Reivindicando a Silke

La mitad de vosotros no os acordaréis de su existencia y la otra mitad ni sabréis quien era, pero Silke no fue una actriz de cine. Fue el cine de los 90. Pocas veces un intérprete ha encarnado una época como lo hizo ella. Si era buena o mala actriz ya era lo de menos. Son etiquetas que no se le aplican, porque estaba por encima de toda consideración. Ella no era intérprete. Ella fue una época.

Hay actrices que nacieron para el cine y hay otras que, simplemente, aparecen en pantalla como un error de Matrix. Una cosa muy rara. Y quizá ahí estaba precisamente el secreto de Silke. Porque Silke era una actriz mala mediocre limitada de otra pasta. No me imagino a ningún flipado saliendo del cine diciendo “No me extraña que esté en todas las películas españolas. Es la Meryl Streep patria”. Pero estaba en todas las películas, en todos los anuncios, en todas las conversaciones. Lo interesante de Silke es que no pegaba ni con cola en el cine español.

No era sofisticada como Aitana Sánchez Gijón. No emanaba sexualidad como Maribel Verdú. No tenia la belleza de Penélope Cruz, ni el exotismo nórdico de Elsa Pataki. No era tan polifacética como Ana Risueño ni, mucho menos, un animal interpretativo como Victoria Abril. Era otra cosa. Porque cualquiera de esas actrices podrían haber nacido en cualquier década. Silke solo tenía sentido en el momento en el que estuvo. Por ahí van los tiros. Por cierto, algún día tendremos que preguntarnos cómo una actriz mayúscula como Ana Risueño no ha tenido una carrera a su altura. Pero esa es otra historia.

Silke llegó al cine por casualidad y sin que lo pidiera… ni ella ni nadie. De hecho, muchas veces daba la sensación de que era la asistente de producción, que se había colado en plano y que el director tiró p’alante.

Pero «eso» funcionaba. Fuera lo que fuera, que nadie sabía describir. En su momento ya llamaba la atención lo disruptivo que era verla en pantalla. Quizá haya tenido que pasar el tiempo, con la perspectiva que eso nos da, para que hayamos entendido cuál era el secreto de Silke: Encarnar una época.

Silke es todo lo que nos viene a la cabeza cuando pensamos en los 90: Juventud, ilusión, diversidad, rebeldía, optimismo… ese momento en el que aún se creía que todo era posible. Ni los noventa se entienden sin Silke, ni Silke sin los noventa porque eran una misma cosa. Aitana no era los años 90. Penélope tampoco. Ni Maribel, ni ninguna otra. Pero Silke si. Tampoco hay nadie que sea los años 2000, ni los 10, ni los 20. No hay otra Silke.

Para colmo, transmitía algo radicalmente potente: soplapollismo como filosofía de vida. Parecía darle absolutamente igual ser la imagen del momento. Seguramente porque se lo daba. Y eso la hacía auténtica… Y única. No había nada impostado o pretendido. No había pose. Cómo decía Jessica Rabbit, no era su culpa, es que la habían dibujado así.

Para entenderlo, vamos a llevarlo al día de hoy. Imagina que una chica se abre un Instagram sin saber muy bien para qué. Sube las fotos sin filtro, medio enfocadas y cuando se acuerda. No hace nada que se presuponga viral, son las fotos de cualquier chica de la facultad. Pues aún así se convierte en la influencer más famosa y con más seguidores de España. Fíjate si era grande lo suyo que hasta Silke, perfecto nombre de instagramer… Era su nombre real. ¡Incluso en eso era única!

Silke no sólo es importante porque personificara una época, sino también porque creó un arquetipo: La «hippy limpia». Esa chica que todo lo que ahorra en las tiendas de ropa de segunda mano lo emplea en champú del bueno e hidratante de marca. Esto fue, a mi juicio, lo que la encumbró como referente social. Ni era una fashionista clónica más ni tenía lo incómodo de las punkys de la movida. Era fresca, moderna, novedosa… pero olía a perfume, tenía las uñas bien pintadas y se la podías presentar a tus padres. Era una idea perfecta.

Silke inició este modelo humano que llegaría a su sumun con Beth. Cual evolución pokémon, la cantante catalana llevó el espíritu de Silke a su última potencia, con una imagen absolutamente icónica. No entiendo que Beth no se haya convertido en un referente cultural. Seguramente fuera porque ella nunca creyó que lo fuera. Renegó muy rápido y sin venir a cuento de sus rastas y de un FUCKING TEMAZO por el que hasta Rosalía mataría. Cuando tenía entre sus manos ser historia de España, lo soltó. Puede que Beth no estuviera preparada para si misma. Miedo al éxito, como cuando fallas tres bolas de partido en la final de Wimbledon. Eras grande Beth… y eras la única que no lo sabía.

¿Quién puede estar tocando el djembé en Los Caños de Meca por la noche y por la mañana anunciar Yogures Activia? Eso está a la altura de muy pocas. Silke lo estaba, Beth también. España está huérfana desde que ellas renunciaron a ser si mismas.

Silke, para sorpresa de nadie, vende ahora artesanía en Ibiza. Difícilmente tendremos un producto como ella una vez más. Una actriz que no era actriz, era el sino de los tiempos.

Eitán
Eitán
Soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar

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