Noveno día desde Sitges en la edición número 58 del Festival Internacional de Cine de Catalunya
Último día desde Sitges, «the last dance» con cuatro películas y despedimos el festival en la mejor sala del mundo, el Cine Prado. He podido ver 30 películas y, sin embargo, me quedo más con el hecho de que sigan existiendo lugares donde ver cine, compartirlo y disfrutarlo donde se merece: en la gran pantalla. A todos los que hayáis tomado un poco de vuestro tiempo en leer estas crónicas, muchas gracias y hasta la próxima.
Odyssey
Gerard Johnson / Thriller / Reino Unido / 115′

La primera hora de ‘Odyssey’, un despiadado thriller, toma cuerpo en su primera hora del cine directo de los hermanos Safdie: cámara pegada al rostro, tambaleo del plano, personajes continuamente en movimiento… , para retratar la vida de una agente inmobiliaria que, perteneciendo a la clase baja, empeña toda su vida para parecerse a esa élite de tiburones de carácter Wall Street.
En su segunda parte y con un “deus ex machina” como bisagra formal, el suspense se torna relamido, sensual y comienza a detenerse, abandonando a los Safdie y toda la tradición del naturalismo extremo para adentrarse en un lugar más suspendido en el tiempo y muy cercano a figuras como Nicolas W. Refn, toda la secuencia final tiene esa liquidez: sangre a mansalva, ralentís y armas y herramientas como espada del diablo. Si bien es chocante este desfase tonal, cada una de las partes funciona, el único problema es que lo hacen por separado.
Night Patrol
Ryan Prows / Terror / EEUU / 108′

«Fuck the police«, así terminaba su discurso el director antes de proyectar ‘Night Patrol‘. «Fuck the police» es, precisamente, lo que gritan cada una de las imágenes de una película dedicada única y exclusivamente a exponer a los vampiros: esos que llevan placa, antibalas y usan su poder y fuerza como brazo ejecutor de un estado que, no contento con abandonar a la clase baja, también quiere descuartizar, acuchillar y chupar la sangre de cada uno de los ciudadanos, en el caso en Los Ángeles, de las personas afroamericanas.
Como buen relato carpenteriano y de espíritu ‘Los pecadores’ -solo que, para desgracia de la dramática del filme, muy diluído-, la cinta se sostiene gracias a ser una autoconsciente (por la vía del humor conspiranoico) película de acción en cuyos grumos y mordidas vampíricas encuentra la fuerza que no tiene tanto su relato político.
Marama
Toa Stappard / Vampiros / Nueva Zelanda / 95’

En las formas post-modernas se ha encontrado siempre un resquicio por donde también dibujar otro tipo de relatos queer, étnicos o culturales que no pertenecían al monopolio moral del clasicismo. Sin embargo, hay veces que usando esas formas prototípicas del género y centrarlas en otro tipo de personajes, puede dar resultado en una actualización del fondo gracias a unas formas pasadas.
Eso es lo que hace el director maorí Toa Stappard en este filme de terror gótico: casa fantasmagórica, pasillos y habitaciones interminables, hombre perverso, iluminación de candelabros…, poniendo en el centro del relato a una mujer maorí en busca de su familia en el paisaje arquitectónico -filmando techos y suelos en un gesto muy “kubrickiano”- y costero de Nueva Zelanda.
Si bien por momentos y especialmente en su final debe demasiado a ‘Sacrificio’ de Tarkovsky, este relato anti-colonialista busca una identidad que, a base de sangre, venganza y redención de una Ariana Osborne histórica, encuentra en una fascinante frase que la película acoge como propia en su narrativa, arrebatándole a los colonos británicos: retratados sin miedo alguno como violadores, saqueadores y verdaderos monstruos; el poder de usarla: “Caminar de espaldas al futuro”, en la cinta de Stappard el personaje de Osborne se da la vuelta, le mira a los ojos al imperialista y, cabeza arrancada en mano, recupera su cultura en un poderoso gesto identitario.
Find Your Friends
Isabel Pakzad / Thriller / EEUU / 97’

Unas amigas se van de fiesta al desierto norteamericano pero, en un mundo donde existen los hombres, la noche no va a salir como ellas desearían. La primera escena ya es una declaración de intenciones, una violación a plena luz del día que acaba con un recipiente de cristal estampado en la cabeza del agresor. A partir de este instante, la cinta construye un thriller de corte psicológico donde las drogas afectan la imagen -en un efecto algo cutre- y los hombres atacan a las mujeres como perros rabiosos. La dramática va derivando en problemas dentro del grupo de amigas hasta que, lo que estaba pecando de ser una cinta algo repetitiva, se desmelena en su final para dar una ostia a mano abierta al relato.
Es en esos últimos 30 minutos donde la cinta cobra sentido, abalanzándose sin piedad sobre los agresores a partir de la violencia: cuesta abajo con los frenos quitados y sin cuestionarse absolutamente nada. La tortura, filmada sin piedad por la cámara Pakzad, se queda satisfactoriamente en el centro del plano. Si no puedes contra el patriarcado, mejor cortale la polla.
Viva Sitges.

