Cuatro años después de Los crímenes de Grindelwald llega a las pantallas la muy esperada nueva incursión en el mundo mágico de la mano del mago zoólogo creado por JK Rowling con Animales fantásticos: Los secretos de Dumbledore.

Siete de la tarde.

Espectadores seis, dos de los cuáles abandonan en los primeros minutos de metraje al escuchar la voz de Jude Law y entiendo que han entrado en la proyección en versión original por error.

Tres cuartos de hora más tarde, también yo he cometido uno: olvidé el giratiempo en casa. Esta no es mi película porque animales pocos. A cambio demagogia, un guión de ritmo discutible y escasa originalidad.

Porque esta es una cinta de animales fantásticos en la que no hay nada del bello bestiario de las anteriores y ni gota de luz y color. Lo que sí tenemos es humanos, ya que este es un filme coral en el que Redmayne se diluye como un hilo en el pensadero en pro de la comunidad de la varita y Dumbledore-un Dumbledore innovador- reclama el protagonismo.

Animales fantásticos: Los secretos de Dumbledore 01

¿Y hay algún problema con ello?

Pues sí, que estamos ante una peli de alto presupuesto a la que le sobra metraje y se nota. Nos presenta a algunos personajes nuevos que se suman a los que ya conocemos y queremos, aunque no está claro qué hacen ahí.

No me entendáis mal, me encanta Jacob Kowalski, pero, ¿hace falta un pastelero para salvar al mundo? Seguramente para el director sí y Kowalski pone en tela de juicio la necesidad de aurores.

Una cinta turbia, que no oscura-impresión que no mejora si te limpias las gafas una segunda vez-y que deja la sensación incómoda de que la trama es un refrito de situaciones ya vistas, que las plazas repletas de alemanes son un recurso más que manido y que Indiana Jones ya estuvo aquí buscando el diario de su padre, entre pancartas, marcialidad, cortes de pelo a la taza y gabardinas.

Porque oh sí, vuelven los alemanes con parálisis facial y los consabidos clichés que al parecer tienen tanta vigencia entre muggles como entre magos, amén de dejarnos tristemente claro que el mundo mágico cuando director y guionistas se ponen a ello es tan tedioso, gris y previsible como el humano.

¿Y qué pasa con Grindelwald?

Pues todo y nada. Tras descartar a Depp por sus problemas personales-esas siempre discutibles decisiones de los estudios-lo sustituye Mads Mikkelsen con lo que el equipo de casting ante la imposibilidad de encontrar a alguien que siguiera la excéntrica estela de Jack Sparrow optan por cortar a tijera al personaje anterior perfilando un mago malvado que ha perdido el color platino de su pelo (hay menos tiempo para retocarse las mechas en estos tiempos oscuros) y hasta el blanco de uno de sus ojos.

Animales fantásticos: Los secretos de Dumbledore 02

Adiós al histriónico encanto de Depp y hola a esta hierática versión de villano a lo Bishop de Alien. No hay indicios de cómo puede haberse producido tamaña transformación multinivel. Quizá por sus terribles crímenes haya pasado una temporada en un sanatorio sometido a electroshocks. No lo sabemos y a estas alturas deja de importar porque tienes que tragártelo si quieres continuar con el visionado.

¿Logro vislumbrar el vínculo Dumbledore-Grindelwald? Ni con las gafas de la profesora Trelawney. Tampoco David Yates se esfuerza en darnos ni un atisbo que nos lo haga entender y como eso supondría más tiempo pegada al asiento, no me queda otra que agradecérselo.

¿Y Credence? Pues decir que aparece y poco más, su historia que era el hilo conductor y a mi modo de ver el corazón de la saga, se despacha en dos pinceladas escasas que apenas explican nada- incluyendo aún así la mejor-casi única-escena de acción de toda la película-en comparación al excesivo metraje dedicado a destacar obviedades y alargar escenas intrascendentes.

¿Lo mejor? La ambientación, el cuidadísimo diseño de producción, el vestuario, los impecables efectos visuales, los abrigos de paño de Jude Law.

¿Lo peor? El tiempo perdido entre los asientos que ni Proust ni la magia de Dumbledore ni mil animales fantásticos me van a poder ayudar a recuperar.

Reseña
‘Animales fantásticos: Los secretos de Dumbledore’
4
Artículo anteriorCrítica de North Hollywood (2021): un Coming of age tradicional
Artículo siguienteLos Herederos de la Tierra (2022) [Netflix]: Los pilares de la tierra «made in Spain»