Las Peores Películas de Siempre - Manos The Hands Of Fate

¡Presentamos nueva sección! Y se trata de una sección un tanto especial, en la que vamos a guiaros por un maravilloso y mágico viaje a través de ni más ni menos que las peores películas de siempre. Se trata de una sección quizás un poco menos seria que otras, en la que podamos dedicarle unas palabras de cariño, odio o simplemente admiración por el absurdo, a todas esas películas que han pasado al recuerdo con mucha más pena que gloria. Y empezamos con un título inolvidable de 1966; Manos: The Hands of Fate.

Normalmente cuando uno se sienta delante de una página en blanco para escribir sobre una película que tiene más de cincuenta años, lo hace porque dicha cinta vale realmente la pena: posiblemente se trate de un clásico atemporal que todos hemos visto una y otra vez a lo largo de los años, una de esas películas a las que recurrimos cuando no tenemos muy claro lo que nos apetece ver, sabiendo que será un acierto seguro. Y hablar de esa clase de pelis es muy sencillo: las conocemos muy bien, hemos analizado todos sus detalles al milímetro, comprendemos todas sus referencias y sus trucos. Pero esta vez las cosas son un tanto diferentes, puesto que hablamos de una de las peores películas de siempre. Con todos ustedes Manos: The Hands of Fate.

La película que me ocupa no es ni mucho menos un clásico. Al menos no uno como los anteriores: Manos: The Hands of Fate es un clásico de las películas malas por antonomasia, apareciendo en todas las listas oficiales y no oficiales de las peores películas de la historia. Y hablar de una película así es condenádamente difícil. Lo primero porque apenas la he visto dos veces en mi vida: la primera por curiosidad y la segunda para escribir este artículo. Lo segundo porque es muy complicado no resumir cada plano de la cinta en “es malísimo” o “tan malo que da risa”.

¿Por dónde empezar? Veamos, para quien no lo sepa Manos: The Hands of Fate se concibió como una película de terror. La cinta pretende sumergirnos en una historia de cultos pseudo satánicos y elementos paranormales, con una especie de acercamiento al terror terrenal y la sugestión psicológica. Sobre el papel la verdad es que no suena mal del todo… pero del dicho al hecho hay un trecho, como dice el refrán, y la producción, montaje y dirección de esta película fue un absoluto desastre.

 

Tampoco resulta muy sorprendente que el resultado fuera tan nefasto, teniendo en cuenta que el director, productor y escritor de la cinta (Harold P. Warren) era un vendedor de fertilizantes y seguros que se embarcó en el proyecto tras perder una apuesta, con un presupuesto de 19000 dólares. Lo sorprendente es que su intención fuera crear una película de terror independiente digna de considerarse exitosa en un sentido tradicional de la palabra, porque desde luego nadie con dos ojos (o incluso con uno) en la cara podría ver absolutamente nada bueno en Manos: The Hands of Fate.

La calidad de la grabación es malísima, hay tomas en las que se ve la claqueta, el mismo director impostó la voz de una de las actrices en un doblaje nefasto, los efectos “paranormales” podría hacerlos un niño de 4 años con una linterna, papel celofán y algo de hielo seco y serían más realistas…

La película pretende contarnos como una pareja normal y su hija, que están iniciando unas vacaciones, se pierden en algún punto del desierto tejano y acaban en una misteriosa casa regida por un maestro siniestro y diabólico, que tiene una secta poligámica en la que esclaviza mujeres como esposas para su harén y a los hombres como sirvientes. La familia lucha por escapar, pero sus esfuerzos son inútiles y acaban cautivos en la misma, con el marido dando la bienvenida a una nueva pareja de jóvenes mujeres al final de la cinta. Tranquilo, que aunque esto parezca un spoiler no lo es en absoluto: si vas a ver esta película lo harás por la mera curiosidad de descubrir cómo se puede hacer el peor trabajo posible delante y detrás de una cámara, y su argumento es irrelevante.

Hands of Fate

A favor de la película cabe decir que apenas dura 68 minutos (aunque a muchos les costará superar los 15 minutos de visionado), algo que hace mucho más llevadera la experiencia.
Recomiendo esta película una noche de reunión con amigos en casa, cuando las libaciones hayan corrido por las gargantas y seáis capaces de reíros de los esperpentos que vais a contemplar.

Permaneced atentos, pronto habrá más aventuras en el maravilloso mundo de Las Peores Películas de Siempre.

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