Roskilde 2024: El festival de la espiritualidad imprevista

Analizamos lo que nos han deparado los 8 días del festival Roskilde, el gigante danés que lleva más de 50 años cambiando vidas cada verano.

Día 1

¡Como sienta pisar suelo danés, Roskilde nos espera!. Los cabellos se tiñen amarillo paja, apenas hay ruido, la gente se mueve más despacio, y todo está ordenado. Pasas del aeropuerto al tren, donde el primo lejano de Akira Kurosawa de 62 años es admirado por unas matures danesas que están en despedida de soltera, mientras te haces colega de unas británicas que vienen al festival por primera vez. Paro en Copenhague Central Station, para visita estratégica al Warpigs, la meca de la carne para los camaradas nacionales de prensa. Nos llenamos el buche, y a correr.

Pillo el tren para Roskilde, evidentemente, un tren que no me correspondía, pero da igual, ahí nadie revisa nada. Bajamos y nos vamos caminando hasta la zona de prensa, un paseo de 30 minutos que me conozco de memoria, en el que ya vas viendo a los primeros festivaleros con sus pallets de cervezas para avituallarse durante todo el festival.

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Acreditación conseguida, chocamos puñito con el señor que nos la pone, y vamos al camping. Esta vez me dejan entrar por el centro, y no tengo que presenciar el horror del camping West, la zona sin ley de Roskilde. Rápidamente llego a Common Ground, mi nuevo hogar, y más concretamente, a la sección Roskilde Roadtrip, una zona de acampada para los que viajan fuera de Dinamarca. Tengo de vecinos a dos manadas de noruegas, y un sueco de 62 años, una especie de árbol de raíces sabias que me cuenta lo básico sobre el comportamiento escandinavo, además de charlar sobre Bergman, el cine danés, y contarme algunas de las experiencias más interesantes en sus 35 visitas al festival danés. Casi nada.

La primera noche no había conciertos, aunque sí que presenciamos el robo de Alemania a Dinamarca en la Eurocopa, y posteriormente, me fui de fiesta a Dream City, la zona del pecado. Pero lo que ha ocurrido allí a lo largo de estos 8 días de festival, no formará parte de este artículo. Si que añadiré, que la primera noche del festival, me hice un esguince, como de costumbre.

Día 2

Me levanto, voy a desayunar al Rema 1000, el nuevo local que sustituye al Aldi en los alrededores del festival, me pego una ducha en la zona de prensa como un señor, y vuelvo al recinto. Llueve y mucho, así que aprovecho para leer, mandar audios a colegas y perder el tiempo. Salgo cuando la lluvia es más fina para ver a YOR, grupo de indie pop atmosférico, con momentos de Dream Pop, distorsiones de Shoegaze, ruido de ese que se te mete por el cuerpo, y melodías pegadizas. Los grupos de los primeros días, principalmente escandinavos, son una absoluta locura, y una de las razones por las que recomiendo venir los 8 días. Primer buen concierto de la edición.

Nos vamos al Gaia, escenario cubierto, para ver a Sliteneliten, formación folk noruega que canta canciones protesta. No estuvo mal, pero no acabó de matarme, aunque es de esos conciertos que resultan por momentos especialmente bonitos, porque si algo tienen los escandinavos, es que se sienten muy orgullosos de su cultura.

Pasamos a Rot Away, del folk, al hardcore. Cabeceos, pogos, headbangins, y sorprendentemente, público mayoritariamente femenino y muy joven. Una de las cosas que más mola de estos primeros días es precisamente eso, el dejarse llevar y ver cosas que no necesariamente casan con los gustos de uno mismo, y se nota como hay personas que van a picotear y acaban enamorados del grupo. En mi caso, Rot Away no acabó de gustarme en exceso, pero el ambiente que había era tan salvaje, que acabé disfrutándolo mucho por contexto.

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Después me dejé caer por algo que es mas de mi rollo, el duo Snuggle. Una suerte de dream pop experimental, con toques shoegaze, por momentos irregular, por momentos brillante e hipnótico. Otro grupo que me apunto para escuchar con profundidad.

Fui saltando de Uro a Nox, ambos dentro de lo urbano, para acabar en la mega fiesta que fue Elsked. Se paga a 1,01 que estos señores tocan en el festival el año que viene. Normalmente, los grupos con más aceptación en estos primeros días, acaban tocando en el festival el siguiente año, y es que esta gente se cascó una fiesta de electrónica en la que todo el público estaba entregadísimo, como si Aaron le diera al trap, como si en Bicep cantase un tío con swag, o como si mezclases ritmos jodidamente pegadizos con una voz aterciopelada que los plancha para que tus pies le quiten las arrugas al barro danés. Que locura. El gran primer concierto del festival.

Pero no fue el único, nada más acabar nos fuimos al Gaia, a ver a Boko Yout, un auténtico showman, una suerte de Tricky mezclado con Genesis Owusu, del trip hop al grunge, del lofi a la crudeza de los TV in the Radio en su prime. El tipo acabó bajando a montar un pogo y saltar con todos. Otro que pisa el festival seguro el año que viene.

Antes de Deb Foam, actuaba un tipo llamado Ramon, y no, no es el de OT. Era un Ramon danés, lo que me faltaba por ver. No estaban mal sus melodías pop, acompañado de buen equipo de baile, pero mis orejas estaban listas para la tralla. Deb Foam por momentos fue brillante, por momentos llegó a saturar. Energía oscura para un techno que parece hecho por una máquina, que busca la ruptura de columnas vertebrales en base a bailes de espinas dorsales que se contraen, y por momentos lo consigue. Epiléptico y delicioso, pero café para muy cafeteros. Gafas de sol obligatorias.

Y cierro el día en Dream City, con energía mucho más agresiva que el día anterior, más gente, e inflables de Ketchup que vuelan entre todos. Pero eso es otra historia.

Día 3

Me levanto y hago el ritual de siempre, desayuno, ducha, peinaito con cera marca Nelly, y para el camp a conciertos. Empiezo con Fine, cantautora cuyo nombre no da lo que promete. Me pareció bastante plano lo que ofrecía, siendo yo alguien a quien una melodía bonita le entra con facilidad, pero igualmente, la energía del concierto hizo que lo disfrutara. Poca gente, pero bonita.

Empezó a llover de nuevo, así que me refugié en la tienda, y estuve de charla con los vecinos. Acabé dándole al metal atmosférico de Katla, que fue otro de esos nombres a los que veo con opciones de repetir. Tralla de capas como a mí me gusta, el público entregadísimo, y un placer ver como en ese escenario te cabe cualquier género y todos tienen público. Otros que apunto para escuchar más.

Y paren rotativas, porque ahora viene el mejor concierto de estos 4 días, y uno de los mejores del festival. 802 es el nombre de la banda, y aunque apenas tengan canciones (solo 3 en Spotify) su concierto es uno de los mejores que he visto en tiempo, y sin duda estará en mi top de lo mejor del año. 802 es como si te cogieran sintes locos de los 80s, con riffazos metaleros, letras teen angst y melodías de grupos de Skate Punk. ¿El resultado? Algo trallero pero bonito, algo lleno de energía, pero con melancolía, algo que te hace sentir vulnerable, pero a la vez te incita a romper con tus miedos y seguir avanzando. -Que le den al esguince – pensé, y me metí de lleno en el pogo, mientras confetti caía por todos lados. Todo sonaba bien, era pegadizo, una mezcla original pero que funcionaba como ingeniería alemana. Fue uno de esos conciertos en los que todo encaja, en los que miras al cielo, -en este caso techo del Gaia-, y te dices a ti mismo: “recuerda esto siempre, no dejes que se te olvide nunca este sentimiento”-. Experiencia religiosa.

Después de esto me fui a ver a la formación noruega Fochs Koshka, un dúo de electrónica al parecer famoso en su país, aunque la realidad es que me encontré ese tipo de electrónica que considero para robots, un poco de Autechre con estructuras rítmicas complejas que no acabó de entrarme, mucho menos de vivir un concierto tan “fácil de escuchar” como había sido el de 802.

Acabé el día en The Bird. Tenía hype porque el Hyperpop siempre entra bien, pero la realidad es que fue un poco decepcionante. Mucho público, pero poco entregado, repertorio irregular, y decidí irme a vivir la vida en Dream City. Buenas noches amigos.

Día 4

Me siento bien, cero cansado, he conseguido dormir, y siento que va a ser un buen día. Ritual listo, toca música. Me como la preciosidad de Bitoi, un cuarteto femenino que puede recordar por momentos a los paisajes sonoros de gente como Aurora o Sara Parkman, solo que ellas se quedan ahí, y no exploran la parte pop. Me encanta eso, una actuación super bonita, llena de emoción, y espiritual. Que gran manera de empezar el día, y espero que estas chicas triunfen.

Voy saltando por conciertos que no me convencen, como el de Vulvatorious, o Users, para acabar en Mija Milovic, algo que me resulta difícil de clasificar, con mezclas de folk, rock psicodelico, grunge, progresive o pop, fue una de las mejores actuaciones de estos primeros días, la única que estuvo cerca de sacarme una lagrima, y lo mejor de un día del que no esperaba gran cosa.

Poco después hubo un cambio de modo total cuando me fui a ver a Kingtommi, un rapero con componentes medievales y mucho humor en sus canciones, aparentemente, la gente se reía, y había cierto grado de performance que yo no pillé, no obstante, los temas eran pegadizos y lo disfruté mucho. Uno de esos conciertos para conocer una cultura diferente.

El final del día fue un poco irregular. Tiré a Zoumer que no acabó de convencerme en su propuesta electrónica, aunque Lover’s Skit remontó la noche, como si unos rejuvenecidos Prodigy con chica al mando y micrófono en mano tomaran el Gaia como rehén para lanzarse beats noventeros y pogear salvajemente como si no hubiera un mañana. Buen cierre personal del día.

El espectáculo de Drag Queens del Eros duró para mí 3 minutos, el tiempo para poder escuchar playbacks de Queen y Abba y ver que eso no era lo mío. Dream City me esperaba. VAYA NOCHE.

Día 5

Se nota en el ambiente. Empieza el festival. Los que llevamos 4 días desfasando sabemos que empieza la segunda parte de la historia, para algunos mejor, para otros, peor. La realidad es que el público se renueva, llegan nuevas caras, melómanos, y gente rara por doquier. Que gustazo.

Para colmo, se añade a la travesía el equipo de prensa español, compuesto por los medios SOLO- ROCK o El Enano Rabioso entre otros.

Es un placer reencontrarse con caras familiares y disfrutar del precioso castellano en Dinamarca. Aprovecho para comer con ellos en el camping de prensa, y me voy a por mí powerbank del media press center. Al final en Roskilde el tiempo vuela, y ya es casi la hora de Jessie Ware. Pude verla el año pasado en Paredes de Coura, donde me encantó, pero la realidad es que en Roskilde me decepcionó un poco. Quizás, es porque en Paredes solo pude ver la última media hora, en la que tiraba los hits, y aquí no era capaz de aguantarle un concierto completo. Me fui a picotear por diferentes escenarios, y nada me encandilaba.

Era alrededor de las 19:00 cuando un tipo rubio de pelo rizado, un cretino neoyorkino fan de Pearl Jam, me ofreció probar el Snus. El Snus, según Google es: “Un estimulante sin humo que contiene nicotina, y que a diferencia del rapé, se consume por vía oral. El snus sueco es una mezcla de tabaco finamente picado, agua y sal. También puede incluir aromatizantes como, por ejemplo, aceite de bergamota, esencia de rosas o regaliz”.

A mí me lo vendieron como algo gracioso, una “gominola” que podría alterar mi conciencia, pero tras 4 minutos con ese diablo en mi encía, acabé mareado, con sudores fríos, y reventado. No me había sentado algo tan mal en mi vida. De fondo sonaba Frank Carter & The Rattlesnakes, y aunque por suerte, el equipo de prensa nacional me trajo un bocadillo y agua, decidí irme a mi tienda hasta que se me pasara el malestar. Intente por el camino encontrar el escenario Gloria para ver a Isabella Lovestory, pero en ese estado, era imposible. Bastante que encontré mi tienda.

Por suerte estaba recuperado para el plato fuerte del dia, Evian “Fucking” Christ. Antes de ir al escenario Apollo, hice parada técnica en el Gaia para ver un poquito de Bar Italia, uno de los grupos más interesantes que ha dado la escena indie rock en los últimos años, con ese sonido sucio noventero que tanto me gusta.  Vi un par de temas, lo suficiente para decidir no perdérmelos en Mad Cool.

Por suerte, conseguí entrar en Apollo, uno de mis escenarios favoritos del festival. Apenas había gente cuando el bueno de Evian empezó a lanzar los primeros temas, y el ambiente no era el mejor, parecía que había mucha gente por estar, y no por conocer la música del británico. Igualmente, en cuanto sonó Ember, la energía empezó a subir, algo que no paró tras lanzar su temazo con Bladee conocido como Yxguden, y la fiesta trance estaba hecha. Que gran Dj es, como cuida las transiciones, y como consigue hacer una tralla espiritual, religión para los que nos gusta esto, que realmente, no somos muchos, pero que maravilla de setlist. No llegó a la brillantez de ese mítico concierto del Auditori de Primavera Sound 2022 (según él, el mejor concierto que ha dado en su vida), pero fue algo extraordinario igualmente. Para cierre, volvió a poner una versión diferente de Yxguden, un broche de oro a un concierto del que salimos siendo una persona diferente a la que entramos.

Llegamos a ese punto en el festival en el que no sabemos que hacer, y acabamos en el EOS porque suena de miedo. Está actuando el francés Yame, que se casca tremendo set acústico, con un piano, con beats de hip hop pesados, un prodigio vocal, intimo, con ritmo y sorprendentemente carismático y arrollador. Gran descubrimiento.

Me voy corriendo al Arena para Heilung, que además de empezar con retraso, no acaba de entrarme a esas horas de la noche, así que tras un rato me voy a Jungle, que dan lo que prometen, sus ritmos funk, su sensual atmosfera de baile, que por desgracia fue empañada por la lluvia que empezó a caer, especialmente antes de que comenzara el concierto. Esta gente no falla, aunque está lejos de ser memorable para mi cada vez que los he visto.

Día 6

Hoy arranca la cosa pronto. Mi concierto favorito de Roskilde 2023 fue de una banda danesa los primeros días, Zar Paulo. Un privilegio ver a los daneses entregados a esta mezcla ochentera que tanto disfruté el año anterior, y poder verlos en el Arena a las 14:00, era algo que no iba a perderme. El barrizal que había que pasar para llegar al escenario era significativo, mis zapatillas ya eran completamente negras, pero me adjudique una buena posición para disfrutarlos con los fans. Concierto divertido, con momentos de baile y felicidad contagiosa, que, si bien no tuvo el impacto del de 2023 ni el efecto sorpresa, fue realmente notable. Inmejorable forma de empezar el día.

El siguiente concierto de la tarde fue Blondshell. La norteamericana se presentó en Roskilde a tirarse esas melodías teen angst que tanto me gustan en el Avalon. Inmejorable escenario y spot para una propuesta así, que sin ser algo extraordinario, daba la energía que mejor entra a esa hora, la de la felicidad contemplativa.

Cuando me estaba yendo, escuché algo poderoso en el Gloria. No habia cola, así que decidí entrar. Eran los irlandeses Kneecap. Sorpresa de la jornada y una de las sorpresas del festival, que potencia, que rabia, hit tras hit de raperos contra UK, a favor de Palestina, y muy, muy bailable. Pogos, la oscuridad del Gloria, y muy buen rollo entre todos. Que día llevamos, y acaba de empezar.

A partir de aquí, hubo varios retrasos, fuí a ver un poquito de Erika de Cassier, que sonaba muy bien, pero acabé dándole prioridad a Belle & Sebastian. El Eos, el sol, los niños que subieron al final del concierto para bailar The Boy With The Arab Strap… todo fue bonito, como de película. Esa energía inocente, bella, pura, inofensiva, que este grupo sabe transmitir tan bien. Merecio totalmente la pena.

Tras el concierto, decidir ir a la tienda, me arreglé, me puse mi peto de gala, y me dispuse a encontrarme con Barry Can’t Swim. El diluvio de proporciones bíblicas que apareció en un momento, hizo que tuviera que cambiar mi empapada ropa, en una tienda que cada vez tenía más barro, ponerme mi segundo par de zapatillas rezando que no lloviera más, y con una mala ostia considerable. Conseguí entrar en Barry, pero el ambiente estaba muerto, así que me acerqué a 21 Savage, y aún peor. Un cabeza de cartel que necesita sacarte a un Dj antes para calentar, y que cuando sale, está más muerto que el público de Barry. Bochornoso, posiblemente el peor cabeza de cartel que he visto en mi vida.

La noche no mejoró cuando tuve que comerme 20 minutos con los pies empapados para ver a Violent Magic Orchestra en el Gloria, para darme cuenta que no me gustaba especialmente lo que ofrecían. Me esperaba un concierto de Gabber, y eso era algo más propio del festival Roadburn.

La noche estaba fatal, pero quedaba Skrillex y Brutalismus 3000. Skrillex la verdad que fue extraño. No encendió las pantallas, y si el Orange ya es oscuro de por si, por momentos no se veía nada. El Set no fue tan bueno como el que pude ver el año pasado, y decidí irme 15 minutos antes para poder entrar en Apollo para Brutalismus,  mi plato fuerte del festival. La cola era larga, y cuando parecía que iba a poder entrar, se cortó el grifo. Estuve 20 minutos esperando, intentar jugar la carta de que era de prensa, pero nada. Noche terrible.

Fui vagabundeando por el recinto, y acabé en el Arena viendo a Tainy. A veces la vida te da regalos como este. No soy fan del reggaetón, pero la mezcla de este género con variables electrónicas que hizo Tainy de sus propias canciones, fue maravillosa. Sonó mucho Bad Bunny, Rosalía o Anuel, y aunque el escenario estaba vacío (claramente midieron mal su popularidad y tirón) los que estaban lo disfrutaban con ganas. Fue uno de los mejores conciertos del día, y ese cierre con Dakiti aún está en mi cabeza. No hay mal que por bien no venga.

Día 7

Llevamos una semana en Dinamarca, y para enmarcar que ya soy casi danés, que me he vuelto más rubio, y que ya ni el frio ni el barro me afecta, tocaba el plato fuerte del día: Foo Fighters.

Aunque antes de eso, tocaba ver a PIL, una de mis actuaciones favoritas de Roskilde 2023. Melodías pop, dulces armonías, felicidad, inocencia, potencia, electrónica y amor, mucho amor. A veces simples palabras describen emociones tan complejas como las que este grupo ofrece sobre el escenario. Maravilla.

Después de este concierto, aproveché para ir a enfermería, a que me curaran un dedo infectado. La voluntaria Freya hizo una labor encomiable y ya estaba listo para picotear un poquito de Tinashe. Las divas urbanas pop no son lo mío, pero posiblemente sea la mejor que he visto este año, sin ser una maravilla. Aproveché para ir por el carril directo a la zona de prensa, y me encontré con el equipo de prensa español, dispuesto a ver el Alemania vs España de la Eurocopa. Por un lado, la prensa española, por otro la alemana. Yo por mi parte, decidí irme a Alvvays. Adoro al grupo de Molly, sus melodías melancólicas, su distorsión dream pop, y sus hits inolvidables. Publico entregado, conseguimos primeras filas sin problema, y el mejor concierto que les he visto hasta el momento, y van 4. Ojalá más de esto en el festival.

Volvemos a la zona de prensa y los españoles y alemanes se han hermanado. Están juntos viendo el partido, aunque yo aprovecho con una pequeña parte de la expedición nacional para ir al Orange a pillar buen sitio para los Foo Fighters. Los bocatas de chorizo y salchichón vuelan 20 minutos antes de que empiece el show.

El concierto arranca, de día, con luz, con gran sonido, y con mucha energía. Dave Grohl se casca discurso tribunero sobre cuando tocaron en Roskilde por primera vez, momento en el que Dinamarca ganó la Eurocopa en 1992. Pronto empiezan a sonar temas increíbles, como Times Like These o Walk. El concierto ya empieza a ser memorable, pero aun quedan casi dos horas por delante.

Parte de los españoles se unen por cuentagotas, buscando nuestra bandera nacional. ¡HA GANADO ESPAÑA! y el descontrol es total. Poco a poco vamos formando pogos, hasta que el equipo de prensa está reunido al completo. Y entonces suena My Hero. Y de forma inexplicable, lagrimas recorren mi rostro. Me transportan al primer concierto de mi vida, de Foo Fighters en 2011. Una versión 13 años menor de mi conecta con la actual en Dinamarca, más concretamente en Roskilde, ese lugar sagrado. Y se produce el salto espiritual.

A partir de aquí, todo el concierto es una gran fiesta emocional, una droga sin parangón de camaradería masculina, de amistad, de efervescencia musical y de pasión intergeneracional. Da igual si naciste en los 70s, 80,s 90s o 2000s. Aquí todos hablábamos el mismo idioma.

Desfilan varios temas, aunque Arlandria y These Days resuenan especialmente en mí, ya que vi a los Foo por primera vez en esa maravillosa gira del Wasting Light. Le sigue This a Call, el maravilloso pogo nacional que montamos en Monkey Wrench al que se nos unieron otros españoles desconocidos hasta el momento para nosotros, dos daneses vestidos de Goku, y cualquiera que quiso formar parte de la familia que repartía bocatas de chorizo hace dos horas. Era la felicidad en estado puro.

Tras un precioso discurso de Dave, tocó el momento de que sonara Aurora, canción dedicada al difunto Taylor Hawkins, que hizo llorar a la mitad del equipo que me rodeaba. “Esto no pasa en el Mad Cool”, dijo el patriarca que nos había unido a través de foros y azares de la vida.

Y justo, en mitad de ese momento emotivo, sonó Best of You. Qué maravilla de versión en directo, que catarsis emotiva, que forma de desgarrarse por dentro y mostrárselo a los demás. Dave Grohl se dejó la piel para que nosotros pudiéramos reflexionar en nuestras propias carnes los momentos de nuestra vida que nos habían llevado hasta allí. Me rodeaban abrazos, cariño y apoyo. No sabia quien me tocaba, pero me sentía seguro. Formaba parte de un grupo que me aceptaba, y que entendía la singularidad de ese momento. Cada uno con su background, cada uno con su forma de entender el mundo. Todo tenía sentido.

The Teacher fue el antepenúltimo disparo, un temazo antes de que Grohl dijera que este era de los pocos festivales en los que la gente se preocupa por las personas que tiene alrededor, y que eso, no ocurría en Pukkelpop (toma dardo a los belgas). Dave entendía lo que era el Orange Feeling. “No me gustan las despedidas, odio la palabra Adiós. En lugar de eso, os diré esto” y empezó a sonar ese himno de los 90s, esa canción que lleva casi 30 años acompañando a adolescentes en los momentos más duros de sus vidas. Everlong. Que privilegio presenciar algo así, en ese escenario, con esas personas, a esa hora del día, en esa época del año. Todo lo malo que había ocurrido los días anteriores, todas las rayadas, cansancio, malestar, esguinces y molestias que pudieran haber rondado mi cabeza en esa semana danesa, habían merecido la pena. No cambiaria absolutamente nada de ello, todo había desembocado en ese momento fortuito, mágico, perfecto e inalterable. Fue uno de los mejores conciertos que he podido vivir, y, por ende, uno de los mejores momentos de mi vida.

Después de esta experiencia, algunos de los nuevos amigos que habíamos hecho se despidieron, y yo decidí irme solo a Scarlxrd. La verdad que mantener el tipo de esa experiencia era complicado, pero el rapero lo consiguió. Tralla, un público en su mayoría masculino, de nuevo camaradería a raudales, pogos de esos que puedes entrar sin miedo, y mucha testosterona. Fue el caramelo perfecto para descargar la emocionalidad de los Foo y convertirla en adrenalina. Salvaje.

A partir de aquí, la noche empezó a truncarse. No había grandes cierres, y me fui al Apollo, donde Debit y Bclip estaban tirando pistas de Reggaeton. Si los Foo fueron abundancia, amor y fraternidad, este escenario era necesidad, era búsqueda de atención y validación femenina, era presenciar actos desesperados de hombres en busca de mendigar cariño, y decidí irme ante la intoxicación frente a la que me encontraba.

Decidí probar ShyGirl, pero tampoco me entraba su atmósfera Queer, y salté a Rosa Pistola, para vivir parte de esa energía oscura y negativa, así que decidí cortar ahí mi noche, y no cerrarla con un mal sabor de boca.

Día 8

Último día. Odio los últimos días. Encima llueve, parte de la gente ya se ha ido o está recogiendo, y notas como la energía del festival baja, como cada persona aportaba a ese colectivo general energético, y ya no es tan grande.

Aun así, saco energías de donde no las hay, y me dejo caer por el grupo Barselona. Una de las sorpresas del festival, preciosa música danesa que tira por el indie pop con elementos electrónicos, pero tapizado con belleza, buscando la contemplación y no tanto el baile. Muchas danesas emocionadas en las pantallas, y uno de esos grupos que escucharé sin duda a partir de ahora.

Me dejo caer por el Gaia, para ver a Humazapas, la música kichwa de Los Andes de Ecuador. Que fiesta, como le gusta a los daneses un buen folklore, y a ser posible de fuera de Europa. Este último día de Roskilde era el día de las sorpresas, las mezclas imposibles, y aquí acabamos haciendo conga, bailes en círculos, y un pogo con uno de los integrantes del grupo tirándose un solo de harmónica. Brutal.

Y seguimos con las raíces latinas, para ver a Sofia Kourtesi en el Eos. Personalmente creo que le habría venido mejor un escenario cerrado, más pequeño, o más tarde, pero lo cierto es que trajo sus buenas vibras latinas para un público que aunque al principio era pequeño, poco a poco fue creciendo hasta ser notable. No me maravilló, aunque escuchar en Dinamarca “Madres” fue realmente bonito.

Y tocaba el plato fuerte del día para mí, Lankum. Su concierto en Primavera de este mismo año, es uno de los mejores de mi vida, y el listón estaba alto. Lamentablemente, la magia del Auditori no pudo transmitirse a un Avalon mucho más frio. Ni el grupo estaba tan enchufado, ni el público tan entregado, ni el setlist fue tan bueno (se dejaron The Young People fuera), aunque si que vivimos un momento mágico, cuando empezó a caer una lluvia descomunal, un diluvio universal, mientras comenzaba Go Dig My Grave, momento, en el que se oía la lluvia tan fuerte como la voz de la cantante. Preciosa armonía música – naturaleza, una vez más, en Roskilde.

A partir de ahí, empecé un buen Ping Pong. Todos los conciertos se habían retrasado por la lluvia, y de carambola, vi el final de Bad Gyal, curioso cuanto menos, aunque nada que contar, solo pillé la despedida final y el baile. De ahí pasé a Pj Harvey, que al lado de Gyal, era Mozart. Precioso concierto, preciosa energía, con un cielo único e imponente, que servía de contraste al barro que se habia formado tras la intensa lluvia. Fue uno de esos conciertos para cerrar los ojos y dejarte llevar. De ahí, ping pong entre Eartheater, que tuvo momentos gloriosos, aunque para highlight, me quedo con el cielo que se podía ver desde el Apollo, una mezcla de naranjas y rosas que nunca antes había visto. Sin palabras.

Salgo de ahí y picoteo un poco de un grupo danés llamado Gobs, suena genial, pero siento que tengo que ir a la tienda a cambiarme de ropa, y de camino, me encuentro con una deliciosa sorpresa, Bathsheba. Pillé sus dos hits, Green Lights y Something About Her. La energía que había en el Gaia era indescriptible, se notaba que el festival estaba acabando, y todas las personas bonitas estaban ahí. Una emocionadísima Bathsheba era incapaz de cantar las canciones, llorando ante un público que la coreaba como una diosa. “Nunca olvides este momento, pensé”, porque las lágrimas recorrían mi rostro. No era por la actuación en sí. Era por recapitular todo el festival en esa actuación, en ese escenario, donde 7 días antes, vi mi primer concierto de esta edición, y del que sabia, me despediría como mínimo hasta dentro de un año.

Pero todavía quedaba noche. Que tralla la de Jane’s Addiction en el Arena. Como sonaban esos guitarreos locos, de los mejores sonidos de toda la edición, aunque tuve que dejarlos a medias, para irme a Myrkur. Preciosa actuación la de la formación danesa, con la hipnótica Amalie Bruun como frontwoman. Melodías deliciosas, tralla, folklore danés, misticismo medieval, y armonías propias del Baldur’s Gate. El momento final con Ullvinde se me quedará grabado de por vida. Fue como renacer. Y pensar que 4 horas antes estaba viendo a Bad Gyal.

Quedaba ya el final de la noche. La decepcionante actuación de Sega Bodega (35 minutos, el tío no hizo nada y encima salió tarde), dio paso a que viera el final del rapero argentino Trueno, que se trajo una fiesta y vibras brutales con mucha presencia latina entre el público, una pena no haberlo visto entero.

Como broche final, los ingleses Overmono. Tenia miedo de quedarme fuera del Apollo, pero conseguí primeras filas. He de decir que ya los he escuchado mucho en directo, y la actuación me decepcionó un poco, o quizás, no me sorprendió tanto como esperaba, pero creo que les faltó un poco de emotividad en algunos de sus temas mas icónicos, y tiraron más a la tralla bailable. Fue un buen cierre del festival, puede que el mejor que haya vivido hasta el momento, pero lo esperaba incluso más especial.

En cualquier caso, la noche no acabó ahí, me fui a Dream City, y mientras amanecía, y observaba como danese se tiraban en sus colchones hinchables de una colina mientras sonaba la canción de El rey león en danés, me metí en mi tienda a descansar, soñando que no me despertaba, queriendo vivir en esa burbuja danesa para siempre, y sospechando, que cuando me despertase al día siguiente, o mejor dicho, 4 horas después, la vida dejaría de ser tan brillante, tan emocionante, y tan perfecta. Que viva el Orange Feeling.

David S. Blanco
David S. Blanco
A veces escribo de lo que me apasiona, y otras, de lo que toca.

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