Sex Education, uno de los fenómenos más sólidos de Netflix, llega a una cuarta y última temporada que no ha dejado satisfecho a todo el mundo. En Cinéfilos Frustrados ya cubrimos, sin spoilers, este último año de Otis, Eric, Maeve y demás personajes creados por Laurie Nunn, pero ahora vamos a entrar a saco a destripar un final, cuanto menos, polémico.

Vaya por delante que en esta nuestra, y sobre todo vuestra, casa llamada Cinefilos Frustrados somos fans de Sex Education. La serie de Laurie Nunn nos sorprendió en 2019 con su particular fórmula narrativa. El título mismo de la serie no escondía una premisa que por momentos se arrinconaba en una suerte de McGuffin. Porque al final Sex Education iba por donde va todo aquello que nos atrapa: las emociones. Y ahí anidaba la citada fórmula: los personajes centrales yendo poco a poco hacia amores imposibles mientras el resto, inicialmente estereotipados al extremo, se abrían poco a poco como personajes emocionalmente complejos en cuanto la trama se centraba en ellos. Y todo bañado con excelentes dosis de humor. Genial.

¿Qué ha ocurrido pues con esta cuarta temporada de Sex Education? Pues, en parte, que han perdido la gracia. Que no el humor. Tal y como contamos en nuestra crítica los dos primeros episodios tienen momentos hilarantes. No, ese no es el problema, y si lo fuera siempre nos quedará la desternillante risa de Ncuti Gatwa. El problema es que la serie se ha perdido en su premisa, y sobre todo en lo que al final permanece en la memoria de todo espectador. Porque esos personajes que, aunque sólo tres de ellos empezaron esto siendo completamente tridimensionales (obviamente hablamos de Otis, Eric y Maeve), sucumben con ello a esta suerte de desidia creativa. Una pena.

Sex Education (5)

Efectivamente Sex Education siempre mostró (y es parte de la gracia de todo esto) un mundo de tinte irreal en el que los personajes, todos mezclados, responden a todo tipo de sexualidad, identidad, género, minorías y reclamas acerca de injusticias sociales aquejadas los adolescentes. De ese modo Nunn y los suyos podían verbalizar en ellos el asunto a tratar. Pero en esta cuarta temporada, con ese nuevo instituto, parece que se les ha ido un poco de las manos. El exceso se aprecia no en los problemas a tratar sino en la menor profundidad dedicada a ellos porque no afectan siempre a personajes centrales. Sin olvidar la querencia, nueva, por el discursito, musiquita emotiva y miradas de los personajes comprendiendo la lección del día. Casi parecen los ochenta…

La peor parte se la llevan los personajes. Sus arcos parecen agotados y en manos de una extensión sin interés (Eric y Adam), abandonados (Ruby: porque, literalmente, esta sola) o, en el peor de los casos, aquejados del mayor mal de la serie en esta temporada: Otis y Maeve. Maeve y Otis. Si bien ella está emocionalmente donde debe tras cuatro temporadas, parece que Otis es el mismo de la primera. No es de recibo que tras ese tiempo, cuando dos chicas como Ruby y Maeve (¡Maeve!) sucumben a tus encantos, sigas siendo el mismo torpe emocional, cursi y por momentos patético. Se puede seguir siendo Otis, desde el guión y los diálogos, aunque evolucione hacia una persona más segura y, porque no, atractiva en presencia.

Sex Education (6)

Y llegamos a ese final. No se trata de lo que quiera el espectador, sino de lo que necesita, sea de su agrado o no (priman las emociones). Pero este es un final feo e insípido. Cuando toda la serie gira sobre esa relación tan bien descrita por Otis en la primera temporada, que es la fantasía de todo nerd inseguro y aquejado de traumas: ella está en una escala mayor en la cadena trófica, es una pantera o una leona, mientras que él es un canguro o un armadillo. Esa era la génesis narrativa y emocional, un clásico de la ficción que siempre funciona: el amor imposible. Él accediendo a una chica imposible y ella descubriendo que Otis es tan válido como cualquiera.

No necesitamos siquiera pinchar en ese agrio final, sino en los eventos Otis-Maeve de esta cuarta temporada: casi que ni un sólo momento entre ellos sale bien, o es mínimamente feliz, pleno, mágico… Es una consecución de interruptus de todo tipo (casi siempre gracias a Otis) en el que si un espectador ha invertido emocionalmente en ellos, durante cuatro años, se va a quedar a cuadros ante tal despliegue de fracasos en algo tan simple como que ya estaban en el punto de certificar el tema (se entiende…) y Nunn y cía, simplemente, lo evitan artificial y torpemente.

Sex Education (7)

No por ello Sex Education deja de ser una serie notable. Como buen producto moderno, y de streaming, salió con todo (sino la gente se larga rápido) por lo que su mejor temporada es aquel primer año. Pero su fórmula, felizmente original, de acercamiento a cada personaje para descubrir que todos solemos vernos con una pátina estereotipada hasta que mostramos interés en ellos y les conocemos bien, permanecerá como su mejor logro. Lo sucedido con sus dos protagonistas, ese armadillo que finalmente enamora a la leona, ya es otro cantar. Siempre nos quedarán las risotadas de Ncuti Gatwa, eso sí.

Crítica Sex Education Temporada 4 y Final de Serie

Reseña
Puntuación general
6
Artículo anteriorCrítica ‘Nowhere’ (2023) [Netflix]: Anna del Castillo vs los Elementos
Artículo siguienteCrítica de ‘El exorcista: Creyente’ (2023): Vuelve el clásico de terror
sex-education-critica-finalTras el cierre del instituto Moordale, Otis y Eric se enfrentan a un nuevo reto: su primer día en el Cavendish. Otis ya está ansioso por montar su nueva consulta y Eric reza para que no vuelvan a ser unos pringados. Pero el ambiente del Cavendish es todo un choque cultural para los alumnos del Moordale. Ellos se creían muy modernos, pero este instituto está a otro nivel: hacen yoga todos los días en el jardín comunitario, se vuelcan en la sostenibilidad y hay un grupo de chicos que son populares por ser... ¡amables! A Viv le encanta su enfoque no competitivo donde los estudiantes llevan la batuta, mientras que Jackson sigue tratando de superar lo de Cal. Aimee quiere probar algo nuevo y se matricula en Arte, y Adam se pregunta si la educación convencional es para él. Por su parte, Maeve cumple su sueño en la prestigiosa Universidad de Wallace, en Estados Unidos, donde asiste a las clases del escritor de culto Thomas Molloy. Otis suspira por ella y entretanto debe acostumbrarse a no ser hijo único, ni el único terapeuta del campus.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.