parte de la cinta corre a un ritmo vertiginoso. Las escenas de lucha son un poco atolondradas, aunque regalan grandes momentos de realización. Ese payaso Tonto atacando a sus enemigos es una maravilla estética. Casi que se le perdonan algunos altibajos en la realización. Cosa que sucede en toda la cinta. Y luego viene el que es un punto determinante en la acción: cuando el ejército sublevado detiene al payaso Tonto.

El payaso Tonto es encarcelado durante muchos años. Mientras, su Javier se va haciendo adolescente. Javier visita a su padre a menudo. En una de esas visitas le dice a su padre que quiere seguir la tradición y ser el payaso Tonto. Pero su padre le dice que no. Nunca tendrá gracia porque nunca ha sido niño. Así que le dice que tiene que ser el payaso Triste, además de que le insta a la venganza contra todos aquellos que le han robado su niñez. Este punto, además de la muerte de su padre en un atentado perpetrado por el propio Javier, harán que su carácter cambie para siempre. No quiere recibir compasión de nadie, puesto que es un hombre.

La fotografía nos sitúa en un país asfixiado por más de treinta años de dictadura.

Es hay cuando se produce un salto temporal enorme en la historia. Quizás el espectador, entre los que me incluyo, esperaba que no se llevará la historia tan al filo del inicio de la transición. Pero el guión lo lleva hasta el año 1976, a una humilde barraca de circo. Es ahí donde empieza un triángulo amoroso que reproduce, a veces mejor y otras no tanto, una lucha interna entre las dos españas. La fotografía es espléndida, situándonos en un decadente país asfixiado por una dictadura de más de treinta años. Javier comienza entonces a ser el payaso Triste (interpretado por un maravilloso Antonio de la Torre) , compañero de escena de el payaso Tonto.

Sergio, el payaso Triste, es una persona llena de rabia. Un ser alcohólico y violento que, tras el disfraz de payaso, es adorado por todos los niños. El poco control que tiene sobre sus emociones y el alto ego que posee, hace que sus compañeros de circo le adulen pero a la vez le teman. Está casado con Natalia (Carolina Bang), la chica de las telas, que siente una atracción y una repulsión evidentes a lo largo del film. No es amor-odio, el amor que se profesan es más fuerte que eso. Pero Natalia se va sintiendo algo por Javier, a quien ve diferente a su marido, un triángulo amoroso que desencadenara en un último acto un tanto descontrolado. En ese último tramo de la historia, el director se deja llevar por el exceso y el montaje se vuelve, en ocasiones, muy poco ágil.

Pero antes de llegar a ese último acto, hay que destacar el punto más importante del segundo. Sergio y Natalia quedan a escondidas. Natalia se va, poco a poco, sintiendo más atraída por el carácter de Sergio. Pero Javier los descubrirá en una de sus escapadas y dará rienda suelta a su violento carácter. Sergio acaba en el hospital, Natalia y Javier en el circo. Pero la rabia invade el carácter del payaso Triste y agrede a Javier, desfigurando su rostro. Es ahí cuando el carácter de Sergio se vuelve salvaje, sin que no haya marcha atrás.

El cambio de Sergio se ilustra en la desfiguración de su rostro. Es una prueba visual de que no quedan apenas resquicios del hombre que fue. Es entonces cuando empieza la búsqueda de su amada. Perseguido por la policía, a causa de la agresión a Javier, Sergio empieza a sembrar el caos por la ciudad. Y todo con su cara desfigurada y disfrazado de payaso. Mientras, Javier se da cuenta de que sus días como payaso han acabado y Lucía lo abandona. Ahora solo le queda volver a recuperar a Lucía y acabar con Sergio.

Es este tramo de la película donde la historia se vuelve un poco descontrolada. Los saltos en los tiempo de la acción no están bien calculados y algunas cosas en la trama son cogidas con remiendos para evitar alargar el metraje. También puede ser un poco criticable la actitud de Lucía, ya que sigue inmersa en un triángulo amoroso del que recibe palos continuos. Pero ahí estaría el símil con España. Ambos bandos luchan por España. Ambos bandos usan al final los mismos métodos para lograrlo. Métodos muy cuestionables que tratan de disfrazar de amor, justificando cualquier acto atroz que se cometa.

La educación paternal se impone, finalmente, a cualquier duda racional.

Y es ahí cuando se llega a un final de trama de locura. Pero antes, se vive una batalla interior en Sergio, cuando entra en cine. Allí se proyecta una película de Raphael. En mente rota, entabla una conversación con el cantante. ‘Dejala ir, no te conviene’, le indica Raphael. Pero en su mente se une otra persona de su pasado, su padre. El padre de Sergio le dice que luche por ella, que haga lo que hace un hombre. Finalmente, esas palabras que le dirigió su padre vencen ante cualquier duda racional. Se impone el pensamiento paterno que se le inculcó de joven. Y es en ese caos, donde se llega al final de la historia.

En la Cruz de los Caídos, símbolo del horror de una de las etapas más negras de la historia. Y es allí donde Lucía perece tras partirse la columna en dos. Esa columna, que tras casi cuarenta años, sigue dividiendo a nuestro país en dos. Ya solo quedan los dos payasos, riendo uno y llorando otro, rabiando en furgón policial camino a la cárcel.

El caso es que esta película no deja indiferente, guste más o menos. El estilo algo barroco, surrealista en ocasiones, atrapa al espectador. La fotografía de Kiko de la Rica es arriesgada, pero a la vez engancha. Sólo los fallos en la producción y flaquezas en el guión, hacen que esta obra de Alex de la Iglesia no sean redondas. La violencia, aunque en ocasiones algo gratuitas, deja unos planos impresionantes. Lo que se echa en falta es algo de genialidad en los toques de humor negro, quizás algo simples. Eso sí, magnífica la parte del atentado a Carrero Blanco, donde Sergio pregunta a los terroristas a que circo pertenecen.

Ya para terminar, obra recomendable por la estética y la historia de fondo. También a destacar un trío protagónico que borda sus papeles. Con sus claroscuros, pero muy recomendable. Alex de la Iglesia hace algo único en el cine español: Hacer una película con tintes americanos dentro del costumbrismo español.

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Reseña Panorama
Balada Triste de Trompeta
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Buscador de unicornios como caballero de la mesa cuadrada del Rey Arturo, cazador de gallinas con el Señor Fox y uno de los que sabe quién mató a Laura Palmer. Pero esto último no se lo digáis a nadie. Sssshhhh.