Si una etapa de la historia del cine merece el destierro y la lapidación, seguramente sea nuestro cine del destape.

Ha sido lo peor que hemos hecho desde La Inquisición. No es sólo por la ínfima calidad de las películas rodadas con el mínimo pretexto de enseñar una teta, que también. Al final el cine de destape ha significado la “Marca España” de nuestro cine. Para una parte importante de la población, ambas ideas siguen ligadas… cuarenta años después (que se dice pronto). Bueno, esa y la de que aquí sólo se ruedan películas de la Guerra Civil.

No quiero defender ni el género ni los prejuicios de quienes aún piensan eso. Sobre lo primero, bueno, le otorgo cierta indulgencia por la época de la que se trata y porque creó industria. Que vale, que ya sé que es como justificar el tráfico de armas o de drogas porque crea PIB, pero no creo que jueguen en la misma categoría (aunque he visto cada título que lo mismo sí que es comparable). Y a los segundos… les recomiendo que vean cine. Mucho cine. Todo el cine del mundo y también el español. Eso lo cura todo. Pero sí, aunque parezca imposible me lanzo a reivindicar un elemento del cine de destape.

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No se trata de la dirección ni de los guiones. En el primer caso porque era inexistente y en el segundo porque ojalá lo hubiera sido. Aquí lo único que importa son las mujeres. Por el cine de destape han pasado todas. Y cuando digo todas… es el gremio al completo. Emma Cohen, Silvia Tortosa, Concha Velasco, Charo López, Ángela Molina, Rocío Durcal… Las mamellas de absolutamente todas las actrices del cine español han quedado para la posteridad. Y al fin y al cabo, ellas son grandes damas con una carrera más que asentada y el destape sólo fue una mala gripe que había que pasar. En cuanto bajó la fiebre continuaron como si nada, y el haber aireado las domingas no mermó ni su reputación ni su proyección.

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Pero no todas fueron las grandes divas del cine. Una gran masa de estas actrices jamás había pisado un plató de rodaje (y, en muchos casos, jamás lo volverían a hacer). Es a ellas a quienes va dedicado este artículo. De la mayoría, no conoces el nombre pese a tener un importante número de títulos en su filmografía. Sara Mora, Eva Lyberten, Adriana Vega o África Pratt ni te sonarán, pero la que menos cuenta con treinta películas a sus espaldas. No sólo hicieron destape. Alguna pudo pedir el traslado al departamento de Fantaterror, aunque también ahí se desnudaran.

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Nadiuska llegó más lejos que nadie siendo la madre de Conan ¡Completamente vestida! Consiguieran o no dar el salto a otro tipo de cine, la verdad es que ninguna de ella hubiera hecho carrera de no ser por esta oscura (o desnuda) etapa. Eran chicas sin formación interpretativa, sin talento a lo mejor. Y, aún así, todas se labraron una importante filmografía. Es cierto que en el mejor de los casos, ninguna de ellas ha participado en nada que merezca la pena (Salvo Conan, claro), pero han hecho cine. Mucho cine.

El destape le dio la oportunidad a muchas mujeres de trabajar en la fábrica de sueños, de saber lo que era un rodaje, de vivir del cine, de ser actrices. Todas hicieron películas lamentables, eso es cierto, pero hasta la peor película de la historia es cine. Cuando ninguno de nosotros estemos ya a aquí, ellas vivirán eternamente.

Y qué queréis que os diga, si para ser parte de la historia del cine hay que enseñar cacho… hasta yo me apunto.

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