Manual del director novel: Lección 1 – Dirige la película

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Reconócelo. El sueño de todo cinéfilo es rodar una película. Si por ti fuera, las stories de instagram las harías con preproducción, guión técnico, script y coach de actores. Por suerte, hoy es bastante fácil dirigir una pequeña pieza, pero… ¿Quién fantasea rodar un corto pudiendo hacerlo con un largometraje? Te lo digo en serio. Me daría la vida que alguno de nuestros lectores llegara a sentarse en la silla de director. Y sí… ojalá que seas tú. Y como sabemos que ese día llegará, vamos a echarte un cable porque somos así de adorables.

Por eso vamos a abrir una nueva sección: Manual del director novel o cómo no cagarla en tu película debut. Sólo te pedimos algo a cambio, que cuando recibas el Goya por tu primera película, nos guiñes el ojo al recogerlo 😉 Sólo con eso nos conformamos. ¡Si es que somos más majos!

Empezamos por la primera lección. Que no por obvia es menos importante: Dirige la película. En todas las lecciones usaremos una película de referencia como ejemplo. En este caso es Perro flaco. ¿Perro what? Lo sé, lo sé. Es un título completamente desconocido de un director me temo que irrelevante. ¿Entonces? Pues me dio clase en la escuela y su monotema era esta película, así que sé de lo que me hablo de primera mano. Lo cierto es que tampoco fue exactamente la película de presentación del cineasta. Si la tomo como tal es porque la anterior fue un trabajo de encargo en la que sólo tenía que sentarse y decir “corten”. Así que Perro flaco es su verdadero primero proyecto personal… aunque, como veremos, al final quedara de lo más random.

Ernesto Marín cae en lo que otro de mis profesores llamaba “subdirigir una película”, es decir: No tomar ninguna decisión. Es un cineasta que limita su trabajo a la dirección de actores, sin aportar una visión global de qué quiere contar y cómo. Cada una de las facetas de la película (cámara, música, montaje, etc) las delega en los respectivos jefes de equipo. A ver, esto en principio no sería ningún problema de por sí. Un Martín Scorcesse o un Steven Spielberg necesitará decirle lo justo a su equipo habitual. Ya están metidos en su cabeza y antes de que abra la boca le han dado justo lo que ellos soñaban… multiplicado por mil. Pero estamos hablando de algo completamente diferente.

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Aquí tenemos a un director que considera que su trabajo es exclusivamente dirigir a los actores y que (en sus propias palabras) indicar al resto de jefes de equipo cómo quiere contar la historia es “nos dejarles hacer su trabajo” (vuelvo a repetir: palabras textuales). ¿En qué se traduce que el director se vea a sí mismo como un coach de actores en vez de como cineasta? Pues para empezar, el director de fotografía se convierte automáticamente en el verdadero director de la película. Tampoco tendría mayor problema más que la injusticia de no firmar la autoría. Lo malo es que eso relega al director de arte al puesto de subordinado del de foto. ¿Y qué?, pensarás. No, no… Créeme… no querrás tener a un director de arte sintiéndose un currito durante el rodaje. Hazme caso… no quieres eso.

Pero hay algo mucho peor: El resultado final. Si cada jefe de equipo trabaja a su bola, haciéndolo lo mejor que saben, pero sin una visión global del conjunto, a la película le va a faltar alma. Es verdad es que si has elegido a esos colaboradores en concreto es porque sabes más o menos lo que te van a dar. Lo que pasa es que el cine no puede ser nunca “más o menos”.

Perro flaco es una película autobiográfica con guion del propio Ernesto Martín… y lo menos personal que se despacha. Y la culpa, grábatelo a fuego porque siempre va a ser así, la tienes tú. Eres el director, tú sabes qué quieres contar y cómo. Por supuesto que has de escuchar a cada jefe de equipo porque saben de lo que hablan y todos quieren que la cosa quede lo mejor posible… pero si te llamas director haz de tal. Tienes un puesto en la película y trabaja como lo que eres.

No se me olvidarán las palabras que me dijo el director de arte Ion Arretxe: “Lo único que no hace falta en una película es el director. Si la toma es buena, el script lo sabe. El guión técnico lo puede hacer el dire de foto… y así todo. Y precisamente como el director de cine es innecesario, su obligación es ser imprescindible

Pues eso.

El resultado final quizá no quede todo lo bien que debería. Es tu primera película, ¿Qué esperas? Hasta genios del cine la han pifiado con años y años de carrera, no te preocupes por eso, que todos ellos saben que un fracaso estrepitoso siempre será mejor que una película correcta que el espectador olvide antes de que acaben los créditos.