Mi identidad secreta es una cinta francesa disponible en la plataforma de Filmin que nos trae un drama de época y narra una historia de clases sociales y suplantación de identidad.

Mi identidad secreta está ambientada en la Primera Guerra Mundial y narra la historia de Nélia Laborde, una enfermera voluntaria de la Cruz Roja en el frente que encuentra una oportunidad de cambiar su vida cuando suplanta la identidad de Rose, una joven de familia adinerada, asesinada durante un bombardeo. Adaptada libremente de la novela «La nueva Magdalena» de Wilkie Collins, esta producción plantea una idea interesante y cuenta con un acertado contexto de la época en la que se desarrolla, pero falla en muchos apartados y no logra mantener la intriga de su conflicto central por mucho tiempo.

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Un guion perezoso

Mi identidad secreta

Los problemas de Mi identidad secreta comienzan en su guion, escrito por Aurélia Georges y Maud Ameline. Desde los primeros compases, no hay un buen desarrollo. Los primeros giros importantes en la trama suceden por conveniencia y sin un ápice de naturalidad. A medida que se va perfilando el conflicto central, la consecución de acontecimientos se agolpa de manera frenética y la historia pierde toda credibilidad. El tramo final resulta el más efectivo, pero llegado a ese punto, ya no hay un punto de interés para rescatar.

El desarrollo del personaje protagónico es otro de los grandes defectos de la cinta. Se nos presenta a Nélia como una mujer que ha pasado por situaciones difíciles y por la que debemos sentir empatía, pero las decisiones que toma a lo largo de la historia no tienen una justificación del todo convincente y la convierten en una figura irritante. Su redención final se antoja demasiado artificial para ser creíble.

Dentro de la narrativa se manejan temas como la desigualdad entre clases sociales, el robo de identidad, y cuestiones morales como el hecho de mentir y causar un mal a otra persona para salvarse a uno mismo, pero todas ellas están abordadas con trazo grueso y nunca se llega a profundizar en ninguna, dando como resultado una exploración superficial y vacía de cuestiones intrigantes.

Luces y sombras en el reparto

Mi identidad secreta

El reparto de Mi identidad secreta también se adentra en terreno farragoso. Por un lado, tenemos a la actriz Lyna Khoudri que interpreta a Nélia en piloto automático. Aunado al mal desarrollo de su personaje, Khoudri no logra superar las limitaciones del guion y entrega una actuación plana, carente de emoción y caracterizada por una falta de expresividad que hace imposible sentir algún tipo de conexión con ella. Una mala decisión de casting por donde se mire.

La misma suerte corre la actriz Maud Wyler, encargada de interpretar a Rose. Su registro dramático se siente forzado, llegando a rozar el histrionismo en momentos clave y no consigue sacar provecho alguno de su limitado tiempo en pantalla.

Los únicos miembros del elenco que consiguen entregar actuaciones solventes son la experimentada actriz Sabine Azéma que le aporta elegancia y temple a su personaje, además de robarse el protagonismo en las escenas que comparte junto a Khoudri; y el actor Laurent Poitrenaux desprende carisma y humanidad por los cuatro costados en una participación breve pero eficaz.

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Algunos aciertos

Mi identidad secreta

No todo es negativo en esta cinta. Dentro del apartado técnico, hay elementos destacables.

El diseño de producción nos transporta con facilidad a la Francia de la Primera Guerra Mundial y refleja a la perfección el balance entre clases sociales, con las grises calles de París, donde Nélia vive en contraposición a la lujosa mansión de Eléonore en la campiña francesa. El vestuario se ajusta a la época y presenta una serie de diseños elegantes que permanecen en la retina.

La fotografía favorece los tonos apagados en cohesión con el tono de la historia y despunta la paleta de grises en su primera mitad, para luego pasar a tonos más cálidos en el segundo tramo. También deja algunas imágenes potentes, como el plano detalle que cierra la película.

La música acompaña de manera sutil los eventos y presenta cotas de intriga que la propuesta, en general, no logra transmitir.

Por último, hay una escena donde tiene lugar un recital musical que destaca por su bien pensada puesta en escena y otra donde una lectura de Los Miserables de Víctor Hugo funciona para delimitar brevemente el mundo interno de Nélia.

En conclusión

Mi identidad secreta ofrece un elegante diseño de producción y una premisa central llamativa, pero un guion deficiente y la ejecución inerte de su trasfondo hacen que esta producción francesa quede extraviada en tierra de nadie.

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