Arranca el festival de cine de San Sebastián con un precioso melodrama sobre el valor del cine en nuestras vidas, la importancia de proyectarlo, y como puede ser de terapia para nosotros, los espectadores. Empezamos, con un segundo, de Zhang Yimou.

Curiosa las vueltas que da la vida, incluso, en el mundo del cine. Un segundo, iba a formar parte de la sección oficial del Festival de cine de Berlín en 2020, pero por problemas -presumiblemente, con la censura China- la cinta no llegó a estrenarse ese año, y ha terminado recalando en el festival de cine de San Sebastián, dentro de su competición, y siendo la película inaugural del propio festival. Una historia tan rocambolesca, como la de la propia película, cuya sinopsis, parece bailar con la historia real de su proyección. Un segundo, lo nuevo de Zhang Yimou.

Un segundo

Un segundo, arranca perdiéndonos en un desolado paraje chino, donde un hombre de mediana edad, se confunde con las áridas dunas infinitas. Desconocemos todo sobre él, pero si que conocemos su objetivo: poder visionar una película incluida en la bobina 26, cuyo contenido, le interesa en exceso, y que será proyectada en los próximos días en uno de los pueblos a los que se dirige. Paralelamente, se cruzará en su camino una niña vagabunda, cuyo único fin, es el de robar una de esas bobinas.

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He llegado a este punto, caminando sobre un fino hilo, e intentando esquivar información que la propia sinopsis de la película da, porque, considero, que que destripa alguno de los momentos mas interesantes que hay en la trama de Un segundo. Recomiendo encarecidamente no indagar más, y dejarse llevar en la particular carta de amor al cine de esta preciosa película de Yimou. Como si de una versión occidental de Cinema Paradiso se tratase, la película transita a través de la importancia del cine como medio para recordar, para indagar dentro de nosotros mismos, y como fenómeno social. Como vehículo para hablar de lo imposible e invisible, – ahora entendemos los problemas con la censura – y de como este arte se convirtió en el más popular y transversal durante el siglo XX.

Un segundo

Un segundo se mueve en torno a la línea del melodrama, en una historia que podríamos llamar de aprendizaje, entre sus dos personajes principales. La información se nos es rebelada cuidadosamente, y siempre pretende tener un impacto emocional en el espectador, algo que consigue, generalmente, de forma orgánica y natural. Y esto, realmente, es muy complicado.

Pero lo cierto, es que, en Un segundo, todo encaja a la perfección. La ternura nunca va reñida con la crudeza de la historia que retrata, y se puede sentir el aroma del cine “clásico, de el de antes” a la hora de desarrollar cada uno de los momentos que confieren la película.

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Un segundo es una cinta muy sobria en cuanto a su formalidad, sin ningún tipo de alarde visual o fotográfico, e incluso, me atrevería a decir, que bastante “occidentalizada” en su pulso narrativo. Quizás esto ultimo no sea lo que mas aprecien los acérrimos al cine de Zhang Yimou, pero en contra punto, permite que su visionado sea más accesible para un publico mayor. Una gran película de apertura para el festival de cine de San Sebastián, desde el que escribo estas líneas.

Reseña Panorama
Un segundo
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