La sustancia viene a demostrar porque el cine es tan maravilloso. Se estrena mañana viernes 11 de octubre en salas.
La sustancia es una absoluta barbaridad. Una lección categórica de cine. Una cinta transgresora, audaz y muy necesaria que propone abiertamente ser una acusación satírica salvaje de nuestra obsesión social con la juventud, la belleza, la autoestima y el precio privado que esto supone. Además, expone de manera explícita y exquisita la mercantilización de los cuerpos de las mujeres en la sociedad patriarcal en la que todos vivimos y somos partícipes. Todo, con la misma sutileza que supone dar un manotazo sobre la mesa, es decir, ninguna. En términos de terror, entretenimiento y aprendizaje, La sustancia es una experiencia abrumadora, incómoda e impresionante.
Desde los primeros minutos, la película te dejará perplejo por como manifiesta la insensibilidad dentro de la brutalidad, asombrado por su esclarecedora visión en sus creaciones y cautivado por el acercamiento desvergonzado, obsesivo y valiente que realiza hacia su historia. La sustancia es una bestia propia, una joya total, cruda, directa, hipnótica y grotesca. No tiene ni conoce límites. Busca inyectarse en tu interior para congelarte en tu asiento y dejarte incapaz de cerrar los ojos.
La dirección, la fotografía, la edición de sonido, el diseño de producción y la banda sonora se unen para crear un espectáculo visual y visceral que está a otro nivel, sin dejar de lado su mensaje en ningún momento. No solo estamos hablando de una de las mejores películas de terror del año, sino de una película que ha pasado a ser de culto de manera instantánea.
Si todo esto aún no te ha parecido suficiente, incluso su crítica se ha vuelto metatextual debido a varias de las reacciones que ha sufrido la cinta. Después de todo lo que os acabo de comentar, después de haber recibido una ovación de 11 minutos y haber ganado el premio a Mejor Guion en Cannes —y muchos otros que están por llegar—. Después de haber creado un producto valiente que no deja indiferente a absolutamente nadie, provocando por igual reacciones yuxtapuestas donde se incluye tanto a gente horrorizada abandonando salas antes de tiempo como a gente que sale maravillada. Después de todo eso, todavía es posible encontrar en parte de la crítica especializada una opinión común bastante desafortunada.
Aseguran que su directora, Coralie Fargeat —quién dirige, escribe e incluso monta la cinta por si fuera poco—, ha logrado todo esto gracias al éxito de otros que llegaron antes, leyendas como Kubrick o Cronenberg. Muchos sostienen que La sustancia ‘no tiene sustancia’ debido a que aprovecha y hace referencia a grandes historias de culto, desprestigiando su trabajo.
También describen la actuación de Demi Moore —quien protagoniza la cinta— como ‘valiente’, un eufemismo para referirse al hecho de tener la temeridad de desnudarse completamente frente a la pantalla a la edad de sesenta y un años para mostrar sus ligeras imperfecciones físicas. El hecho mismo de que esto se perciba como que requiere coraje o de que cuando una directora destaque sea porque se ha fijado en los genios o historias que ya conocemos, es una de las principales razones por las que una película como La sustancia existe y necesita existir.
Coralie Fargeat es la nueva dueña del horror corporal

El subgénero de terror llamado horror corporal —body horror— sugiere un interminable lienzo para la exploración de los horrores del cuerpo humano transformado en pesadillas. Adentrarse en él significa cruzar el umbral hacia lo desconocido, donde todo es posible e imposible a partes iguales. David Cronenberg es, sin duda, el mayor abanderado, con películas como ‘La mosca‘, ‘Crímenes del futuro‘ o ‘Videodrome‘; seguido muy de cerca por el reciente ascenso de Julia Ducournau, con películas como ‘Crudo‘ o ‘Titane‘. Ambos han sido capaces de encontrar formas fascinantes y únicas de implementar estos macabros elementos en una gran cantidad de temas distintos.
Sin embargo, Coralie Fargeat ha decidido con La sustancia revolucionar el género, cogerlo y hacerlo suyo. Derrochando la calidad que ya se intuía en su excelente debut ‘Revenge‘ de 2017, precedido en 2014 por el corto llamado ‘Reality+‘ que sembraba la semilla para esta cinta, Fargeat no busca contenerse. Tiene la intención de construir una atracción corpórea de horrible belleza. Con La sustancia juega con el papel de un dios, rompiendo las reglas y nociones del cuerpo y sus capacidades, probando a la audiencia para ver si pueden soportar a la bestia brutal que ha creado.
Como si se tratara de un cruce entre ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde‘ de Robert Louis Stevenson junto con ‘El retrato de Dorian Gray‘ de Oscar Wilde, La sustancia se convierte en una amalgama de invenciones sangrientas, haciendo referencia a múltiples leyendas del cine y clásicos de culto por el camino, como puede ser a Stanley Kubrick con ‘El Resplandor‘, Stephen King con ‘Carrie‘ o al propio Cronenberg entre muchas otras.
Cuando uno comienza a visualizarla, inmediatamente se da cuenta no solo de lo bien versada que está Coralie Fargeat en la historia del cine, sino también de su gran confianza detrás de las cámaras. La película rezuma, tanto literal como figurativamente, estilo, adoptando técnicas alucinatorias y horripilantes que hacen que cada pieza de terror tenga una gran fuerza de destreza cinematográfica. En consecuencia, se siente como un soplo de aire fresco, una adición única a un vasto género llena de ideas y conceptos que son tanto llamativos como emocionantes.
Al igual que con ‘Revenge’ demostró cómo podía tomar un subgénero como el thriller de venganza de violación y hacerlo suyo a través de su metodología feminista única en su cine, Fargeat hace lo mismo con el horror corporal. La sustancia está influenciada, pero es inteligente, prolífica y tiene su propia forma de manejar la psicología y la metáfora. Está hecha dentro de los límites de un subgénero que no había visto tanta reinvención desde que ella ha cogido sus riendas y se ha convertido en su dueña. Confía en mí cuando te digo que no estás preparado para todo lo que vas a experimentar.
Estilo frente a desentendimiento

Fargeat combina tanto a talentos en pantalla con a un equipo igualmente formidable detrás de las cámaras. El trabajo que realiza junto con el director de fotografía Benjamin Kracun, enmarcando tomas en una naturaleza precisa e inventiva y basándose en el espeluznante esquema de colores neón y en la música electrónica de ritmos pegadizos de ‘Revenge’, propulsan a la película con una energía única como resultado.
La cinta se desliza a una velocidad apabullante, implacable en la exposición de escenas gráficas tan detalladas que dejarán a los más aprensivos al borde del desmayo. Cuando todo esto se combina con los ángulos de cámara inusuales, los primerísimos primeros planos extremos, las técnicas de edición llamativas, el diseño exagerado de producción, la partitura musical electrónica nerviosa, el diseño de sonido agobiante y el perfecto uso de efectos prácticos, permitirá trabajar al unísono en los espectadores tanto psicológica como visceralmente. Todo en su conjunto añade una personalidad propia a la película con la que Fargeat juega de principio a fin con una visión cristalina, tejiendo esas cualidades junto a una sátira que gozará de todas ellas como anillo al dedo.
Y es cuando entra en juego la sátira y el horror corporal cuando es más fácil desentenderse del mensaje principal y utilizarlo como excusa para desautorizarlo, sobre todo cuando este no te llega o te afecta directamente. El final de La sustancia es lo bizarro de la bizarrada, rizar el rizo, un festival de vorágine que hará a muchos abandonar la sala mientras que a otros los hará reír de incomodidad y asombro. Un final al que muchos atribuirán como una completa ida de olla o falta de sentido, pero esto es exactamente lo que busca Fargeat.
El final de La sustancia es la mayor metáfora de la cinta. Se encarga de coger a toda esta gente que no ha entendido nada, de mirarles a los ojos y decirles: «vosotros sois los culpables de todo esto. Lo que estoy criticando debería de horrorizaros tanto como hacen estas imágenes. Si arrojáis juicio, estáis cubiertos de sangre». Es una liberación contundente y extrema con la que Fargeat ha estado preparando al espectador desde el principio y que se siente como un broche de oro a una obra maestra del cine.
Actuaciones de primer nivel

Más allá de la pura artesanía que se exhibe en esta película, gran parte de su éxito se debe a las impresionantes actuaciones que alberga. Al igual que como nos tiene acostumbrados, con La sustancia Fargeat escribe un guion apretado centrado en muy pocos personajes.
En el centro se encuentra Demi Moore, en el que, sin duda, está el mejor papel de su carrera —no sería descabellado decir que merece, por lo menos, una nominación a los Oscar—. La actriz ofrece una actuación dinámica, a diferencia de cualquier otra cosa que haya hecho antes, mostrando aspectos completamente nuevos de su talento en el proceso y aportando algo fundamentalmente humano al caos gráfico que supone la cinta, alma. Moore, que probablemente ha estado mucho más cerca de este sistema cruel que reina en Hollywood de lo que queremos creer, nos presenta a un personaje donde cada uno de nosotros nos vemos representados, debido a que los problemas y horrores que refleja son una enfermedad podrida que reina profundamente en nuestra sociedad actual.
Su contraparte está interpretado por Margaret Qualley, quien aborda el desafío de frente con una actuación intrépida y una presencia magnética que la pone como ejemplo inalcanzable de belleza. Su desempeño la cimenta completamente como una de las estrellas jóvenes más interesantes del panorama.
Por último, Dennis Quaid se convierte en un caricatura perfecta de los hombres horribles y despreciables que se encuentran en posiciones de poder, encarnando cada tropo lascivo y depredador que jamás hayas imaginado en un personaje completamente repulsivo. Es uno de los mejores trabajos de Quaid, y se hace aún más impresionante por el hecho de que no está en la mayor parte de la película como se podría pensar, ya que Fargeat y Kracun a menudo utilizan lentes deformantes o primeros planos incómodos para hacerlo parecer aún más grotesco y así asegurarse que su figura se mantiene omnipresente a lo largo de la cinta.
Crítica de ‘The Sweet East’, Lillian en el país de las maravillas
Una obra maestra

Coralie Fargeat ha creado una mezcla perversamente divertida, audaz y poética de horror y sátira. La sustancia es un viaje completamente entretenido, refrescante, impredecible y emocionante. Se presenta de forma contundente, honesta y mordaz en su comentario sobre la belleza, el envejecimiento y la fama —en plena era del Ozempic y de la exposición falsa de vida perfectas en las redes sociales—. Supone una protesta fuerte, indignada y poderosa contra la superficialidad y por reconocer el valor intrínseco de la belleza interior y la autoestima en un mundo que es deshumanizante, materialista y misógino.
La sustancia es diferente a todo lo que has visto antes. Una impresionante experiencia cinematográfica que está destinada a permanecer en la sinapsis social y que exige ser vista en una sala cine rodeado de una multitud de personas jadeando, haciendo muecas y no dando crédito de lo que está viendo. Una obra maestra del cine moderno.
Ficha Técnica ‘La sustancia’
Título original: The Substance
Año: 2024
País: Reino Unido
Dirección: Coralie Fargeat
Guion: Coralie Fargeat
Reparto: Demi Moore, Margaret Qualley, Dennis Quaid, Gore Abrams, Tom Morton, Tiffany Hofstetter, Joseph Balderrama, Oscar Lesage
Música: Raffertie
Fotografía: Benjamin Kracun
Productora: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos-Francia; Working Title Films, 21st Century Film France, Blacksmith
Género: Ciencia ficción. Terror. Drama
