El pasado 13 de Septiembre llegaba a Apple TV+ la nueva temporada de su serie estrella, The Morning Show; la tercera, por ser más específicos. Ya renovada por una 4ª, en Cinéfilos hemos tenido la oportunidad de ver los 10 episodios y te contamos, sin spoilers, qué puedes esperar.
The Morning Show se estrenaba el 1 de Noviembre de 2019; el día que Apple lanzaba su servicio de streaming a nivel mundial. Señal inequívoca del lugar que ocupa la serie en la estrategia de la empresa de la manzana. Actores icónicos, desde Jennifer Aniston, pasando por Reese Witherspoon -lo he escrito sin consultar Google-, Steve Carell, Juliana Margulies o Jon Hamm. Realeza televisiva; premiados y protagonistas de sus propias series. También nombres detrás de las cámaras y un presupuesto ilimitado. Arrancamos.
Juzgar algo que llega con un nivel de expectación tal es, como mínimo, injusto en cualquier caso y, probablemente, nada ventajoso para la propia serie. Pues entonces no se miraba únicamente la misma. De algún modo se emitía un valor de la propia plataforma a través de ella. Amén de las ideas de cada uno sobre lo que iba a ser la serie, y a partir de ahí la opinión. Generalmente se ha de opinar sobre un producto comparándolo siempre con la potencial mejor versión de sí mismo y nunca, bajo ningún concepto, con lo que uno querría que fuese.

Una vez dicho esto y teniendo en cuento el temporal que The Morning Show ha tenido que capear, no ya lo expuesto en el párrafo anterior, sino también los cambios de showrunner; tengo la sensación de que por fin ha abrazado su verdadera vocación y se ha quitado los prejuicios sobre sí misma que arrastraba desde el inicio, convirtiéndose en lo que siempre ha querido, un culebrón. Esto le ha terminado dando un valor, curiosamente; y a medida que se ha vuelto más abiertamente telenovelesca, más circunspecta se ha vuelto.
En las dos primeras temporadas convenía una suerte de artificio constante que bailaba entre Succession y Las Chicas de Oro. Aquí, la serie propone conflictos más transversales e interesantes y lo hace de un modo más ligero. Donde antes había solemnidad ahora hay autoconsciencia. Lo serio se ha convertido en lúdico, sin pasar la línea del absurdo o lo risible; pero, de algún modo, esa compostura que destilaba frivolidad inicialmente, se ha tornado en regocijo y espíritu festivo. Y nos encontramos, finalmente, con un producto tremendamente entretenido, bien actuado, consciente de sí mismo y despreocupado en última instancia.
