Crítica ‘Tratamos demasiado bien a las mujeres’ (2024): Tratamos regular a los géneros

Tratamos demasiado bien a las mujeres es el debut en el largometraje de la reputada figurinista Clara Bilbao, tras varios cortometrajes como directora. Desde luego que no ha ido a lo fácil: una comedia dramática en la guerra civil, con protagonistas del bando sublevado y tintes sobrenaturales. Ahí es nada.

No debe ser muchas las diseñadoras de vestuario que hayan dado el salto a la dirección (desde luego, yo no caigo en ninguna). Con una carrera tan fructífera en este campo (actualmente podemos ver su trabajo en la serie El Zorro y el largometraje Que nadie duerma, ambas en Prime Video), lo esperable es que en esta película todos los detalles de ambientación estén mimados. Desde luego que lo están, la reconstrucción de la época es absolutamente impecable. El problema de Tratamos demasiado bien a las mujeres es que ha querido morder más de lo que le cabía en la boca. Por hacer un símil que ella iba a entender perfectamente, esto es como ir a hacer tu primer vestido y querer que sea el «infanta» de Balenciaga (en efecto, vengo de ver la serie Balenciaga en Disney Plus). Genial la ambición, pero el mismísimo Cristóbal Balenciaga se metió en esos jardines cuando ya dominaba la técnica.

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¿Por qué digo esto? Porque Tratamos demasiado bien a las mujeres es una mezcla de géneros dramáticos, cómicos y fantásticos que quizá le habría venido bien para su tercera o cuarta película, pero para la primera era too much. No por nada, sino porque es muy difícil orquestar algo así, encontrar el tono adecuado y valorar la dosis suficiente de cada género para que la mezcla case bien. Seguro que si sigue por esta senda, cuando lleve un par de películas más ya le habrá pillado el truco, pero esto es como un «vestido infanta» si Balenciaga lo hubiera hecho con 20 años: guay, pero no era el momento para meterse con algo tan complejo de realizar.

Por otra parte, es curioso que haya pocas comedias dramáticas en España. Es de las pocas tendencias norteamericanas que aquí no han terminado de asentarse. Desde la década de 2000, la comedia pura empezó a perder terreno frente a la bautizada como «dramedia». Sin embargo, aquí nunca se abandonó la comedia pura, sin complejos (lo mismo por la empuje de la potente industria televisiva nacional). Siempre he pensado que películas consideradas comedias en Estados Unidos, como The artist, La la land, Todo a la vez en todas partes y la reciente Pobres criaturas, aquí estarían catalogadas como dramas.

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Tratamos demasiado bien a las mujeres es un drama con ciertos toques cómicos que no me terminaron de funcionar. Buscar la sonrisa en el espectador en determinados para aligerar la carga dramática a la que lo estás sometiendo corre el peligro de que o bien no haga gracia o que banalice la trama. Billy Wilder fue el mayor maestro introduciendo perlas cómicas en dramones como El apartamento, El crepúsculo de los dioses y Perversidad, funcionándole como un mecanismo de relojería. Roberto Beningi consiguió el más difícil todavía con La vida es bella, pero aquí no funciona.

Me parece que es más un fallo de guion que de dirección (los chistes, simplemente, no son graciosos) pero, sea como sea, no va. Sin embargo, todo el elemento sobrenatural está bastante bien combinado, así que lo único que le falla es la parte cómica.

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Pasando al tema argumental, me da la sensación de que la guerra civil comienza ya a verse como algo muy lejano. Las últimas películas que tratan el tema. Esto empezó a fraguarse con El laberinto del fauno y las recientes Mientras dure la guerra La trinchera infinita ya toman ese suceso como un contexto para contar otra historia más que centrarse en el conflicto en sí. Así que tampoco tenemos aquí la sensación de estar viendo el tópico de ser «otra película española más la guerra civil». Minipunto para el cine español.

De hecho, la película no es que esté contada exactamente desde el lado del bando sublevado, pero la protagonista lo es. No diría que la historia la cuenta el personaje de Carmen Machi como tal, pero sí que es ella la que hace avanzar la historia. Vuelvo a repetir, que sea un personaje simpatizante con los golpistas sería algo absolutamente impensable hace dos telediarios. Que sí, que también lo eran los protagonistas de La niña de tus ojos y esa película es de los 90. Ya lo sé, pero la película de Trueba está inspirada en un hecho real y se pasa de puntillas (o invisibiliza) la afiliación política de todos los personajes. Clara Bilbao no lo maquilla en ningún momento y esto me parece que dice mucho de lo lejano que vemos ya el derrocamiento de la república.

Acabo de caer en la cuenta de que El laberinto del fauno tiene ya dos décadas. Qué vértigo. Bueno, prosigamos.

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El elenco está como esperamos de ellos: impecable. Especialmente Carmen Machi, y no porque el resto esté peor, ni muchísimo menos, sino porque sobre el guion, no parecería la elección de casting indicada. Su personaje es una especie de femme fatal para el que, así a priori y con todos los prejuicios hetero patriarcales de rigor, uno imaginaría a una actriz más joven y agraciada. Aquí seguramente tenga mucho que ver que tras Tratamos demasiado bien a las mujeres esté la batuta de una mujer. Probablemente un director masculino habría elegido a una Blanca Suarez o perfil similar como protagonista. Es más, es que hasta estoy convencido de que la elección de una actriz de una edad y físico poco sexualizable es toda una declaración de intenciones por parte de Clara Bilbao.

El de Machi también es un personaje dramático, con lo cual es llamativo que la directora haya confiado en la reina de la comedia española. Eso sí, la intérprete madrileña ya ha demostrado con creces que se maneja en el drama como una auténtica jabata. De hecho, en ̶a̶u̶t̶é̶n̶t̶i̶c̶o̶s̶ ̶t̶r̶u̶ñ̶o̶s̶ películas fallidas como Una mujer sin paraguas, ella vuela por encima de todo y todos.

Minipunto para Clara Bilbao y minipunto también para Machi.

Resumiendo. No es una mala película, ni mucho menos. A nivel técnico nada que objetar, la trama está bien contada, los actores genial, el ritmo funciona… pero la mezcla de géneros a lo mejor es una batalla de cinturón negro para alguien que acaba de empezar a pelear.

Ficha Técnica ‘Tratamos demasiado bien a las mujeres’

Título original: Tratamos demasiado bien a las mujeres
Año: 2024
Duración: 93 min.
País: España
Dirección: Clara Bilbao
Guion: Miguel Barros – Novela: Raymond Queneau
Reparto: Carmen Machi, Antonio de la Torre, Luis Tosar, Gonzalo de Castro, Óscar Ladoire
Música: Nacho Masttreta, Marina Sorín
Fotografía: Imanol Nabea
Productora: Ficción Producciones, Noodles Production, RTVE, Televisión de Galicia (TVG)
Género: Comedia dramática

Sinopsis

En Tratamos demasiado bien a las mujeres, Remedios Buendía es una simpatizante franquista que se topa con un grupo de maquis a la fuga.
Eitán
Eitán
En verdad soy de Santander, pero tengo esta gracia hablando

1 COMENTARIO

  1. POLÍTICAMENTE INCORRECTOS
    Sabe el lector que me sigue que si en el cine de Sundance me cansa la preparación densa exigida para acercarse a sus obras, en el cine español – y mucho más pronunciado desde la inflación de subvenciones y de asistencia de filmes españoles a festivales cinematográficos que proliferan como hongos – me resulta agobiante contemplar siempre las mismas caras y temas que acompañan al espectador en las cadenas de televisión nacionales en sus ratos domésticos de televisión.
    Sabe el lector también que el sistema político español tiene, pese a quien pese, un andamiaje muy poco sólido, y que más de media población vive del esfuerzo del resto. Siempre se dijo; se vive ahora. Sátiras y caricaturas posibles, con las generaciones actuales, siempre van a recordar el cine español de las últimas décadas del siglo pasado. Los retratos costumbristas, el esperpento , ´la escopeta nacional´… Ahora lo políticamente incorrecto enmascara el hartazgo cívico a la vez que disimula la distancia entre las instituciones y las personas.
    En ´Políticamente incorrectos´ ni la trama, ni el guion, ni el sentido de la diversión, ni el humor tal como se venía entendiendo son tales. Aunque después de vivir cómo nos sodomiza la televisión doméstica con su concepto de diversión y el paradigmático humor de los monólogos con que nos satura con los sedicentes personajes humoristas, monologuistas o grupos culturales o musicales del centrismo capitalino o de las capitales que no quieren perder el compás, a cualquier cosa –que se les permita- llamaremos humor.
    En esta película, ni un ápice de reflexión social sobre la política actual, que ya da por sí sola para grandes risas, pero sí que no falten escenas de pajar. Laura y Pablo no están, se dejan ver. En total, una nueva astracanada fruto del periodo que atraviesa parte de nuestra cultura. La película pierde interés desde el inicio, semejándose a un capítulo de los seriales televisivos que inundan la programación nacional.

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