La leyenda del cine en mayúsculas, Hayao Miyazaki, ganó su segundo Óscar a película de animación en la última ceremonia. El cine del japonés se caracteriza por muchos elementos: recurrir a la mitología japonesa, su idilio artístico con el músico Joe Hisaichi, sus protagonistas pre-adolescentes, su pasión por las máquinas voladoras… y su desinterés absoluto por el cine en 3D. Pero no sólo él, si miramos el resto de nominadas este año, vemos otra película en 2D (Robotdreams) y otra a ordenador, pero simulando la animación tradicional por medio de texturas planas (Nimona). ¿Nos están diciendo algo?
El cine siempre se ha dividido entre películas filmadas y películas animadas. No sólo era una cuestión técnica, sino también filosófica; eran dos mundos absolutamente separados entre sí. A veces, sólo a veces, colisionaban en películas como Levando anclas (con el celebérrimo baile de Gene Kelly y el ratón Jerry), La bruja novata, ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o Una rubia entre dos mundos (una traducción tan bizarra como maravillosa del original Cool world). En estos casos había una intención muy clara: mostrar la unión de dos universos narrativos diferenciados. Esa era su propuesta.

Sólo había algo a mitad de camino entre los dos conceptos: el stop-motion. En propiedad, es cine filmado pero su percepción depende de si toda la película se realiza así. Cuando no hay actores, se entiende como cine de animación, pero si hay humanos en la cinta, se lee como efectos especiales. Curioso.
Esta barrera entre las dos técnicas se ha ido diluyendo con la irrupción del ordenador y el CGI. Esta revolución tecnológica no sólo ha cambiado la manera de hacer cine, sino nuestra propia percepción de ella. Por ejemplo, Final Fantasy: La fuerza interior es animación, pero Avatar ya no. ¿Por qué? ¿Porque en avatar salen actores un rato? También pasa en La LEGO Película y en Happy Feet y se siguen considerando animación. Además, en las películas de Marvel hay personajes creados por CGI y todo el escenario lo es, pero se considera cine filmado. ¿Por qué uno sí y el otro no? Al final es una cuestión de percepción. Nos hemos acostumbrado ya tanto a la creación por ordenador que lo que antes nos parecía «real» y «virtual» ya son indistinguibles.
Por eso creo que hay una cierta reacción a la confusión que ha generado el CGI, fundiendo los dos universos cinematográficos que siempre habían sido dos. El curioso caso de Benjamin Button ganó el Oscar al maquillaje, siendo la primera vez que una caracterización virtual lo lograba. Años después, aun habiéndose perfeccionado el proceso, el rejuvenecimiento a ordenador de los actores de El irlandés se consideró efectos especiales. De hecho, no se ha vuelto a premiar (ni nominar) un trabajo no artesano.
En diseño de producción, los decorados virtuales de Avatar, Alicia en el país de las maravillas y La invención de Hugo ganaron consecutivamente el Óscar. Daba la impresión de que la pantalla verde había llegado para quedarse, pero… ¿se arrepintió la Academia? Porque desde entonces ha sido raro el caso en el que la industria haya premiado un trabajo a ordenador sobre otro físico. Dune, Black Panther y Mad Max han sido las únicas que lo han logrado en doce años.
Por otra parte, trabajos de animación en 3D están usando texturas planas para dejar bien claro que son dibujos animados. Lo vemos en Wish, Samurai de ojos azules y Arcane, pero no sólo eso, la animación en 2D en una plataforma como Netflix es de una abrumadora mayoría.

Seguramente pensábamos que el 3D era el siguiente paso en la evolución, como en su día lo fue el sonido, el formato panorámico o el color, pero no, el 2D no ha desaparecido para nada. Es cierto que se había relegado a los productos de bajo presupuesto y al arte y ensayo, pero inesperadamente está volviendo a ser el estándar. No sólo por su resurrección numérica, sino porque incluso el propio 3D intenta hacerse pasar por su hermana mayor.
Además, no sólo pasa en la animación, Barbie y Wicked se han promocionado insistiendo en que sus escenarios no están generados a ordenador. ¿Estamos viviendo lo que parecía imposible, que el cine virtual desbancara al fílmico? Porque en un par de años va a llegar el cine hecho con inteligencia artificial y ahí sí que no hay vuelta atrás. Vamos a ver qué pasa.

