Segundo día desde Sitges en la edición número 58 del Festival Internacional de Cine de Catalunya
Un mono, un perro y una chica de origen asiático que toma una operación estética para ser blanca, parece el inicio de un chiste de tu tío en la cena de Navidad, pero en realidad es la segunda jornada del Festival de Sitges. La sala de máquinas comienza a funcionar, que se lo digan sino a la Sala Auditori Melià que ha rugido en vítores y aplausos con un mono arrancando miembros a adolescentes.
Primate
Johannes Roberts / Terror / EEUU / 89’

‘Primate’ es la depuración de la anterior película con animal asesino de Johannes Roberts, el tiburón de a ‘47 metros’; un director que entiende como pocos el cine de terror más lúdico y festivo. Esta “monkey-exploitation” es un cazurro -en el mejor de los sentidos-, cómico y exagerado festín que, por suerte, no queda solo en eso.
Si la cinta fluye tan bien es gracias a que su director se empeña en no repetir nunca un solo plano, creando las notas disonantes que no tiene la trama por medio de la puesta en escena, encontrando un juego completo de angulaciones. Además, se celebra el gesto de abandonar el intento de una trama para dejar el foco al terror, uno que demuestra valerse por sí mismo repitiendo la fórmula mágica una y otra vez: larga espera, ataque del chimpancé, momento hiper-gore (en Sitges, por supuesto, se ha aplaudido) sobre los cuerpos desmembrados de unos adolescentes que no pueden huir a ninguna parte -el uso de la arquitectura de la propia casa es fascinante-. La concatenación de estas escenas, lejos de caer en la repetición, se viven como un festín que, gracias al excelente humor que se ejecuta casi sin palabras, usando el contrapunto de la violencia, convierte el filme en un disfrute: un manejo orquestal del mejor mono del año (sí, ‘The Monkey’, va por tí).
Good Boy
Ben Leonberg / Terror / EEUU / 74’

El que es uno de los conceptos más llamativos del año dentro del género, terror de posesiones a través de la perspectiva de un perro, se queda por desgracia en esa misma concepción sin llevarla a ningún terreno especialmente llamativo.
Si bien el lado emocional, ese hilo que une animal y humano, es el punto por cuál la cinta erige su dramática, este nunca llega a concretarse en lo emocional, con decisiones que la alejan de un punto más honesto: nunca enfocar la cara del hombre no ayuda, aunque este gesto tenga su motivo en el final. Además, las soluciones que presenta el terror son demasiado simples, recurriendo una y otra vez a la aparición del ente demoníaco en las paredes oscuras de la casa, llegando a ser un recurso previsiblemente exhaustivo. La fotografía granulada y los grises en contraste con algunos chispazos de color sobrenatural, ayudan a tirar un hueso para que el espectador tenga algo que buscar, solo que es imposible encontrarlo, como a su protagonista humano, entre tanto barro.
Slanted
Amy Wang / Comedia / Ciencia Ficción / EEUU / 109’

Una adolescente de origen Chino logra convertirse en una chica blanca mediante una novedosa operación estética que cambia la raza. La cinta consigue usar lo previsible de su objetivo en su favor, encadenando chiste tras chiste que culmina en la mágica intervención en modo videoclip musical: la hilarante secuencia de ‘It’s Good to be White’.
A partir de este momento, la película se derrite como la carne de su protagonista y, lo que hacía el capítulo de ‘Atlanta’ titulado ‘Teddy Perkins’ sobre el relato del racismo con una comedia negra aplastante; ‘Slanted’ hace lo contrario, abandonando lo mejor de sí misma, el humor, para dar paso a un discursivo drama sobrecargado de diálogos y con una deriva en su concepto moral: si no puedes contra el sistema, únete a él (versión pancarta).
Si algo estaba asegurado es que ‘La sustancia’ no iba a tardar mucho en tener herederas, manifiesto queda en ese final, espejo mediante como Margaret Qualley, haciendo reflejo de los grotesco de la piel en carne viva, solo que para cuando este momento ha llegado, poco interés queda ya en las imágenes.

