Crítica de My House (2019): La Jersey Shore de la cultura Vogue

Hoy repasamos una de esas extrañas ¿series? que nos depara  la cultura de la globalización artística, y las exploraciones experimentales. My House es un documento de una realidad escondida extraordinario.

Nueva York siempre ha sido foco de multitud de tramas en la historia del cine y el entretenimiento visual. Mil veces citada, visitada,  – e incluso, destruida – dentro del marco de la ficción, también ha sido uno de los focos más importantes de las subculturas, de movimientos artísticos vanguardistas, extraños y misteriosos y de los Misfits, que encuentran por fin, en los escondites del subsuelo, el resquicio necesario para respirar y ser ellos mismos.

Esto es algo que retrata con precisión la nueva serie producida por Vice, My House, una suerte de documental ficcionado, que nos presenta a una serie de personajes – todos ellos reales – cuya única ambición es escalar puestos dentro de la cultura a la que pertenecen, la del house and ball, una organización clandestina donde el baile, y la expresión corporal de cada uno de los presentes, sirve como pretexto para liberarse de las ataduras sociales e ideas preconcebidas del “mundo real”.

A través del Vogue, y sirviendo la narrativa de exploración acerca de la identidad no binaria de sus participantes, la serie avanza por sus dos primeros capítulos con los típicos clichés visuales del genero documental, es decir, mucha cámara en mano, montaje ligado a través del montaje de sonido cabalgado para unir fragmentos distanciados en el tiempo, y mucha voz en off, ya sea de su “presentadora” Precious Ebony, como el resto de participantes del show, entre los que destacan Alex Mugler o Brielle “Tati” Rheames, esta última, ya participante en la serie Pose, con la que guarda cierta relación por contenido y temática.

Realmente, es un producto que destaca mucho más por la naturalidad, honestidad y belleza plástica de los bailes, que por su factura técnica. No obstante, cuenta con ciertos momentos de belleza estética y mucho dinamismo en el montaje, algo que puede recordar a una versión LGTBI+ de Climax, pero siempre vinculado al producto documental. Incluso, hay cierto coqueteo con el formato Reality Show, aunque no en la concepción que tenemos en países como España, sino el que tienen en Estados Unidos con ejemplos como Survivor, donde cada capítulo tiene una estructura argumental guiada mediante el montaje, dejando en el espectador una sensación de estar ante algo instantáneo y cercano, pero con espacio para poder empatizar de forma no forzada con personajes reales.

La gran pregunta : ¿Es para todo tipo de público? La respuesta es no. Quizás algunos encuentren en la ostentosa actitud de algunos de sus protagonistas una barrera. A otros quizás no les interese la cultura del baile, o le parezca todo superficial y frívolo. Pero si no eres de esas personas que encuentra barreras en la pasión de los demás, encontraras un documento visual, como mínimo, curioso, vigoroso, divertido, y plagado de personajes estrambóticos  llenos de vida. Un soplo de aire fresco muy en la linea de lo que suele ofrecer la plataforma Vice en todas sus facetas.

Reseña Panorama
My house
6.5
A veces escribo de lo que me apasiona, y otras, de lo que toca.