Seguimos imparables en nuestra revisión de Friends devorando la tercera temporada, asistiendo a la primera de las muchas iteraciones de la relación Rachel-Ross, y momentáneamente constatando que la serie mejoraba año tras año. Seguimos, claro, observando el paso del tiempo y su adaptación a 2020 sin que ello impida nuestro pleno disfrute. Aunque sea porque nos partimos de risa.

La tercera temporada de Friends se inicia con un ejemplo perfecto del momento que atraviesa: Rachel hace -parcialmente- realidad una de las fantasías sexuales de Ross al vestirse como Leia Organa en el palacio de Jabba al principio del Retorno del Jedi. Más allá del ímpetu emocional que nos invade ante la idea de Jennifer Aniston transmutada en Leia Organa, rubrica una realidad que puede derivar en un foco de debate para Friends e incluso otras sitcoms: las relaciones a largo plazo e incluso la felicidad más allá de la que se da por el mero hecho de estar vivos, ser jóvenes, vivir en Nueva York y tener esos amigos tan estupendos, más allá de todo eso, es perjudicial.

No es que los personajes merezcan sufrir, y menos en una sitcom, pero sí que cuanto más se aleja Friends de su premisa inicial (esto es: los seis jóvenes y solteros), más deben adaptar la misma a algo que no suele ir de la mano con la idiosincrasia de las sitcoms: los personajes son esencialmente siempre los mismos. Así pues es normal, y estratégicamente saludable, que los productores e implicados decidieran romper, un año completo de estabilidad, la pareja Rachel-Ross. No sólo ofrecía nuevas posibilidades post ruptura sino que podían marcar con ello buena parte de la segunda mitad de temporada.

De ese modo llegamos a la dupla de episodios más reconocibles y famosos de esta tercera temporada de Friends: el de la ruptura, con el ya inamovible “we were on a break!!” y el del día siguiente a los hechos. Aquí nos resulta imposible no señalar, de nuevo, la ominosa toxicidad de un Ross (David Schwimmer) que se cava la tumba de su relación con Rachel él solito al no poder reprimir unos celos nacidos de la inseguridad (aquello tan sexy, ¿eh?) y tratados con decisiones tan lamentables como acosar a su pareja en su lugar de trabajo, ignorar la importancia de este para ella y culminar con una constante muestra de no entender lo que se estaba jugando. En todo ese proceso Rachel (Jennifer Aniston) demuestra una actitud mucho más madura aunque no estamos seguros si la serie tiene eso claro o, de algún modo, valida ambas posiciones como si todo fuera un error conjunto. Sí, nos posicionamos: Rachel tiene razón. Sobre el tema del descanso no nos vamos a posicionar (pero Ross podría haber aplazado su aventura con la de las fotocopias hasta no tener medio bar nadando en su sangre).

El resto de la temporada ofrece episodios muy divertidos y excitantes como son los cuatro del tipo bottle episode, es decir los que se reducen a un solo escenario: el que nadie está listo para el gran momento de Ross; el del fútbol; el de la cabaña; y el de la playa, el primer final de temporada que termina en un cliffhanger y, además, rompiendo esa madurez del personaje de Rachel para acercarla a Ross en las artes de inmadurez y manipulación. Una inconsistencia que olvidamos con todo el cachondeo de ese y el resto de los 24 episodios de esta temporada.

Friends 01

Friends vuelve a otorgar protagonismo a Monica (Courteney Cox) con una nueva relación estable: en este caso con Pete (Jon Favreau), un arco que se nos antoja aburrido desde su primera escena hasta su resolución. Mejor suerte corre el personaje de Phoebe (Lisa Kudrow) en su búsqueda familiar: conocemos el destartalado de su hermano y especialmente a su madre como maravilloso clon de una de sus hijas.

Por poner otro pero a un año que mejora las ya notables primera y segunda temporadas podríamos advertir que, más allá de esa toxicidad de Ross (tan analizada en los últimos años), sobresale una Monica absolutamente presa del pánico cada vez que se ve sola, como si no fuera nadie sin el amparo y compañía de un señor. No discutimos que eso sea plausible, hay de todo, por supuesto, pero si que es alarmante que la serie parezca validar, de nuevo, dicho proceder y raciocinio como algo normal. En lo positivo debemos recordar que, en plena depresión post Richard, decido ser madre por su cuenta.

El resto de personajes tienen sus momentos aunque lejos del peso de Rachel y Ross. Destacamos la apariencia de Mathew Perry (parece que no pasaba por su mejor momento), que incluso cambia por completo su forma de expresarse y lanzar sus habituales líneas de diálogo ingenioso y rápido y el episodio con los flashbacks. Tal vez rompe con lo visto, nada concuerda (Phoebe y Ross, ¿en serio?), pero ofrece momentos impagables como la presentación de Joey (Matt LeBlanc) o la fantasía de la Rachel pre-Friends con ¡Chandler! al son del Time of the season de Zombies.

Friends 02

Presencia de las habituales estrellas invitadas (Sherilynn Fenn, Robin Williams, Billy Crystal, Ben Stiller) en una temporada que se percibe más cohesionada y, sin duda, muy cerca de lo que podríamos concebir como el pico de la serie. De los varios que tiene durante sus diez años, se entiende. Y no, no nos olvidamos de la clave de la temporad: el pollito y el patito.

Mejores episodios: The One When No One’s Ready, The One Where Chandler Can’t Remember Which Sister, The One Where Ross and Rachel Take a Break, The One with the Morning After

Peores episodios: The One with the Jam, The One with Frank Jr.

Mejor personaje femenino: Rachel

Mejor personaje masculino: Ross

Reseña Panorama
Puntuación general
8
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