No nos detenemos. Las temporadas caen a ritmo semanal. Entramos ya en la segunda mitad de Friends con una nueva pareja copando el ritmo romántico de la serie pero nos preguntamos si hemos perdido definitivamente a Chandler…

Parece ser que hubo opciones de que esta sexta temporada de Friends fuera ciertamente el final de la serie: el elenco demandaba un aumento de salario descomunal (de 125.000 dólares por episodio a 750.000…) y uno se pregunta si estaban llegando ya, como ha ocurrido en tantas series, a cierto punto de colapso. Friends destaca por mantener una calidad media más que notable durante sus diez años en antena pero no podemos negar que la serie sufre un cambio cuando supera su propia premisa. O mejor dicho: cuando los guionistas/productores deben encontrar fórmulas para retener la misma pese a que ello conlleve efectos secundarios que la distancia, de forma clara, de los primeros años.

Friends se inicia con un grupo de seis amigos entorno a los 26 años. Un estadio juvenil de sus vidas, posterior a la Universidad, anterior al asentamiento familiar (ya saben: en Friends el buen ser humano sigue un camino escrito en mármol y grafito y si te saltas algo caes en desgracia e infelicidad) que, en combinación con la habitual euforia e inspiración de toda serie una vez se asienta y entra en velocidad de crucero (temporadas 2,3 y 4) dio como resultado tramas y gags que se sentía naturales y adaptados a la premisa. Sin embargo los años corrieron, los 30 se acercaban y rebasaban, la premisa inicial ya no era suficiente, y algo debían hacer. Mejores trabajos, embarazos, bodas y sobre todo la unión, final y fuerte, de dos miembros del grupo: Monica y Chandler.

La sexta temporada, aunque inicialmente utiliza el nuevo embrollo Rachel-Ross (su boda en Las Vegas), juega en paralelo con el nuevo avance en la relación Monica-Chandler. Este último se instala en el apartamento de la primera. Y eso lo cambia todo. O, mejor dicho, aún más. El movimiento es natural, real, no podemos estar en contra. Y sin duda da pie a nuevas situaciones con Rachel, Phoebe y Joey viviendo juntos eventualmente en varios episodios pero ni una de esas uniones resulta exitosa. Pero lo peor es la constatación de la pérdida de Chandler como personaje. Revisando esta temporada uno advierte que casi cada aparición de Chandler (con un Mathew Perry que de nuevo vuelve a cambiar de físico) es sentado en la mesa o en el sofá de Monica, básicamente haciendo nada (comiendo o leyendo, a lo sumo).

No es ese el problema, ciertamente, pues eso podría conllevar nuevas situaciones divertidas sino que esas apariciones, junto a un Perry muy calmado, resultan anodinas, costumbristas y nos hacen añorar mucho, pero mucho, el Chandler de las primeras temporadas. Entendemos la nueva situación pero no que esto se diluya en ese desfile de escenas de pasar-la-tarde. Se advierte como la idea es compensar con Joey y un Ross desatado pero la sensación de pérdida es casi -tal vez exageramos- como si Chandler ya no formara parte de Friends. En tal declive podríamos añadir a Monica (Courteney Cox, que luce pelazo en esta temporada) pero la pérdida no se antoja tan punzante.

Friends 01

Por suerte Ross (David Schwimmer), especialmente cuando le dan tramas donde puede quedar en evidencia, compensa en parte con su negativa a aceptar un nuevo divorcio, con su dentadura blanqueada y con su breve relación con la joven Elizabeth. Un David Schwimmer que debuta en la dirección en uno de los episodios más divertidos con el traslado, y consiguientes peleas y reconciliaciones, entre Rachel y Monica.  Rachel (Jennifer Aniston),que también sale ganando cuando cae en el ridículo, recibe la visita de su hermana (Reese Witherspoon) en un acierto de casting y personaje que da lugar a un breve triángulo romántico con emotiva resolución. Otro invitado estrella es Bruce Willis como padre de Elizabeth durante varios episodios.

Joey (Matt LeBlanc) y Phoebe (Lisa Kudrow) reciben buena parte de sus tramas a raíz de ese movimiento en los apartamentos y con ello llega otra invitada estrella como es una Elle Macpherson cuyas dotes interpretativas son difíciles de ignorar, así como un dúo Phoebe-Rachel que, como decíamos, no triunfa (aunque debemos destacar cuando Phoebe es Buffay the Vampire Layer). Por contra tenemos dos episodios especiales, un what if, sobre como sería Friends en otras circunstancias y aunque incluso ahí Chandler aburre, incluso Joey, destacan unas soberbias versiones alternativas de Rachel, Ross (lo del karate es excepcional) y Monica, cuya versión obesa es un triunfo absoluto sin que tenga que decir ni una sola palabra. Es sorprendente, y misterioso, como Courteney Cox pasa del personaje de largo menos divertido al más tronchante, y carismático, cuando saca su versión digamos más ancha.

Una temporada notable, siempre divertida, pero que de algún modo inaugura una parte de Friends más costumbrista, y testigo de lo que sucede cuando se alargan las series. Y eso que, en este caso, como es plenamente reconocido, a Friends no le sobran ni temporadas ni episodios. Y ahí está nuestro ritmo de revisión. Eso sí, el final de temporada, aunque emotivo (el giro con la alianza entre Chandler y Phoebe es inesperado y acertado) termina con otro momento de velas (el apartamento parece una iglesia pero de las de la inquisición) que no entendemos. Da miedo.

Mejor episodio: The One With Ross’s Denial, The One on the Last Night, The One that Could Have Been

Peor episodio:  The One with Mac and C.H.E.E.S.E.

Mejor personaje femenino: Rachel

Mejor personaje masculino: Ross

 

Reseña Panorama
Puntuación general
7.5
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