Robocop

Aprovechamos el treinta aniversario de la película Robocop para rendir un emotivo homenaje a todos esos críticos incapaces de ver una obra maestra aunque la tengan delante de sus narices.

Porque sí, hay películas sin las cuales hoy no se entiende el cine… pero tampoco se entiende la nula recepción que tuvieron en su estreno. Algunas de estas películas pasaron sin pena ni gloria, pero otras de ellas fueron completamente vapuleadas. Fincher, Hawks, Verhoeven y Kubrick tuvieron que esperar años para que sus películas reclamaran el Trono de Hierro. Vamos a ver algunas de ellas.

ROBOCOP

¿Por qué ocurrió?

Si echamos la vista atrás tres décadas, seguramente nadie, absolutamente nadie pensaría ni por un instante que ahora estaríamos celebrando su estreno. Paul Verhoeven fue contratado para rodar una película de serie B sobre robots humanos aprovechando la estela de Terminator. Eso fue lo único que le pidió la productora. Un éxito de taquilla de usar y tirar. ¿Qué hizo Paul Verhoeven? Que sigamos hablando de Robocop. Hay que reconocer que no era fácil imaginar tanta trascendencia. En los años 80, el cine de género era carne de videoclub. Para quien no lo sepa, un videoclub era algo así como piratebay, pero tenías que ir a una tienda y encima pagar por ello (Qué poca vergüenza, ¿verdad? ). El nicho de mercado de Robocop era más el doméstico que la sala de cine (Terminator forjó así también su leyenda). ¿Quién iba a hablar bien de una película de videoclub?

¿Y qué ocurrió después?

Que cayó por su propio peso. A Verhoeven le dieron una película de usar y tirar y creó una reflexión acerca del sentimiento de humanidad, sobre qué es el hombre y qué la máquina y cómo lo primero prevalecerá sobre lo segundo. Vivimos completamente conectados a un ordenador, tenemos amistades que se reducen a lo que vemos en una pantalla. Incluso hablamos de «vida virtual».  ¿Nos puede extrañar que Robocop no haya dejado de ganar con el tiempo?

¿Le volvió a pasar?

Y vaya si le volvió a pasar. Le ha pasado siempre. Al menos en Estados Unidos, de donde tuvo que huir tras Showgirls. Incluso así, sabiéndose desterrado, fue tan benévolo que les legó Starship Troopers, una película de invasiones extraterrestres sin más. Sin más hasta que la cogió él y vio el potencial que tenía para reírse de las tendencias fascistoides de ese tipo de cine. Incluso una película completamente alabada por la crítica como Elle, fue descalificada en la carrera de los Oscar. Que no, que no les gusta Verhoeven. Ingratos. Con todo lo que le deben.

SEVEN

¿Por qué ocurrió?

Aunque parezca mentira, el buque insignia de David Fincher no fue especialmente bien recibido en su estreno. La taquilla funcionó, pero no os vayáis a pensar que la crítica se rindió a sus pies. Ni muchísimo menos, pero si la vemos con perspectiva podremos entender por qué la miraron de lado. Para empezar, Seven no dejaba de ser una película más de todo el (o la) explotation del psycho-killer, que El silencio de los corderos había puesto de moda. Que sí, que está muy por encima de El coleccionista de huesos, de El coleccionista de amantes, de Copycat, etcétera… pero eso lo sabemos ahora. En su momento fue otra de tantas. Por otro lado, si un director no ofrecía ni la más mínima garantía, ese era David Fincher. ¿Que cómo es eso posible? Pues porque lo único que había hecho el director era Alien3, por lo que podemos entender la suspicacia que causaba un exploit dirigido por aquel que hizo la peor película de Alien (claro que otros vendrán que bueno te harán… pero eso tampoco se sabía aún). Luego llegarían Zodiac, El club de la lucha, La red social, El curioso caso de Benjamin Button etc. Fincher reclamó su cetro, pero eso sería más tarde. ¿Y Brad Pitt? En 1995 no era más que el niño bonito de Hollywood. No se le consideraba actor hasta ese año, que logró su primera nominación al Oscar (por hacer de feo….). Así se entiende que una película que podía haber conseguido siete u ocho nominaciones al Óscar, sólo lograra la de montaje (gremio que desde el primer momento vio el talento de Fincher, todo hay que decirlo). Y estamos hablando de una edición de los Oscar que nominaron a mejor película a El cartero y Pablo Neruda. V I S I O N A R I O S.

¿Y qué ocurrió después?

Pues que Seven se ríe hoy en día de la etiqueta «continuadora de El silencio de los corderos». Está a la altura de la obra maestra de Demme. Es una de las primeras películas que se estudia en las escuelas de dirección (doy fe de eso), pero esta valoración necesitó reposo. Cuando se fue viendo el nivel del resto de películas sobre psycho-killers, cuando se pasó la moda y se pudo ver con perspectiva, cuando su director empezó a interesar a la crítica… fue entonces cuando se pudo entender que lo que hizo Fincher con el libreto de Andrew Kevin Walker era historia del cine.

¿Le volvió a ocurrir?

Pues sí, le volvió a ocurrir. Fincher tuvo que ver cómo El club de la lucha volvía a pasar sin pena ni gloria por la taquilla y por la sección de críticas cinematográficas. Hoy en día es su película más icónica. No la mejor (lo sigue siendo Seven), pero sí la que más ha marcado a nivel popular. No sé si lo recordarás, porque no tiene tanto la película… pero si estabas allí, echa la vista atrás: El éxito de El club de la lucha es actual.

BLADE RUNNER

¿Qué ocurrió?

Que el cine estaba cambiando y no se lo vieron venir. Hoy se considera que las dos piedras angulares del nacimiento del postmodernismo fueron Blade Runner y Halloween (otra que aparecerá por aquí). Pero en 1982, ni postmoderneces ni nada, esa película era rara y punto. El cine referencial y la mezcla de géneros te las hace hoy un chaval de doce años con el Snapchat, pero cuando lo planteó Scott, estaba poniendo patas arriba el cine tal y como se conocía hasta el momento. El cine clásico y el contemporáneo son lenguajes completamente distintos y en ese momento se estaba terminando de cocinar el mundo audiovisual que ha llegado a nuestros días. Todavía era confuso. Muchos directores clásicos seguían en activo y títulos como El golpe, Victor o Victoria y Primera plana aún se mantenían fieles al cine de siempre. La propuesta de Scott era visionaria, pero seguramente lo sea alguna película actual, que se nos esté escapando y también nos parezca «rara». Y estaremos nosotros siendo igual de ciegos que fueron con Blade Runner (o no… hay películas que son simplemente raras y como así sean todas las del futuro a mí me da algo.)

¿Y qué ocurrió después?

Que el lenguaje del cine contemporáneo se asentó, maduró y aprendió a respetar a sus mayores. Blade Runner hoy se quedaría corta comparada con otras películas y su trabajo de intertextualidad, referencialidad, fractura de la narración, fusión de géneros y muchas palabras más que te prometo que no me estoy inventando. Una vez el nuevo lenguaje fílmico caló en el espectador, la película de Scott pudo brillar como Rayos-C en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.

¿Le volvió a pasar?

Ridley Scott es un director que tiene una imagen de sí mismo mucho mejor de lo que es en realidad. De toda su filmografía, sólo Los duelistas, Alien, Blade Runners, Thelma & Louise son verdaderamente sobresalientes. Y Gladiator se acerca. Cuatro películas y media es un buen número si eres Amenábar y solo has hecho seis, pero si eres Ridley Scott y has rodado venticinco, la proporción ya no es tan halagadora. Así que nunca se sabe, si ya le pasó con Blade Runner, tiene veinte películas más a reivindicar en el futuro.

EL RESPLANDOR

¿Qué ocurrió?

Aunque nos parezca mentira, Kubrick no siempre fue tan bien valorado como ahora. Era una persona como mínimo… peculiar, y su cine no lo era menos. Por decirlo de alguna manera, era el Nolan de hace treinta años: Ambicioso, cerebral, hiperperfeccionista, grandilocuente. Cada uno de sus estrenos era el acontecimiento de año, pero no son estas características que hagan que una persona que caiga bien fácilmente. Y su cine tampoco. Pero sus películas eran grandes. Muy grandes. Las más grandes. Eso hace que tuviera una legión de amantes incondicionales al mismo tiempo que un ejército de haters hiciera lo que hiciera. Lo que viene a ser un Nolan, vamos.  Tanto, que por esta película Kubrick se ganó la nominación al Razzie como peor director del año.

¿Y qué ocurrió después?

¿Hace falta recordarlo? Como todas y cada una de sus películas, la cinta de Kubrick es historia del cine. La crítica la había tachado de histérica en 1980… la que terminaría siendo la década histérica por excelencia. Así pues, Kubrick sólo necesitó sentarse a esperar que el tiempo pusiera cada cosa en su sitio y a él, por encima de todas.

¿Le volvió a pasar?

En efecto, y como en el caso de Fincher, con otra de sus películas más icónicas: La naranja mecánica. ¿Las razones? Que era de Nolan Kubrick.

HALLOWEEN

¿Qué ocurrió?

Básicamente que estamos en los ochenta. Sí, El resplandor, una película de terror deluxe, tuvo mala crítica… una de serie B ni te cuento. ¿Te has dado cuenta de que todas las películas de las que hemos hablado hasta ahora son de género? Todo aquello que no sea un drama se las ve y se las desea para que la crítica la eleve al Olimpo. Si vemos el número de películas de género fantástico, ciencia ficción o terror nominadas al Óscar… nos sobran dedos de las manos. Sólo ejemplos completamente incontestables como El silencio de los corderos y El retorno del rey han sido coronadas. Dos. En ochentainueve años. Y tampoco la comedia ha sido nunca vista a la altura del drama. Tanto… que se la sigue considerando un género. Sólo un dato. Damien Chazelle ha sido el primer y único director de toda la historia en ganar el globo de oro como director por una comedia. Así que olvidémonos de que la obra maestra de Carpenter fuera valorada en su momento pese a los logros cinematográficos que supuso. Para empezar, creó un género. El Slasher: El asesino enmascarado que va asesinando adolescentes uno por uno. ¿Cuántos directores han sido capaces de crear un género? Hitchcock, Romero, Carpenter y para de contar. Pero no sólo ahí encontramos su genialidad. Nos presentó a un asesino impersonal, la encarnación del mal.  Sin motivaciones, sin justificaciones, sin perfil psicológico. Casi no es un personaje. Es la destrucción como tal, la fatalidad. Nunca se había reflejado en el cine hasta que Carpenter creó a Michael Myers. Y ni por esas los críticos fueron capaces de ver más allá de sus narices… y sus prejuicios.

¿Qué pasó después?

Halloween creó toda una fiebre de asesinos en serie que ha llegado hasta nuestros días. Pocos géneros han sido capaces de crear iconos tan reconocibles como el Slasher. Desde Freddy Kruegger, hasta Chucky, Jason y Ghostface. Los ochenta fueron la edad de oro, los noventa el revival y los dos mil supuso la tanda de remakes. Al igual que sus protagonistas, el género siempre vuelve de la tumba.

¿Le volvió a pasar?

Le volvió a pasar, sí. Con La cosa. Si con Halloween había creado un género e reiventado el cine de terror… y aún así le pusieron a caer de un burro, imagina cómo se cebaron con un exploit de Alien. Lo más irónico de todo es que para colmo Alien se basa en El enigma de otro mundo, la novela que adapta La cosa. Pero claro, si no fueron capaces de ver lo obvio, que La cosa es una gran película, no le puedes pedir que vean la ironía.

SCARFACE

En efecto, la obra maestra de De Palma fue mirada con desdén. Pese a haber creado uno de los personajes más carismáticos e icónicos del cine contemporáneo, cometió un pecado capital: Versionar uno de los clásicos del cine: El terror del hampa de Howard Hawks… cineasta que no se va a escapar de este artículo. Un remake es automáticamente cuestionado y siempre será inferior a la cita original. Yo realmente me pregunto si los críticos que vapulearon a De Palma realmente vieron la película o hicieron la crítica viendo el título. La Scarface original es una película soberbia, realizada para advertir al pueblo de los peligros de la mafia. Mejor dicho: De los peligros de convertirse en un mafioso. Nada que echarle en cara a la cinta de Hawks. ¿Qué hizo De Palma? rizar el rizo. Todo lo que era moralista, de advertencia en la película original, en esta nueva versión se desaparece. En los años de la especulación, del pelotazo, de las burbujas económicas, de los nuevos ricos y la jet set… el ascenso al poder de Tony Montana se transforma en un «Claro que sí». ¿Que le estalla en las manos? Pues vale, todo tiene un final, pero fíjate si mereció la pena llegar hasta aquí. Quizá sí que los críticos vieron la película pero darle el visto bueno era aceptar la realidad.

¿Y qué ocurrió después?

El tiempo pasó, la crítica y el público empezaron a aceptar que un remake, una segunda parte, un reinicio o lo próximo que se inventen puede ser tan bueno o más si se pone en buenas manos. Las de de Palma lo eran desde luego.

¿Le volvió a pasar?

Sí, con Vestida para matar. Ese plagioparodia, homenaje al Psicosis de Hitchcok (precisamete, otra cinta que costó que le gustara a la crítica)

LA FIERA DE MI NIÑA

¿Qué ocurrió?

Nadie puede saberlo. La Screwball comedy es un subgénero de la comedia romántica muy popular entre los años 30 y 40. Se caracteriza por presentar a un protagonista masculino sensato, tranquilo y cabal en contraposición a una protagonista femenina de fuerte personalidad, alocada e impulsiva. El desarrollo de la trama gira en cómo el protagonista ve todo su mundo puesto patas arriba por culpa de ella. Hemos dicho que es un subgénero de la comedia romántica, así que al final triunfa el amor. Las dos obras maestras de la screwball comedy son Sucedió una noche y La fiera de mi niña. La primera consiguió la hazaña de ganar los cinco Oscars más importantes. La segunda fue echada a los leones. Y cuando digo que fue completamente defenestrada, estoy hablando de que Howard Hawks fue despedido de su siguiente proyecto y que Katherine Herpburn tuvo que devolver su sueldo y declarada «veneno para la taquilla». Fue el mayor EPIC FAIL de la historia y eso que aun no se había acuñado el término.

¿Qué pasó después?

La reputación de La fiera de mi niña, completamente hundida en el fango, comenzó a germinar poco a poco. Muy poco a poco y muy lentamente. En los años sucesivos se empezó a decir que se habían ensañado con ella, que tampoco era lo peor. Tuvo que llegar la década de los sesenta para que los críticos de Cahiers du cinema la tomaran en consideración. Algo más tarde, en 1972, Peter Bogdanovich la homenajeó en ¿Qué me pasa, doctor?. En los ochenta, fue Madonna quien se suponía que hacía lo mismo en Who’s that girl. Hoy está considerada una de las comedias más frescas, vibrantes y divertidas de toda la historia. ¡Si no la has visto aún, ya estás tardando!

¿Le volvió a pasar?

Sí y no. Howard Hawks está considerado uno de los grandes artesanos de la historia del cine, un director capaz de solucionar cualquier película y género pero sin darle su propio toque personal. Era el Ang Lee del cine clásico… solo que el taiwanés tiene tres óscars y el norteamericano sólo fue nominado una vez. Era como el típico compañero de clase con el que te llevas bien, sabes que siempre te va a dejar los apuntes pero no le invitarías a tu cumpleaños. Pero Hawks era bueno. Era jodidamente bueno. Y si no me crees, ponte a ver La fiera de mi niña. Vas a  saber lo que es una comedia en mayúsculas.


Y por último dos clásicos incuestionables del cine que fueron denostados por la crítica sólo y exclusivamente por motivos ideológicos. Hablamos de El gran dictador de Chaplin (este es más conocido) y de Qué bello es vivir (¿A que la cinta de Cuckord no se la esperaba nadie?). Al británico se le acusó de comunista, esa es una conocida historia. Al norteamericano le despreciaron por mostrar a la Banca como la mala de la película en su celebérrimo cuento navideño. Qué osadía la de Cuckord, ¿verdad? ¡Qué osadía!

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