Woke it up!: La inclusión forzada cumple 130 años

Uno de los términos estrella que se aplican continuamente a la producción audiovisual contemporánea es el de inclusión forzada. Es más, llegamos a decir hasta que el cine y la televisión buscan hacer ingeniería social. Pero ¿de qué se tratan exactamente estos dos conceptos? Vamos a meternos en un jardín, pero quién dijo miedo.

Pues por inclusión forzada se entiende el adjudicar papeles de blanco a actores racializados. Un ejemplo clarísimo es el live action de La Sirenita, sobre el que corrió ríos de tinta (o mares de hate mejor dicho) por la elección de Halle Bailey para a interpretar a Ariel. Podríamos acusar a Disney de ser poco honesta, puesto que no es una nueva adaptación del cuento original sino la traducción en cine filmado de la película de animación. Se supone que busca ser visualmente clavada a lo que habíamos visto en 1990 y es verdad que el resto de actores buscaban mimetizar al diseño que conocíamos. Todos menos la protagonista. Eso es lo que más lamento de esta polémica, que el trabajo de Bailey quedó completamente ninguneado entre tanto Twitter, tanto Facebook y tanto todo.

Además, no olvidemos que estamos hablando de un pescado, así que el debate es si está más rico al horno o a la plancha. Otros ejemplos conocidos son los de la miniserie de Ana Bolena (HBO Max) y la serie Los Bridgertons (Netflix), y es precisamente esta última plataforma la que se lleva la palma sobre acusaciones de ingeniería social. ¿Y en qué se supone que consiste? En que al mostrarnos como normales («normales») ciertas estructuras sociales en pantalla la terminemos asociando como naturales y las acoplamos a la vida real.

Aquí habría que preguntarle a los detractores de cuál es el problema de que Netflix prime la aparición de personajes homosexuales, transexuales o racializados. Es decir, todas esas personas existen en el mundo real. ¿Cuál es el problema entonces? ¿Que se les dé visibilidad? ¿Si están escondidos eso es normalidad, pero si se les pone una cámara delante ya estamos jugando a ser Dios? Porque aquí es justo donde yo quería llegar, la inclusión forzada y la ingeniería social ha existido toda la vida. Antes incluso de que alguien dijera la omnipresente palabra woke por primera vez.

Desde que el cine es cine, personajes de determinadas razas han sido interpretados por actores de una raza diferente, lo que pasa es que esos actores eran blanquitos y entonces no molestaba. Tan inclusión forzada es que Julio César lo interprete un negro como que a Moisés y Noé lo haga un actor rubio de ojos claros. Es exactamente lo mismo: alterar la realidad introduciendo con calzador una raza que no le corresponde a la historia. Hay un dato bastante curioso e ilustrativo y es que ha habido unas cien películas que han tratado a Jesucristo. Pues ni una sola de ellas el papel se lo han dado a un judío. Mel Gibson le propuso el papel a Jim Caviezel primando que era un actor católico practicante. No existe mayor barbaridad histórica que elegir a un católico para interpretar al rabino Yeshúa Ben Yoséf (Jesucristo para los amigos).

Pero el caso es que daría absolutamente igual, porque el cine es ficción. Un director rehace la realidad para mostrar una recreación de la misma. Que Ana Bolena fuera interpretada por la negrísima Jodie Turner-Smith es tan falso como cuando la interpretó la blanquísima (y judía) Natalie Portman. Mientras Ana Bolena no se interprete a sí misma, cualquier otra elección es alterar la realidad. Por eso da absolutamente igual que el director elija a una u otra para interpretarla. Como si escoge a Charmander: el cine es ficción. De buenas a primeras nos ha entrado la fiebre de que el cine sea un documental y el cine consiste en que el público se trague una mentira sabiendo que lo es.

Mierda, ahora necesito ver una película sobre la corte de Enrique VIII interpretada por Pokemon.

En el caso de la ingeniería social, estamos exactamente en las mismas. Durante más de un siglo se ha mostrado un mundo absolutamente falso. Si una película solamente aparece personas blancas heterosexuales, esa película está mostrando una completa mentira. El mundo es diverso y hay gente de otras razas y condiciones sexuales. Nos puede parecer que Netflix se le va la mano mostrando a más personas invisibilizadas de las que hay en el día a día, pero es que hasta este momento los hombres blancos heterosexuales estaban absolutamente sobrerrepresentados. Eso es igual de ingeniería social: Ocultar a determinadas personas para hacer como si no existieran y que, de verlo así en la pantalla, asumamos que eso no existe. O peor, que existan, pero que se queden escondidas y calladitas. Pero por lo que sea, los que se quejan de una ingeniería social no se quejan de la contraria.

Por lo que sea.

No voy a negar que la necesidad de que los personajes se han interpretado por actores de su misma condición étnica ha llevado auténticos dislates. Es decir, es tan ridículo a priori que un rubio de ojos azules interprete a Aladino como que lo haga cualquier intérprete que al director le parezca «moro». Tan colonial es lo uno como lo otro. Y lo digo por el live action de Aladdín. Guy Ritchie (o quien decidiera por él), para contar una historia ambientada en el medio Oriente, escogió al egipcio Mena Massoud como Aladdin, al tunecino Marwan Kenzari (Jafar) o a los persas Navid Negahban (el Sultan) y Nasim Pedrad (Dalia). Tócate los collons. Eso es literalmente querer ir de guay y de integrador y quedar como un pedante iletrado.

Las recreaciones históricas no hay que entenderlas como una enseñanza sobre el pasado, sino como una manera de entender el momento en el que se hicieron. Es decir, hoy se le da importancia a que los repartos sean multiétnicos y representen la realidad diversa. Por eso se elige a actores racializados para interpretar personajes de otras épocas. No es por aquel entonces, es por el día de hoy. Por eso mismo creo que en series como Los Bridgertons al final consiguen el efecto contrario al que están buscando. La época que nos retrata todavía tenía esclavitud. Legalmente, se había abolido, pero en la práctica seguía existiendo. La serie nos retrata a personas negras como si fuera la cosa más normal del mundo que llegaran a puestos sociales elevados. Es cierto que hubo casos, sin embargo, la mayoría de ellos serían siervos, pobres y esclavos. Por esa razón me parece que es un blanqueo de la historia… aunque el término blanqueo suene un poquito raro en este contexto.

Una de las principales críticas que se tiene es que no se cuenta historias de negros, sino que se cuenta las mismas historias de blancos pero con intérpretes negros. Hemos llegado al punto de que ha aparecido un término específico que lo ilustra: Tokenismo, cuando se introduce a un único personaje racializado solo para dar apariencia de diversidad. Vamos, que el negro se lleva la migaja cinematográfica para que el director presuma de progre. Si de verdad hay tanta sensibilidad por contar las historias de los colectivos a los que siempre se les ha negado la voz… ¿No tiene más lógica hacer literalmente eso?: Contar sus historias. Por eso me gustó tanto La mujer rey (Gina Prince-Bythewood): una directora negra que cuenta una historia de mujeres protagonistas negras. Es una película histórica que desvela una historia apenas conocida: como el ejército del Reino de Dahomey estaba compuesto exclusivamente por mujeres.

Me parece que es el camino más efectivo, de hecho Disney lo hizo con Tiara y el sapo, la primera vez que contaba una historia de negros, sin polémica ninguna. La sirenita, por mucho, sigue siendo una peli de blancos y ellos lo sabían. Pero hemos picado. Señores de Disney, que sé que me estáis leyendo. Confesadlo: Sabíais que la polémica os iba a dar más publicidad gratuita de la que podíais pagar… y os la hemos dado. Mini punto para vuestro departamento de marketing.

Y digo yo, ya para terminar. ¿Qué más da si no te gusta a quien haya escogido el director/a? Se hacen más películas al año en todo el mundo de las que podrás ver en toda una vida. ¿Te molesta la inclusión forzada? Pues ponte una película con exclusión forzada, que son casi todas. ¿Qué determinada ingeniería social te resulta incómoda? Pues ponte una película con la ingeniería social contraria, una de esas en las que la sociedad, de homogénea, es igual de falsa. ¡No te va a costar encontrarla!

Si se nos llena la boca con la palabra libertad… Que se nos note.

Eitán
Eitán
Soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar

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