Diez veces que los negros hicieron de blancos (y a nadie le importó)

Más o menos a partir de 2015 se afianzó una etiqueta que empezó siendo positiva y ha terminado usándose como insulto: Woke. Viene a ser, más o menos, la introducción deliberada de diversidad racial y que el mensaje de la película gire en torno a la minoría correspondiente. Esto puso nervioso a mucha gente. Ya sabes, que si las cuotas, que si la inclusión forzada y exigiendo veracidad histórica en lo respectivo a las razas a una una obra de ficción… qué aburrimiento todo. Los partidarios, por otra parte, se dedicaron a llamar fascistas y racistas a cualquiera que osara levantar la mano, dando literalmente la misma pereza.

Sin embargo, esto no siempre fue así. No me refiero a que personajes racializados fueran interpretados por rubios de ojos azules (véase cualquier historia de la Bíblia) y que nadie se quejara. Me refiero exactamente a lo contrario, al «race swapping» o cambio de raza. Qué pereza que hasta tenga nombre. Sí, pereza es el término que más veces se va a repetir en este artículo, por si no lo habíais ya notado.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la gente no estaba tan sumamente ensimismada en si misma que asumían que su mierda de opinión era más importante que la libertad artística del cineasta. Porque sí, porque un artista puede y debe contar SU historia de la manera que le salga de los collons. Así, los directores tenían la osadía de elegir el reparto que consideraban mejor para levantar el mensaje que querían. ¡Y sin que nadie se quejara! Que sí, que el colocar a un negro haciendo de Julio Cesar, de Ana Bolena o de la Sirenita es activismo, pero es que eso es literalmente lo que quiere hacer el director. Haz tú tu puta propia película de la antigua Roma y coloca al actor nacido en el Lacio y que menos haya variado genéticamente en dos milenios. Será igual de perfecto porque es tu historia, pero no le digas a otro artista qué y cómo tiene que trabajar.

Pues vamos a ver diez casos en los que negros fueron blancos y nadie quemó contendedores por ello.

Eartha Kitt como Catwoman

Cuando Julie Newmar rechazó seguir interpretando a la villana más famosa de Batman en la serie de televisión de los 60, los productores buscaron un golpe de efecto contratando a una celebridad del momento. Seguramente fue el primer gran “race swap” moderno mediático (si obviamos los casos contrarios, como tener al rubísimo Charton Heston haciendo de semita en Los diez mandamientos). Para sustituirla buscaron a una celebrity: Eartha Kitt, que era una presencia muy popular como cantante de jazz y actriz de teatro. Además, por su voz ronroneante les pareció una elección perfecta. No hubo una intención de cambiar la raza como tal, sino el colocar a una cara muy conocida en pantalla y vaya si les funcionó.

La elección de Eartha Kitt fue especialmente significativa en el contexto social de los años 60. En una televisión estadounidense todavía muy segregada culturalmente, ver a una mujer negra interpretando a una villana glamourosa y seductora junto a Batman era algo poco habitual. La serie evitó convertir su raza en el centro de la historia; simplemente presentó a una famosa como Kitt en el papel de Catwoman, lo que para muchos espectadores resultó atractivo sin necesidad de discursos explícitos.

Además de su impacto cultural, su interpretación destacó por la personalidad que aportó al personaje. Kitt combinaba humor, sensualidad y astucia con una energía distinta a las versiones anteriores. Su Catwoman parecía más impredecible y sofisticada, casi como la cantante de cabaret que era la propia Eartha, convertida ahora en criminal elegante. Esa mezcla hizo que, aunque solo apareciera en unos pocos episodios, su versión quedara grabada en la historia de Batman.

Su Catwoman se volvió tan icónica que abrió el personaje a la variación étnica como canon. Halle Berry y Zoe Kravitz han interpretado a Catwoman, e incluso en la serie de animación Harley Quinn está diseñada como mulata.

Bernie Casey como Felix Leiter

El Felix Leiter de Bernie Casey es otro ejemplo temprano importante de un personaje tradicionalmente blanco interpretado por un actor negro. Conocido en Estados Unidos como exjugador profesional de fútbol americano y actor de acción, fue elegido para interpretar a la contrarréplica de James Bond en Nunca digas nunca jamás.

Es un caso notable, porque en las novelas de Ian Fleming y en películas anteriores de James Bond, Felix Leiter siempre había sido representado como blanco. Eso sí, a nadie le llamó demasiado la atención porque Casey tenía presencia seria, voz fuerte y energía creíble como agente de la CIA. Además, Felix Leiter no era el protagonista central, no tenía el peso icónico visual de Bond y cambiaba bastante entre películas incluso en apariencia.

Leiter es otro de los casos en los que la variedad racial se ha convertido en canon desde que Casey se puso en su piel. Tanto, que desde Casino Royale lleva siendo encarnado por Jeffrey Wright. Actor, todo sea dicho, cuya carrera no está a la altura de su talentazo.

Vanessa Williams como Calipso

Hablando de artistas cuyas carreras que no están a la altura de su talento, lo de Vanessa Williams es todo un Expediente X. No sólo era bellísima, es que fue la primera mujer negra que ganó Miss América. Su fama le vino principalmente como cantante de éxito (11 nominaciones a los Grammys), aunque también fue bailarina (La vimos con Chayanne en Baila conmigo) y actriz. Eso sí, no tiene el aura de leyenda que se merece. Uno de sus principales papeles fue el de la ninfa Calipso en La Odisea. Ese personaje la le iba como anillo al dedo por su elegancia innata, su pose seductora y su belleza clásica.

En serio, pocas mujeres tan bellas como Williams ha habido en pantalla. Aquí ya vemos que en los 90 Hollywood empezaba a hacer más castings “color-blind” en adaptaciones mitológicas o teatrales, especialmente en televisión y fantasía. La lógica era que los personajes míticos no son figuras históricas reales documentadas, así que podían reinterpretarse visualmente. Además, Calipso es una figura sobrenatural, no una figura histórica griega real, así que los productores sentían más libertad estética. Seguramente como Penélope no la habrían considerado, pero ahí queda el que una negra haya interpretado a uno de los grandes iconos de la literatura griega.

Will Smith como Jim West

En la serie de televisión original, el personaje James West era interpretado por el blanco Robert Conrad. Pero cuando Hollywood hizo la película de 1999, eligieron a Will Smith, probablemente la mayor estrella taquillera del mundo tras Independence Day y Men in Black. Fue una decisión principalmente comercial.

A finales de los 90 Hollywood estaba entrando en una etapa más abierta al “color-blind casting” en blockbusters, pero que el protagonista fuera negro era lo de menos. Simplemente querían construir una superproducción alrededor de Will Smith porque era una máquina de hacer dinero.

Aun así, el casting sí tenía implicaciones culturales interesantes. La película ocurre en una versión fantástica del oeste estadounidense posterior a la Guerra Civil, una época donde en la realidad un agente negro con tanto poder habría sido extremadamente improbable. Imposible, seguramente. La película ignora esas limitaciones históricas y trata al personaje como un héroe de acción moderno dentro de un mundo estilizado y exagerado.

Will Smith como Robert Neville

Volvemos a lo mismo. Soy leyenda está basada en la novela de Richard Matheson, que ya había sido llevada al cine anteriormente en The Last Man on Earth con Vincent Price y The Omega Man con Charlton Heston. Ambos blancos, igual que en el libro. Cuando hicieron la versión de 2007 eligieron a Will Smith básicamente porque ya era una megaestrella global y porque podía sostener una película prácticamente solo.

Smith era el centro absoluto de la historia, ya que gran parte del filme depende únicamente de su presencia en pantalla, su voz y su capacidad para transmitir aislamiento y desesperación. Muy pocos actores tenían la confianza de un estudio para ser prácticamente el único actor de la película sin que se resintiera la taquilla.

Will Smith se fue convirtiendo en una de las pocas estrellas negras valoradas para cualquier protagonista importante, independientemente de su raza. No son tantos y los vamos a ver a continuación.

Morgan Freeman como Ellis “Red” Redding

Morgan Freeman es uno de ellos, e interpretó a Ellis “Red” Redding en Pena de muerte. Fue una de las actuaciones más reconocidas de su carrera y por la que recibió su tercera nominación al Oscar. El personaje provenía originalmente del relato de Stephen King, donde Red era descrito como un hombre irlandés pelirrojo (Red significa rojo). El propio filme hace una broma sobre ello cuando Red dice: “Quizá porque soy irlandés”.

La elección de Freeman se basó en su prestigio y presencia. Su voz calmada, su autoridad natural y su capacidad para transmitir humanidad hicieron que el personaje adquiriera una profundidad enorme. Red se convirtió en el corazón emocional de la historia y en el narrador que guía al espectador a través de la vida en prisión y de la amistad con Andy Dufresne.

Con el paso de los años, la interpretación de Morgan Freeman ha sido vista como uno de los mejores ejemplos de “color-blind casting” en Hollywood. Aunque el personaje cambió racialmente respecto al texto original, el público prácticamente dejó de asociarlo con la descripción del libro porque Freeman redefinió completamente el papel. Hoy resulta difícil imaginar otra versión de Red que no sea la suya.

Denzel Washington como Don Pedro

Este es el tercer caso de «negro para todo» y uno de los casos más citados siempre: El Don Pedro de Denzel Washington en Mucho ruido y pocas nueces, dirigida por Kenneth Branagh. El personaje, escrito originalmente como un noble europeo en la obra de William Shakespeare, había sido representado tradicionalmente por actores blancos, pero la película apostó por un enfoque más abierto y teatral en el casting. Total, estaba Keanu Reeves en una obra de Shakespeare, que eso sí que era poco creíble.

La elección de Denzel Washington fue ampliamente aceptada porque encajaba con la tradición teatral de priorizar la fuerza interpretativa por encima de la raza del actor. Esto se ve mucho en ópera, donde una soprano negrísima Barbara Hendricks ha sido la japonesísima Cio-Cio-San en Madamme Butterfly, la chinísima Lui de Turandot o la sevillanísima Micaela de Carmen.

Por cierto, Denzel Washington volvió a interpretar a otro gran personaje de Shakespeare en La tragedia de Macbeth, de Joel Coen. Peliculón en el que sus dos protagonistas están inmensos. Washington fue nominado al Oscar, pero su partenaire Frances MacDormand se lo merecía igual. La tragedia de Macbeth pasó muy desapercibida. No entiendo por qué, es buenísima.

Brandy Norwood como Cenicienta

Unos años antes de que las redes sociales nos aburrieran con el debate de que si Halle Bailey podía o no hacer de una sirenita negra, la cantante Brandy se metió en la piel de Cenicienta en la adaptación televisiva de 1997. Realmente todo el reparto era negro y la propia Whitney Houston interpretaba al hada madrina (qué maravillosa elección). Este tipo de producciones no era tan raro y, como todo el mundo era negro, nadie la entendió como forzado sino como un cambio de código. Exactamente igual que Ran, el Rey Lear de Akira Kurosawa. Por ejemplo, en los años 70 hubo una versión negra de El mago de Oz con Diana Ross como Dorothy y Michael Jackson como el Espantapájaros.

Es más, veo tu apuesta y la doblo. En 1938 se estrenó The Terror of Tiny Town, un western musical con un elenco exclusivamente de actores con enanismo o acondroplasia. En 1991 se estrenó Vegas in space, con un elenco exclusivo de travestis espaciales. Así que este tipo de películas de «nicho», sin ser demasiado frecuentes, tampoco son son tan inusuales.

El por qué conozco estas películas es algo que lo mismo debería preocuparme…

Michael Clarke Duncan como Kingpin

Al Darerevil de 2003 le llovieron ostias por todos lados, pero ninguna le afectó a Michael Clarke Duncan como villano de la cinta. Independientemente de que el personaje original era blanco como la leche, no había ni un sólo actor en el universo al que le pegara más que él. No había plan B. No había ningún otro al que ofrecerle ese papel porque Duncan era Kingpin. Además, venía de su popular personaje en La milla verde, por el que había sido nominado a los Oscar y quedado como referente en la cultura popular (Si sales en Los Simpson, es que eres parte del ADN de esta sociedad). Aunque el villano de Darerevil no coincidiera en la raza, desde luego que nadie se imaginaba a otra persona que lo pudiera encarnar. No sólo por su imponente físico, sino también por su forma de hablar pausada y su control emocional, que refuerza la idea de un criminal que no necesita levantar la voz para imponer respeto. Vamos, que Michael Clarke Duncan era Kingpin.

Por cierto, el personaje de Elektra se lo ofrecieron a Maribel Verdú, pero ya estaba comprometida para Y tu mamá también. Se le debió quedar la espinita, porque luego aceptó el papel de la madre de Flash en la peli de 2023.

Samuel L. Jackson como Nick Fury

Seguramente, si Iron Man se hubiera rodado un par de años después, la aparición de Samuel L. Jackson como Nick Fury la habrían acusado de cuota racial. Por suerte, estábamos aún en la década de 2000 y todo el mundo se flipó al verlo en el Universo Marvel. De todos modos, este casting tiene más miga de lo que parece, porque Jackson estaba destinado a este papel. En la serie Ultimate X-Men de 2004, cuatro años antes de Iron Man, el editor Brian Michael Bendis redibujó al personaje inspirado en Samuel L. Jackson.

El Nick Fury original había sido siempre blanco, e incluso David Hasselhoff había hecho de él en televisión. Pero el cómic le dio la vuelta y claro, en la adaptación al cine solo Samuel L. Jackson podría hacerlo porque el personaje era literalmente él. Tras el éxito de la película, esta nueva apariencia del personaje se quedó fijada como canon en el cómic. No es que el cómic copiara la película ni que la película copiara el cómic, sino un caso raro de “retroalimentación creativa” entre ambos.

Maravilla.

Y así acabamos este repaso de un tiempo que tenía sus cosas malas, como todos. A lo mejor peores que ahora, que no digo que no. Pero en el que la gente no lloraba y se tomaba como algo personal la osadía de que un director eligiera el reparto que quisiera para contar su historia.

Eitán
Eitán
Soy de Santander, pero es que tengo esta gracia en el hablar

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