De la mano de un Violator

Violator Depeche Mode
Andrew Fletcher, Dave Gahan, Alan Wilder y Martin Gore. Depeche Mode el 12/7/87 en Chicago, IL. (foto de Paul Natkin/WireImage)

En caso de violación, relájate. Y disfruta

Anónimo

Hace treinta años, 19 de marzo de 1990, la banda de Martin Gore ratificaba su lugar dentro del Olimpo sonoro con su séptimo trabajo de estudio. Violator fue el boleto de no retorno, y el único lugar donde el terrible aforismo de arriba puede tener cabida. La popularidad alcanzada por sus canciones ha hecho que sin importar el género musical, muchos se hayan aventurado con covers. Gravity Kills, Marilyn Manson, Tori Amos, Keane, Placebo, Deftones y hasta los mismísimos The Cure o Johnny Cash han sabido pagar tributo a estos 47:02 de relevancia sonora donde la mano mágica de Flood, el coproductor, consiguió el santo grial artístico con DM al conquistar las masas sin volverse comercial.

Violator Depeche Mode
Violator Depeche Mode

Con “World in My Eyes” —cuarto sencillo— la impresión de que todo está bien se materializa en la voz de Gahan acorralada por Gore en la parte alta de los coros. Un amante que cuida y guía, con la dulce letra, a través de un mundo de video juego plasmado en las vibrantes y complejas sensaciones musicales, donde el drama no es excepción. Las secuencias, las contracciones y, claro, los sintetizadores, dan a la canción el matiz de post-punk industrial presente en todo el disco. De esta manera nos enteramos del esfuerzo puesto por la banda en esta nueva forma sonora.

El in cresendo de batería en “Sweetest perfection” nos enfila hasta la voz de Martin Gore. Los sintetizadores y algunas secuencias usadas suscitan cierto miedo, las guitarras fungen como luces cansinas escoltándonos hasta llegar al meridiano de la canción. Allí, violines ambivalentes ceden ante silencio que termina en una mini descarga junto a los coros. A ellos llega Gahan a entibiar la voz de Gore enfatizando el toque nebuloso y oscuro de las ambiguas líricas. Para rematar, se huye de la brillante cacofonía con un punto final abrupto y abierto que no logra responder las preguntas de corte autodestructivo de la canción.

En el primer sencillo, Gahan, acompañándose de tambores de guerra y alarmas unidas a repetitivos compases de la guitarra, nos sitia en el aura mística de “Personal Jesus” en medio del enfrentamiento ritual de todos los días y nos embalsama para luchar por mantener la fe en el mundo. La oscuridad e indefensión, que provocan algunos de los ecos de fábrica vacía ocupada, se contrarrestan con música a todo volumen. Sin dejar la pretenciosa pose de su letra, los sonidos generan una alucinación underground —definitivamente antónima a la popularidad de la canción—, y con su voluptuosidad y jadeos sintéticos son excelentes candidatos para entregarnos en una danza frenética y apocalíptica.

Violator Depeche Mode
Violator Depeche Mode

Sigue “Halo”; sus teclados y secuencias del inicio van ganando terreno empujadas por un romántico Dave en un discurso contundente de pocas palabras y selectivos silencios. Una arenga matizada sonoramente por violines premonitorios a lomos de la batería que abonan la sensación de profunda soledad y pesadez: la resaca del amor. Algunos beats aleatorios evocan una fiesta oscura que tiene su cresta casi a los dos minutos donde las líricas, como los acordes de guitarra, no pasan más allá del coro y se repiten hasta el final. ¿No debería llamarse así el disco?, pues, este espíritu particular rodea los más de 45 minutos del Violator. Tonto yo, ¿dónde dejo el punch de Violator? Toda una declaratoria de términos.

Del pozo umbrío donde quedamos, “Waiting for the night” intenta un rescate. Sin batería y guitarra, la voz líder nos susurra por disfrutar de la tranquilidad. Pero, ¿cuál? El carácter velado de las letras, insondables y espesas como en todo este trabajo, permiten a Gore dejar escapar quejidos, incrementando así una ambigüedad que se propaga dentro de sonidos calmos y ciertas distorsiones. Incómoda y de carga terrible pero dulce, esta canción pide seguir acarreándola. Como noche en el desierto: paz, tranquilidad y quietud al extremo que dan ecos de rebote y que en lugar de reconfortar aterroriza.

Con la gravedad de la voz de Gahan, y una guitarra que avanza sobre bases dance y techno, DM nos saca a bailar en “Enjoy the Silence”. Un segundo sencillo intratable. El que nos pregunta para qué palabras si lo que debemos es sentir in extremis: amar. La suave indeterminación del álbum vuelve y nos la juega. Se habla de silencio en medio de una avalancha de sonidos y hermosas pisadas en la guitarra. Una afonía rodeada por los compases de este sonido lleno de sensaciones de película clase B donde se mezcla con arte el sci fi con el espagueti western. La delicatessen sonora de los últimos 90 segundos. Siempre me he preguntado qué nos querrán decir con la sillita azul cargada en la mano derecha del rey Dave en el video.

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El cenit llega con “Policy of Truth”. Melódica sin ser balada, la cadencia de los riffs mantiene la onda danzarina. La guitarra, las secuencias y el timbre de la voz principal se montan sobre una percusión sintética vigorizada por la batería. La festividad musical del track no esconde la oscura tesis de DM, para los que “la verdad nos hará libres” es un anatema en cuanto la tensa relación que hay entre ese valor, la verdad, y el transcurrir vital al no llevarse bien juntos. Su teoría queda enfatizada en la guitarra final que pierde su ligereza y parece que fuera por otro lado de la armoniosa base que imponen los sintetizadores.

Gore es el lastre que nos sumerge en tristeza y melancolía en “Blue Dress”. Más que cantar ruega por las cosas simples y su felicidad contenida. La guitarra tipo oeste gringo apenas se siente, y los sintetizadores y piano impulsan esta tonada más ligera, menos complicada en sonidos que sus compañeras. Depeche Mode esconde mucho más dentro de esta simpleza sospechosa. Lo cierto es que la lírica profundiza dentro de la abundancia de una perversión más mal escondida que otra cosa. Ya en los estertores del track, después de algunos segundos de silencio, una alabanza a quién sabe que Dios innatural parece contener la clave del mensaje entregado.

Una secuencia, un acorde de guitarra y la voz de Gahan sueltan a “Clean” ante los tambores que vibran en este pequeño apéndice de “Policy of Truth” en cuanto a mensaje y sonoridad. La canción no contiene ni inocencia ni simpleza, y por ello no llega cuestionar nada en Violator, al contrario, este cierre resalta toda la ambivalencia presente dentro de tanta oscuridad. Empaquetada en dulces melodías simples y sintéticas bailan con suavidad los acordes de la guitarra. Con este final nosotros debemos completar el rompecabezas con las pistas que aparecen en todo este agradable y atribulado paseo musical.

Soy un colombiano que entiende el porqué de nuestro top of mind: Shakira y la farlopa. Mas entender no es compartir y menos aceptar. Ingeniero por confusión, MBA por necesidad, filósofo, mountain biker y amigo de curiosidad. La que me hizo melómano, cinéfilo y lector junto a las ganas de probar el mundo. Así se llega a un par de cosas que dejan a los sentidos disfrutar, como escribir tratando de no perder la elegancia en ello.