Vaya por delante que a mí Eduardo Casanova me parece lo peor. Y no porque no me guste su cine, porque eso es una apreciación personal. Es porque considero que un artista puede ser bueno o malo, pero nunca deshonesto. Pero, ojo, esto es una defensa.
Primero, enmienda a la totalidad: Al cine de Casanova le falta honestidad. Es un cineasta tan obsesionado con crear un estilo propio, que todo lo que hace es artificial. No hay quien se lo crea porque no le sale de las entrañas. Busca ser polémico y convertirse en el John Waters español: Loable si no fuera porque lo hace con una parafernalia completamente vacía. Se le olvida que en España ya lo hemos visto todo y no nos escandalizamos porque una mujer tenga un ano por boca (de hecho dudo que alguien se escandalizara por eso ni en el siglo XV). Nadie es trasgresor cuando es absolutamente conservador en los pilares morales en su cine.
Su narrativa versa sobre el respeto al diferente, en una reivindicación del individuo sobre el grupo por el mero hecho de serlo. Señor Casanova, que sé que me está leyendo… ¿Cómo pretende escandalizar con un mensaje tan absolutamente moralizante? ¿A quien pretendes escandalizar entonces, si te has alineado con lo políticamente correcto? Ese es el fallo de su planteamiento, que se queda simplemente en lo formal, en lo superficial. Lo trasgresor está en lo que se cuenta, y en eso, es más conservador que Paco Martínez Soria (entendiendo conservador en el sentido de repetir el discurso moral oficial)
Hemos dicho que su cine es impostado y que es aleccionador, pero tiene un tercer inconveniente si lo que quiere es convertirse en un referente cultural: Su cine no es aspiracional. Todos los nuevos cineastas querían ser Tarantino, los Cohen, Wong Kar-Wai o un Spielberg porque molan. Tienen ese «no se qué» que tú también quieres tener. Siempre digo que se sabe cuándo alguien ha alcanzado el éxito cuando te encantaría ir de copas con esa persona. ¿Quién no se quiere ir de fiesta con cualquiera de ellos? Ahora… imagínate en un bar con Eduardo Casanova. Ahí la cosa cambia.
Decía Tino Casal que todos le criticaban porque no se atrevían a ponerse la ropa que él llevaba, y tenía mucha razón. Había creado un personaje fascinante y valiente, pero por más «raro» que vistiera» nunca se le veía disfrazado. Ponerte un modelito estrafalario para ir a sólo para llamar la atención en una alfombra roja es, literalmente, lo contrario se ser auténtico. El impacto de hacer una declaración preparadamente polémica para generar interactuaciones en redes sociales dura sólo ese día. Porque con un disfraz todos te miran, pero también se apartan.
Entonces… ¿No se supone que esto es una defensa? Lo es, porque aunque no soporte a Casanova ni veré una película suya más de lo que ya he hecho. Sin embargo, en el campo de batalla de la pasión por el cine estamos en el mismo ejército, y ahí siempre contará con mi espada para protegerlo. Su nueva mamarrachada serie se la ha pagado de su bolsillo, al igual que hizo con su anterior película. Una persona que podría estar perfectamente acomodada y vivir del Master Chef de turno es incapaz de dejar de hacer cine. Y lo hace, precisamente, como cualquier estudiante de dirección: De su bolsillo y sabiendo que no le va a llevar a nada.

El cine es droga dura. Una vez que te has metido el primer pico, ya no puedes parar. La mayoría de nosotros hacemos cine de guerrilla, con los medios que podemos y con un presupuesto que lo sacamos de nuestros exiguos ahorros. Casanova hace exactamente lo mismo. Tendrá más repercusión y posibilidad de moverlo, pero sabe que la hostia va a ser la misma y que está perdiendo energía y dinero, pero su ilusión puede más que todo eso. Es impertérrito al fracaso (maravilloso adjetivo que nunca sé cómo se escribe) porque sueña que, quizá, algún día suene la flauta. Su mentalidad de novato en el mundo del cine sigue intacta tras 22 años en el negocio y eso es un tesoro que muy pocos mantienen.
Máxime cuando ha visto cómo su compañero de reparto en Aída, Paco León, ya ha logrado lo que él tanto ansía: El éxito de crítica y público como director. La envidia en este mundillo, ya te lo digo yo, es una enfermedad degenerativa casi imposible de gestionar. pero ahí está él: Don Erre que erre (Perdón, pero tenía que hacer otro juego de palabras con D. Paco Martínez Soria)
Eduardo Casanova, créeme. Te ha costado sangre, sudor y lágrimas venderle tu serie a una plataforma porque nadie duda que es una mierda que no va a ver nadie. Pero también todos sabemos que eso no te va a detener. Volverás a rodar tu siguiente fracaso y nadie querrá imitar a un moralista vestido de brilli-brilli.
Cuando, en el fondo, tu ilusión inquebrantable es algo que todos te deberían envidiar.
