Puede que seas de esos que ya está planificándose la agenda para dar abasto a la gran oferta de series que se anuncian para el próximo año. O puede que seas de esos paladares exquisitos que van a la búsqueda de la serie definitiva, la joya oculta entre la niebla. Si eres de los segundos, este artículo para ti. Porque sabemos que eres un cazador. Que pasas más tiempo buscando series de calidad, que sucumbiendo a las novedades. En este post vamos a repasar algunas series británicas que tal vez no hayan visto tus compañeros de trabajo  y que te harán disfrutar como todo un sibarita de la ficción.

Todas estas series pueden verse a través de Filmin. Los tiempos convulsos estimulan la imaginación y en el caso de Inglaterra esto parece cumplirse a rajatabla. Las series  del año pasado ahondan en la fragilidad político-social del país con guiones que nada tiene que envidiar a las grandes producciones de Netflix e interpretaciones que en muchos casos, las superan.

La ficción que vino del Brexit

1. Press. El creador de Doctora Foster, Mark Bartlett, firma esta serie ambientada en Londres que aborda los grandes problemas del periodismo escrito: la competencia con la prensa digital, las fake news y el clickbait, a través de la rivalidad entre dos periódicos: The Post, de corte sensacionalista, y el Herald cuya apuesta por la vieja ética periodística lo ha situado al borde de la supervivencia. El gran acierto de la serie es situar el contexto de una guerra mediática en términos de absoluta actualidad.

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Ben Chaplin hace el papel de Duncan Allen, el director amarillista y sin escrúpulos que bien podría recordarnos a Eduardo Inda. En las antípodas, se sitúa la intrépida periodista Holly Evans (Charlotte Ripley) encargada de defender la dignidad de la profesión. Press peca de algunos clichés típicos de las series de periodistas, pero dibuja un retrato de los medios de comunicación que es el reverso macabro de la ingenua The Newsroom.

2. The Accident. La serie es obra de Jack Thorne, responsable de National Treasure. Cuenta con la presencia de Sarah Lancashire, siempre fantástica, a quien vimos hacer de policía en Happyvalley, y de Sidse Babett Knudsen, la mítica Birgitt Nyborg de Borgen. Está ambientada en un pueblo rural de Gales donde el desmantelamiento de la minería ha hecho estragos dejando tras de sí un importante índice de paro y alcoholismo.

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Esta situación parece que está a punto de revertirse con la inauguración de una nueva fábrica que dará muchos puestos de trabajo. Pero antes de que pueda ponerse en marcha, unos adolescentes se cuelan en las instalaciones para hacer graffitis y emborracharse. En ese momento se produce una explosión de gas que acaba con el derrumbe del edificio provocando una tragedia en el pueblo y abriendo un debate judicial: ¿Quién es responsable del accidente? Los cuatro capítulos se centran en la fuerza de las madres inglesas por exigir una explicación a la compañía. La culpa, la solidaridad y la cobardía son asuntos que la serie trata desde una óptica que recuerda al mejor cine realista de Mike Leigh y Ken Loach.

3. The Víctim. Se trata de un drama judicial que es a la vez un juego de máscaras. El título invita al espectador a descifrar quién es realmente la víctima de esta historia. La serie arranca con Anna Dean que vive obsesionada por descubrir la verdadera identidad del asesino de su hijo, ocurrido quince años antes. Las pesquisas de la madre dan con el nombre del posible culpable, Craig Myers, que vive una vida apacible con su mujer y su hija. Tras filtrarse su nombre y dirección en internet, Craig se convierte en el blanco de un linchamiento colectivo. Incluso sufre una agresión violenta en su propia casa.

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Rob Williams, guionista de series como Killing Eve o The man in the High Castle, es el creador de esta miniserie sobre la justicia y sus límites. Tiene un ritmo in crescendo que reflexiona sobre la indefensión del individuo ante las redes sociales y la venganza personal. El final es de los que te dejan con la boca abierta preguntándote qué harías tu en la misma situación.

4. Blood. Este thriller psicológico que llega de Irlanda bebe de la herencia de Broadchurch, aunque se queda unos cuantos puntos por debajo de la serie interpretada por Olivia Colman. Cuando la madre de Cat muere repentinamente, esta a regresa a su casa familiar en un pequeño pueblo del rural irlandés. Cat lleva ausente varios años y el reencuentro con sus dos hermanos y su padre no será un paseo en barca. La presencia de la oveja negra de la familia abrirá viejas heridas y dejará a la luz secretos celosamente guardados por todos los personajes. Y es que aunque la muerte de su madre parece accidental, la sombra de la duda acecha a la hija menor que decide empezar a investigar lo ocurrido por su cuenta.

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La serie juega con la subjetividad de la protagonista haciendo al espectador dudar en todo momento si sus sospechas son ciertas o si la fantasía desbordada de la joven ve “monstruos” donde no los hay. Adrian Dunbar, a quien hemos visto en Line of Duty, aporta una interpretación ambigua que va a medio camino entre el padre protector y el cacique mafioso. Sin embargo, la resolución de la historia no acaba de funcionar y deja cierta sensación de que el guionista se ha sacado un conejo de la chistera en el último minuto.

5. The Informer: En Cinéfilos Frustrados ya os hemos hablado de esta serie , dirigida por Jhonny Campbell, que tiene uno de los inicios más impactantes que hemos visto recientemente. En la primera escena seguimos a una mujer que ha olvidado su teléfono móvil en un vagón de tren y a un joven que la sigue para devolvérselo. La mujer entra en una cafetería y tras agradecerle al joven el gesto y mantener una breve conversación, alguien más entra en la cafetería y se pone a disparar. La estructura narrativa de la serie es lo que te mantiene enganchado. A partir de este momento, la acción se sitúa meses atrás para contarnos la historia de Razza (Nabhaan Rizwan), que pasa de la noche a la mañana a convertirse en informante de la policía para localizar a un peligroso yihadista, Ahmed El Adoula.

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En los primeros cinco minutos de cada capítulo veremos un fragmento más del atentado terrorista de la cafetería, pero no descubriremos quién lo ha perpetrado hasta el final. The Informer nos recordará a otras series como Homeland o The Night of donde la línea que separa a los buenos de los malos también se difumina a medida que avanza la acción. En esta serie, el protagonista se adentra en un mundo oscuro y violento empujado por una pareja de detectives formado por Gabe y su nueva compañera Holly Morten. La falta de ética de los detectives contrasta con la ingenuidad de Razza y pronto descubriremos que el trabajo de informante es un viaje sin billete de vuelta del que nadie regresa siendo el mismo.

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Comunicadora Audiovisual y Crítica de Cine desde los seis años. Intensita sin complejos. Dirijo el podcast La Ilusionista. Tengo más cuento que Calleja. Veo pelis. Escribo. Sobrevivo por encima de mis posibilidades.