Fue la Mano de Dios es la nueva película de Paolo Sorrentino. Tras un brevísimo y exiguo paso por las salas de nuestro país (como ejemplo, apenas dos pases en únicamente cuatro salas de la capital), exclusivamente pensado para cumplir con el mínimo exigido por la academia de los Óscar para optar a un premio, el film se estrena ahora en Netflix.

Fue la Mano de Dios no es una película cualquiera. Que Paolo Sorrentino es muy napolitano y muy maradoniano lo sabíamos desde que hizo La Juventud e incluso antes , pero lo que vemos en esta nueva película es una oda a todo ello. Y es que el claro y reconocido carácter autobiográfico de la cinta contribuye enormemente a exacerbar estas dos características personales del director, más potenciadas si cabe por la “carta blanca” presupuestaria que disfrutó por parte de la plataforma de streaming. Como fruto y muestra de ello tenemos un larguísimo plano secuencia inicial, que parece recorrer medio Nápoles para mostrarnos el punto de partida de su película.

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Cualquiera que sea mínimamente aficionado al fútbol sabe de sobra el calado de la figura futbolística que fue Maradona, y el impacto que tuvo, particularmente, en el club y la ciudad de Nápoles. ¿Conocéis ese dicho de ser “más Papista que el Papa”?, pues en Nápoles son más maradonianos que toda Argentina. Y es que el impacto del Pelusa fue mucho más allá de los terrenos de juego, y sirvió para dar unidad y un orgullo largamente olvidado a una sociedad napolitana fuertemente dividida entre norte y sur y con profundas heridas sociales, que parecían desaparecer cuando la ciudad de se juntaba para ver a Maradona con la elástica del «Napoli». Tal y como cuenta Sorrentino, o su alter ego en la película Fabietto, Maradona no llegó a Nápoles, “se materializó” allí como si de un mesías se tratara.

Y desde luego, en el caso de Sorrentino y de su autobiográfico protagonista, no es para menos: con Maradona llevando al Nápoles a una gloria hasta entonces desconocida, Fabietto acude a ver un partido del astro argentino cuando un escape de gas provoca una explosión en su casa, matando a su familia y dejándole huérfano. Una tragedia vivida en la adolescencia del director, que marcó el devenir de su juventud y lo llevó, por casualidades vitales, hacia el camino que todos conocemos.

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En Fue la Mano de Dios, Sorrentino nos ofrece una óptica menos realista de lo que nos tiene acostumbrados. “Cualquier tiempo pasado fue mejor” se suele decir, y unos tintes surrealistas y mágicos “made in” Sorrentino parecen nacer en esta película de esa idea, del romanticismo a veces irreal y construido con el que miramos a los años que dejamos atrás. Nápoles es más colorido, la vida más alegre y las tragedias, tragicomedias.

Con un intercalado de imágenes de archivo, Sorrentino nos presenta al “futbolista más grande que ha habido y habrá jamás”, incluyendo su famoso gol a Inglaterra que da título a esta obra. Y no es un título elegido por márquetin o impacto: quizás fue la casualidad quien apartó a Fabietto de su casa aquel día, o quizás fue la intervención divina, pero más tangiblemente fueron las botas del futbolista argentino. En la historia de Sorrentino Maradona es más D10S de lo que nunca fue sobre el campo, y eso es mucho decir.

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No faltan quienes ponen esta película como una de las mejores, sino la mejor, del director napolitano, y no es del todo incomprensible que haya quien piense así. Su trágico optimismo (o esperanzador pesimismo quizás), su aire mágico pero cercano y realista y el conocer su origen y lo que significa para su director hacen que el visionado tome una dimensión diferente, quizás más íntima, con cierto embrujo cautivador.

Sin embargo, fruto quizás de la fuerte inversión emocional del director en esta película e innegablemente de la absoluta libertad creativa y económica por parte de Netflix, también hay cosas en Fue la Mano de Dios que no son tan dignas de alabanza. O más bien una cosa: y es que por momentos resulta excesiva. Demasiado larga, demasiado atenta a la intrascendencia, demasiado condescendiente consigo misma. Y eso le resta muchos puntos en el ritmo, en el impacto general y en las ganas de volver a verla, si soy sincero. Porque sí, la candidata a los Oscar tiene todo lo bueno de Paolo Sorrentino, pero también gran parte de lo malo. Quizás ahí este su belleza: en su imperfección, la película es fiel a su relato, un espejo torcido de la vida en un lugar y una época que ya quedaron atrás, si es que alguna vez fueron así.

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Reseña Panorama
Fue la Mano de Dios (2021)
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