LA SEGUNDA TEMPORADA DE SLASHER AUMENTA EN PERSONAJES, REVOLUCIONES Y LOS LITROS DE SANGRE.

Slasher, serie de terror creada por Aaron Martin en forma de antología, mantiene en esta nueva temporada la referencia -rozando el calco- a clásicos del subgénero. Si en la anterior tomaba prestado algo de Halloween, Scream, Seven y otras, en esta segunda temporada, Slasher: Guilty Party muta hacia una suerte de Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997) en un entorno rural y nevado, con extra de gore y resultados ligeramente más satisfactorios que su predecesora.

Slasher

Si en aquella primera Slasher teníamos un prólogo eficaz e impactante, en esta empezamos con uno confuso (y algo tramposo): un grupo de monitores de un campamento termina asesinando a una de sus compañeras en una mezcla de juicio absurdo, accidente y furia descontrolada. Años más tarde regresan al lugar de los hechos temiendo que unas obras en la zona puedan dar con el cadáver de la víctima. A diferencia de la primera vez ahora es pleno invierno, el campamento está cerrado y habitado por una comunidad formada por individuos que han querido dejar atrás su anterior vida en la ciudad.

Por supuesto un nuevo asesino dará cuenta de todos ellos, uno a uno, en un festín gore en el que los personajes irán sospechando de todos como posible culpable al tiempo que el espectador puede darse cuenta de la identidad del mismo un poco antes, merced a un recurso utilizado en exceso de tiempo y descuido.

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El mayor problema llega cuando tratan de darle importancia a la carga dramática de esos personajes. Bien por la elección de un modelo tipo Lost (Jeffrey Lieber, J.J. Abrams, Damon Lindelof, 2004) mediante flashbacks del pasado de todos ellos, bien por la supuesta intensidad de sus diálogos cuando lo que verdaderamente funciona es la sensación clásica de grupo aislado haciendo frente a una amenaza mortal. Lamentablemente, además, Martin opta de nuevo por una innecesaria seriedad en todos los personajes y situaciones, propuesta que no suele casar bien con el slasher.

Cabe destacar un uso relativamente novedoso de las normas del slasher ya que el asesino (o bien el showrunner y sus guionistas) no parece elegir a sus víctimas según esos parámetros clásicos que incluyen las drogas, el sexo o un exceso de incredulidad ante la amenaza como factores de señalan la elección de las primeras víctimas. De hecho sus primeras elecciones sorprenden y lo que más se aproximaría a la Final Girl es, debo decirlo, una sorpresa.

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Destaca el mencionado gore como recurrente visual en cada asesinato. En algunos casos con un exceso de recreación en la ejecución que roza -posiblemente de forma involuntaria- lo paródico. Unos mínimos que logran maquillar un poco la falta total de carisma de un asesino que ni luce vestimenta, arma o modos que le confieran una presencia o personalidad destacadas.

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Esta secuela de Slasher, pese a todo, termina con un ligero mejor sabor de boca que la anterior debido a la constante tensión como opción narrativa, el acertado formato de 8 episodios por temporada y la -para nuestra suerte- falta de tino en la construcción de personajes, algo que redunda en disfrutar de unos mínimos de acción, gore y adivinanzas sobre la identidad del asesino

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Reseña Panorama
Slasher
6.5