Es uno de los peligros de las plataformas de streaming: cuando aparecen clásicos de la TV puedes, de repente, meterte un maratón revisionando aquella serie que viste hace eones o… Como en este caso: una que has visto mil veces. Así que aprovechando el enésimo visionado de Friends, en Amazon Prime, vamos a proceder a calibrar que tal se lleva esto de ver esta serie en pleno 2020.

Los anglosajones lo llaman binge watching, esto es: devorar una serie episodio tras episodio en un maratón infernal. Si bien podríamos discutir la salubridad de dicha práctica si podemos estar más de acuerdo en que es más apetecible con series ya vistas, especialmente sitcoms (por su escasa duración y montaje basado en gag tras gag), siendo Friends una de las más apetecibles para tal práctica del primer mundo. Aprovechando que las diez temporadas están presentes en el catálogo de Amazon Prime Video la situación se ha presentado sola: iniciamos un revisionado de Friends, en versión original, y prestamos especial atención a como es esto de ver este fenómeno sociocultural en pleno 2020.

Friends 01

Conviene recordar, aunque brevemente, como llegó primero el público estadounidense, y más tarde el resto del globo, a Friends. Las sitcom anidaban en la programación de las grandes cadenas del país desde los años cincuenta, con éxitos como I Love Lucy (1951-1957) o M*A*S*H (1972-1983), llegando al punto de ebullición en los años ochenta, en plena administración Reagan y aires conservadores con series como The Cosby Show (1984-1992) como mejor ejemplo de la sitcom familiar, de sofa en medio del salón, familia bien y valores sociales que requerían una solución de aprendizaje de lección al final de cada episodio. Las excepciones a dicha fórmula, lideradas por las contundentes (y de mayor calidad), Cheers (1982-1993) y especialmente Roseanne (1988-1997), apelaban -por su mera propuesta más realista y ruda- a un público diferente. Con la llegada de Friends, en 1994, la NBC presentó una sitcom de estilo convencional pero protagonizada y proyectada para una franja concreta de edad: los veinteañeros.

Friends 02

Friends muestra sus cartas en una inusitada (no se vuelve a repetir en lo que queda de serie) serie de pequeñas escenas, casi gags, en el piloto rodado en mayo de 1994: cada personaje tiene su momento en el Central Perk, verbalizando con humor la mayoría de características con las que David Crane y Marta Kauffman (creadores de Friends) retrataron, brevemente, a los seis protagonistas en su propuesta inicial. Friends empezaba pues con una declaración de intenciones: seis veinteañeros viviendo en Nueva York, sin unidades familiares, sin sofá, sin un abuelo o abuela, sin niños. Una conexión del coro principal con el estrato social imperante en el primer mundo, alojado en la ciudad más cosmopolita del mundo y rondando la edad en la que uno debería reinar en el mundo.

Por supuesto nada de esto hubiera sobrevivido más allá de la primera temporada sin el elemento que define a una sitcom: el humor. Y en dicho ingrediente Friends brilla de forma insultante: uno no recuerda ni un solo gag, o línea de diálogo pretendidamente divertida, que fracase en su propósito primario. Partimos, cabe recordar, de uno de los mayores aciertos de casting vistos en el medio y, aún mejor, de uno de las mejores intersecciones entre actor y personaje. Viendo Friends uno puede afirmar que cualquiera de los seis protagonistas es su favorito, el que más le hace reír, sin caer en la excepción. Todos son candidatos.

Friends 03

La primera temporada de Friends no sólo cumple como excelente carta de presentación sino que, en si misma, supone un evento único en el devenir de la serie: por pura obviedad numérica se trata de la temporada en la que el grupo es más joven, más libre, apenas iniciada su etapa adulta y debido a ello los guionistas enfocan casi todo el humor hacia gags concretos, pequeñas historias y apenas un par de arcos personales: los que afectan a Rachel (Jennifer Aniston), adaptándose a su nueva vida al mismo tiempo que el espectador se adapta a Friends (trasunto que requiere sólo el episodio piloto) y especialmente a Ross con su reciente divorcio, inesperada paternidad, aceptación de la nueva pareja de su ex y, a la postre, sus sentimientos por Rachel.

Tal vez esa ausencia de grandes arcos para cada personaje son los que, en esta primera temporada de Friends, permiten la transpiración de esa adaptación de la serie a los tiempos presentes. Por un lado los creadores, pues esto ya aparece en las primeras escenas del piloto, Friends -pese a su apuesta por veinteañeros en los años del grunge, la generación X y demás- tiene una patina moral mucho menos atrevida. No patinamos, creemos, si afirmamos que los seis personajes parecen, simplemente, versiones previas de aquellos matrimonios que podíamos ver en las mencionadas sitcom clásicas. Los seis personajes, conscientes de que aún es pronto, parecen seguir un guión vital que el espectador, parece, debería asumir por igual: en un futuro conocerán a su pareja definitiva, tendrán hijos, una casa etc Es inusitada la fuerza con la que esa idea sobrevuela muchas de las historias de esta primera temporada.

Así pues Ross (David Schwimmer) siente su separación como un auténtico fracaso y Monica (Courteney Cox) padece una crisis existencial cuando su hermano está a punto de ser padre: teme no sólo no tener hijos sino que ella, como mujer y como persona, no sea digno de ello. Incluso en su condición de veinteañeros los protagonistas de Friends tienen claro que se supone que deberían estar haciendo: las urgencias por una cita, con quien sea, cuando llega un sábado o cuando llega San Valentín, remiten a un fracaso absoluto. Un paria social. Y no se trata de una parodia o de un relato autoconsciente sino que es la fórmula vital que transpira la serie. Huelga decir que ya en 1994 todo este envoltorio conservador no era, por suerte, la norma.

Otro cantar es el tratamiento de situaciones que, obviamente, hoy en día recibirían un aproximación completamente distinta. Nuestro ojo temporal se resiste a hilar tan fino en este proceder: la relación de Carol (Jane Sibbett), la ex de Ross, con Susan (Jessica Hetch) no rebasa jamás la jocosidad no sólo de que sean lesbianas sino de que a Ross le hayan puesto los cuernos con otra mujer. Los límites de lo supuestamente masculino entre los tres chicos y, sobre todo, una suerte de enciclopedia, escrita al parecer con sangre, sobre que se supone que hace cada género, habitan en casi cada episodio de la temporada.

Probablemente es ahí donde Friends, merced a unos guionistas muy ágiles en la escritura, la dirección y especialmente el éxito colectivo del cast, nos hace olvidar cualquier atadura moral, y casi cualquier desacierto social (con o sin la coartada de los años noventa), con esas dosis incesantes de humor. La diversidad de elección sobre que personaje destaca más tiene su razón de ser: cada uno emite un tipo de comicidad distinta algo en lo que Friends basará su futuro éxito.

Friends, en su debut, funciona mejor en el gag sencillo, sin pretensiones evolutivas sobre los personajes que cuando pretenden ponerse serios. Así pues tramas como las de Chandler (Mathew Perry) encerrado en el cajero en pleno apagón, el vehículo estratégico que resulta ser Paolo de cara a elevar (y alargar) el inevitable romance Rachel-Ross o el episodio con los pechos de Rachel y su decidida venganza por verle el asunto a Chandler son de lo más divertido. Por contra tramas como la de la madre de Chandler, la doble muerte de la abuela de Monica y Ross o la amante, con a su vez amantes múltiples, de Chandler se quedan algo cortas en su intención de dotar de peso dramático al coro.

Dualidad que rompe, por dos veces, en sendos puntos álgidos de este primer año, la mejor actriz hasta el momento: Lisa Kudrow. Primero con su breve romance con el científico David (con una Kudrow estelar recitando los dos papeles en su ruptura antes de fin de año) y segundo reaccionando al lío entre su hermana gemela Ursula y Joey (Matt LeBlanc). Huelga decir que el resto del grupo no tienen, ni por asomo, momentos similares. No obstante, entre los chicos, destaca sobremanera un David Schwimmer pletórico con el tiempo de sus reacciones (mirando casi a cámara, un recurso digno de los Peanuts de Schultz), gestos y especialmente una fisicidad cómica, slapstick, con la que se regala a menudo.

No exageramos, y creemos que estamos en franca sintonía con el fandom, en que se trata de una gran primera temporada. Pese a que, y sentimos el apunte final traicionero, los creadores deciden que Rachel de golpe y porrazo sienta interés por Ross única y exclusivamente porque sabe que Ross lo tiene en ella. Y es, precisamente, adonde queríamos llegar: nos importa, a fin de cuentas, un pimiento. La escena en la que Rachel, y el resto, se dan cuenta es tan genial que nos olvidamos de todo.

Mejor episodio: el del apagón.

Peor episodio: el de la abuela Nana.

Mejor personaje femenino: Phoebe

Mejor personaje masculino: Ross

Reseña Panorama
Puntuación general
8
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