Roskilde 2025: Del calvario a la redención

Analizamos un año más la vida y milagros del festival danés Roskilde, unos de los gigantes del circuito europeo festivalero.

Días previos al evento

Normalmente aterrizaría en Roskilde el sábado nada más abrir el camping, haría todo el ritual de aeropuerto – estación de tren – Roskilde Station y tiraría a la zona de prensa. Después de acreditarme, caminaría hasta el festival, buscaría mi zona de acampada, y empezaría la fiesta. Pero este año, fue distinto. Fotografía principal de Matthäi Leland.

Roskilde 2025: Un viaje Musical y Cultural a Través de la Historia y el Futuro

Todo comienza cuando mi amigo Carlos tiene a bien de regalarme una entrada para el concierto de Rufus du Sol en Madrid. Ni 38 grados a la sombra nos iban a separar de verlos juntos por fin, un directo apoteósico, unos titanes de la electrónica, y uno de esos grandes grupos que bien podrían ocupar el slot de cabeza de cartel en lugar de los NPCS o industry plant que pululan por la mayoría del circuito internacional.

Pero ese concierto tuvo la consecuencia de tener que volar el domingo, y tras dos cambios de horarios de mi propio vuelo, me tocó salir de Madrid a las 06:45. Eso significaba levantarse a las 04:00 tras haber entrado en la cama a las 02:00, tener un Cabify esperando en la puerta, facturar maleta, y rezar por dormir algo en las tres horas de vuelo. Esto último, nunca ocurrió.

Por fin llego a Dinamarca, tenemos un viento infernal, pero todo va fluido y rápido, consigo mi acreditación y me dirijo al campamento, sin saber el calvario que me esperaba.

LO DEL CAMPING DE ROSKILDE ROADTRIP

Al llegar, me percato que han cambiado la entrada un año más que comunica con el camping, y nos hacen dar un rodeo absolutamente innecesario. Cuando me acerco a preguntar al puesto de información, me mandan a una zona que en el mapa no aparece como Roskilde Roadtrip, me dedico a preguntar a la gente de alrededor, pero nadie sabe nada, así que decido ir a la zona de aparecer en el mapa registrada con ese nombre. Intento acampar ahí, pero unas chicas me dicen que eso no es Roskilde Roadtrip, así que vuelvo al puesto de información a explicar lo ocurrido, y me “buscan” a tres voluntarios para enseñarme el camino. La realidad es que no me enseñan nada, porque me preguntan que les indique el sitio en el que me habían dicho que no podía acampar, y que en efecto lo haga, ya que no se puede reservar el espacio en Roskilde Roadtrip. Un grupo aun mayor de danese viene y me dice que esa zona es Common Ground, y han pagado para tenerla para ellos.

Roskilde 2022. Día 1. Welcome to the Orange feeling

Ante el caos organizativo, decido tomar la vía rápida, y es irme al camping de prensa, de pago, y que está a 20 minutos de mi ubicación, después de 1 hora dando vueltas bajo el sol, reventado de la noche anterior y confuso.

Finalmente consigo acceder al camping de prensa tras una hora esperando de cola, puedo montar mi tienda e ir a los conciertos. He de decir que siempre he adorado la selección musical de los primeros días, pero este año me ha parecido más floja de lo habitual, mucha música urbana, y menos guitarra de calidad que los años anteriores. Especial ganas tenia del grupo Boy with Apple, que, si bien apuntan maneras, aun les faltan unos cuantos petit suisse para estar en la órbita de las grandes bandas de Shoegaze. Me dejo caer por varias cosas, fui picoteando entre Casket Spray y Soap Horse, pero no acababa de entrar en sus propuestas. Por fin la cosa mejoró con Bye Bye Brenda, el dúo folk que al poco de comenzar se convirtió en trio en el escenario, y que tuvo a bien de traer una música más madura, adulta, con preciosas harmonizaciones vocales entre las dos chicas, y que fue claramente el mejor concierto del día.

En el segundo día me acerqué a la interesante propuesta de Ungklang, que nos prometía un ejercicito de mujeres con sus voces como principal arma. Lamentablemente, poner algo así en el escenario grande, con todo el sol dando de frente a las 14:00, y el público más pendiente de ponerse moreno, me pareció un claro error de programación, algo que se repitió de nuevo una hora y media después, cuando ese mismo escenario se presentó Karoline Funder, una cantautora con ramalazos a Daughter que sonaba francamente bien, pero que habría brillado mil veces más en el Gaia. Entiendo que si pusieron estas actuaciones en el grande, es porque querían darles más visibilidad, pero es contraproducente cuando en el escenario EOS la gente va a pegarse la fiesta padre de los primeros días o socializar.

El highlight del día fue la rarísima propuesta J. Ludvig III una formación totalmente experimental a la que era muy difícil pillarle la estructura de las canciones, pero por eso mismo resultaba bastante refrescante, algo que no puedo decir de Wicky, un rapero de las vertientes del Cloudrap que sonaba francamente bien, pero al que le pusieron los bajos tan altos, que jodía literalmente gran parte de la experiencia. Una pena.

Roskilde 2023 : Crónica del mejor festival de mi vida

EMPIEZA EL FESTIVAL

Pero por fin empieza el festival, que es a lo que hemos venido. Decidí abrir el día con Akriila, la sensación chilena, en el escenario Gloria. El Gloria te mejora todo, su oscuridad, su silencio sepulcral y la sensación de que el que entra ahí, entra respetando unas reglas. Podría sonar a cuarto oscuro, pero sin depravación, aunque habría que ver a según qué horas. La sudamericana se tiró varias rolas bien chingonas con un público que sin estar tan metido como seguramente podría ocurrir en un país hispanohablante, estaba bastante enchufado en su propuesta para mi sorpresa.

Después tocaba picotear un poquito de Jinger en el EOS antes de caerse al Orange para Fontaines D.C. Los irlandeses están en estado de gracia, y parecen dispuestos a convertirse en el gran icono rockero de esta generación. Temazos no les faltan, desde I love you, Jackie Down the Line hasta In The Modern World. Todo iba como la seda, incluso la tímida lluvia no empañaba un concierto lleno de punch, de rabia, un sonido espectacular y un público entregado.

Todo esto cambió cuando a punto de acabar el concierto, decidieron revindicar la libertad del pueblo palestino en las pantallas, para posteriormente sacar a varios palestinos al escenario con banderas de palestina. Hasta ahí, es algo que se puede entender, lo que nadie vio venir es que 3 palestinos diferentes se montarían un mitin en mitad del concierto, lanzarían proclamas para que el público las gritara (sin saber nadie que coño estaban diciendo) pedirían la libertad de Groenlandia (algo que por lo que sea, no gustó tanto al público) y finalmente se fueran tras 10 minutos para acabar el concierto con Starbuster. Me pareció bochornoso que en mitad de un concierto te tengas que comer una manifestación política, sea del tipo que sea, y algo así debería ocurrir bajo mi criterio siempre al final, y quien quiera participar de ello, bienvenido sea. Pero lo de mezclar política con música es algo que nunca me ha gustado. Para colmo, llegaba tarde a Wet Leg por todo esto.

Wet Leg estuvieron sorpresivamente bien, pero llegué tarde a ellas, y me fui pronto para poder entrar a Fat Dog en apolo, realmente mi cabeza de cartel del día. Para mi sorpresa, ante la repentina lluvia, me encuentro a mucha gente haciendo cola, pero con el escenario cerrado. Nadie sabe qué pasa, y decido acercarme a preguntar. Una chica, voluntaria seguramente, me dice que el concierto esta cancelado hasta nuevo aviso. Paradójicamente, Charli XCX, en el escenario grande, sí que estaba sonando. Así que decido irme a pillar sitio para ver a Deftones en el Arena, mientras me entero, 10 minutos antes de que empiecen estos, que Fat Dog empezará en 10 minutos también. Hay solape entre ellos, una distancia de 10 minutos entre escenario y no tengo la certeza de poder entrar a Fat Dog, además de perder mi sitio para Deftones. Al final decido quedarme en estos, y pese a sorprenderme su directo tras el infame que perpetraron en Mad Cool 2022, mi cabeza está más pendiente del “qué pasaría si hubiera ido a Fat Dog”. Un primer día que prometía mucho, pero me dejó un mal sabor de boca.

Día 2

No pasa nada, nos metemos en harina y cambiamos energía para el día 2. Picadito de unos temas de Seu Jorge que no me matan pero que nos ayudan a pasar el tiempo, para irnos a la propuesta jazzera experimental de Alabaster DePlume. El tío sabe lo que se hace, aunque realmente no hacía más que esperar hasta el primer gran concierto que tenía ilusión de ver ese dia. Wisp estaba en el GAIA lista para deleitarnos con sus tiernas y dulces melodías de Shoegaze noventero, pero con un público renovado. El Shoegaze estás viviendo un resurgir entre la gente joven, y aunque el alcance sea limitado, la entrega de las nuevas generaciones a la música de la banda lo ponían de manifiesto.

Tras esto, tocaba reponer fuerzas con unos spaguetti mientras Beabadoobee amenizaba la espera del siguiente pelotazo del día, que no era otra que Beth Gibbons. Cola enorme para entrar en el pit de la cantante de Portishead, que se marcó el que sin duda fue el mejor concierto del festival hasta el momento. Prácticamente el nuevo disco entero, que, llevado al directo, buceaba en una amalgama de sutilezas musicales, de improvisaciones, de sensación de estar ante algo realmente especial y único. Hipnotizante, atípico, vanguardista y muy íntimo, pese a estar actuando en una carpa con capacidad de hasta 20 mil personas. Cuando casi al final del concierto se animaron con Glory Box, ese escenario se caía, para firmar una actuación redonda.

De ahí era difícil remontar, podíamos elegir entre la excéntrica propuesta de FKA Twigs, o la bonita energía indie de Bright Eyes. Apetecía lo segundo, así que me planté en el Avalon para ver el que en ese momento fue mi concierto favorito del festival. Si, se acababa de decir esto de Gibbons, pero Conor Oberst la supero. Y no lo hizo por ser más elaborado, más místico, ni más especial. Simplemente lo hizo, porque a nivel personal, conecté con su propuesta como hacía tiempo que no me pasaba en un festival.

El público que estábamos en primeras filas, disfrutábamos entregado ante la rista de temarios que se estaba lanzando con total naturalidad : El capitán, I Won’t Ever Be Happy Again o This is the first day of my life en un setlist en el que cada canción sonaba como todo perfecto engranado en la estructura del concierto, con un líder en estado de gracia, completamente infravalorado por muchos, pero situado en el festival de Roskilde donde le corresponde, como uno de los grandes letristas y compositores de su género. Que felicidad, que plenitud, que forma de remontar el festival respecto a los días anteriores.

Tras conciertos así, tienes dos opciones. Intentas buscar algo parecido, o te vas a ver algo totalmente contrario. Stormzy sonaba a lo lejos como suele sonar cada vez que le he visto, vacío, redundante, y con la sombra de un manager que ya siquiera yo para mí y me cerrara estos contratos para encabezar festivales siendo un rapero de segunda línea en el mejor de los casos. Por suerte para mí, yo ya sabía esto, y decidí hacer cola en el Gloria para Kumo 99.

Ya había visto cosas de ellos en el streaming de Coachella, y sabía que podía esperarme. Una escasa media hora para un dúo tallero de gritos, melodías pegadizas y descarga de adrenalina de primer nivel. Pero que mas da, estaban a otro nivel. Que maravilla cambiar tan drásticamente de registro.

Tras Kumo, tenia un hueco bastante grande en el que salté de la extravagante y poco disfrutable experiencia visual de Arca, a el hipnotismo trasnochado de Amenra. En realidad, me apetecía ver a D1MA, que gratamente me sorprendió en 2023, pero lo poco que pude escuchar en la distancia me animó a que volviera a mi tienda a reponer energías para un viernes y sábado que prometían emociones fuertes.

Día 3

Daba igual que lloviera, que hubiera hecho frio, que el cansancio empezara a hacer mella, o que las babosas de caracol escalasen silenciosamente mi tienda de campaña. Era el día de Electric Callboy, y el resto es secundario.

Una hora esperando para entrar en el pit, y primeras filas aseguradas. Una vez dentro, la fiesta padre. Desde una intro acojonante con elevator operator, hasta tirarse una cover de Sum 41, pasando por temarios incontestables como We Got The Moves, Pump It, o la versión metalera de Every Time We Touch, los alemanes nos trajeron una lluvia de confeti, pirotecnia y fuego en el escenario, y un publico entregado ante el que, hasta el momento, fue el mejor concierto del festival. Y si, se que ya lo he repetido varias veces en este artículo.

Tras descansar de una experiencia tan intensa y resguardarme de la lluvia en la zona de prensa, me dispuse a volver al Arena a ver a Magdalena Bay. Tuve la suerte de verlos en 2022, pero es que en 2025 se han pasado el juego, están a otro nivel. Psicodelia del más alto nivel a nivel sonoro y visual con las pantallas, cambios de vestuario, synthpop que se resbala a través de estructuras quebradizas y experimentales, y una ristra de himnos que bien podría colocarlos como una de las grandes nuevas bandas de esta década. Absolutamente memorables.

Después de algo tan complejo, decidí irme al Apollo para ver a Ikkimel. La bajona fue considerable. Salió con retraso, el público estaba medio muerto, y la música era lo que era. De ahí me fui a Geordie Greep, que dio un recital de jazz realmente agradable. Esperaba encontrarme algo mucho mas loco y experimental, pero fue hipnotizante. Una grata sorpresa poder reconectar con esa excelencia que Magdalena Bay me había transmitido.

A partir de aquí, estuve picoteando un poco de Olivia Rodrigo, cuya propuesta no podía interesarme menos, para acabar en las divertidas melodías irlandesas de The Mary Wallopers. Pero algo fallaba. Nada se acercaba a las actuaciones con las que había abierto el día. Tampoco fue el caso de Snow Strippers, con un sonido super saturado y plano, ni el caso de Jamie, al que el Orange se le quedaba bastante grande diluido por la escasa tradición electrónica del público que acude al festival. Un día claramente de más a menos, pero con un pico altísimo en ese más.

Día 4

Para mi era el gran día. Conseguí pit para Anohni and the Johnsons que venía a presentar su música en forma de documental sobre como la contaminación está cargándose el océano alrededor de Australia. Lo cierto es que, aunque musicalmente impecable, el setlist elegido, nada centrado en ninguno de sus grandes temas icónicos, fue bastante decepcionante para alguien que esperaba vibrar con su propuesta. Un poco decepcionante.

De ahí pasé a Lucy Dacus, que nos entregó esas bonitas melodías indie americanas que tanto me gustan. Una propuesta que, sin inventar la rueda, siempre celebro. Aunque no celebré tanto el pedazo de hueco que había en el que no me interesaba nada que ver. Eso sí, daba igual, porque luego vendría el jefe, el señor Reznor, a sentar catedra una vez más.

De nuevo Pit en el Arena para NIN. Fue algo estratosférico. En lo musical, impecables, una apisonadora como siempre, que te taladra y te mete por encima esas melodías atávicamente oscuras, poderosamente sexuales, e irremediablemente pegadizas. No faltaron hitazos como Wish, Head Like a Hole, Closer o Piggy, aunque mi momento favorito del concierto fue cuando le dedico a David Lynch The Perfect Drug, canción de la banda sonora de Lost Highway. El cierre como viene siendo costumbre con Hurt, catárquico, precioso, y una forma impecable de cerrar cualquier festival.

Pero espérense que vienen curvas. Carrera legendaria desde el Arena para llegar al Avalon, donde The Raveonettes están tirándose unos muros de sonido estilizados que bien podrían ser el hijo perdido de Slowdive con Beach House. Que potencia, que sensación de arropamiento tan extraordinaria la de los daneses, que venían a presentar su extraordinario nuevo álbum y combatir la esterilidad mainstream de Tyla en el mainstage. Esto era música real, era un momento único, y la burbuja sonora en la que nos metieron a todos los presentes, una de las mejores experiencias que he tenido en un festival. MEMORABLE.

Ante dos conciertos así, uno no puede hacer más que retirarse, pero aun había más. Me acerqué a ver a Yeule, una propuesta que ofrecía melodías sad teen con distorsión y algo de emo. Sonaba bien, pero apenas había público, se notaba que estábamos en el final del festival.

Y aunque yo también estaba cansado, hice cola para el final del concierto con A.G Cook. Puede que sea uno de los peores cierres que recuerdo de Roskilde, he visto a Cook varias veces y esto fue una amalgama de sonidos molestos tras otro, sin dejar espacio para sus siempre extrañas pero bellas mezclas hyper pop.

Aguanté hasta el final, pero porque en ese concierto, visualizaba todo lo vivido anteriormente. La consagración de Magdalena Bay, la fiesta suprema de Electric Callboy, la ruptura del espacio tiempo con NIN y la felicidad absoluta en la distorsión de The Raveonettes. Un sabio dijo que las cosas no son como empiezan, son como terminan. Y este Roskilde ha llevado esto a su máximo esplendor, siendo un festival que empezó regular, y terminó por todo lo alto.

 

David S. Blanco
David S. Blanco
A veces escribo de lo que me apasiona, y otras, de lo que toca.

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